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El único sobreviviente del primer Mundial de Fútbol cumple 100 años

Francisco "Pancho" Varallo, único hombre que aún puede contar la experiencia del primer Mundial de Fútbol en Uruguay, está de festejo. Jugó la Copa con 20 años y hoy cumple sus cien.

El mítico “cañoncito” Varallo vive en La Plata, la ciudad que hace dos años lo declaró “ciudadano ilustre” y que ahora tiene previsto rendirle varios homenajes, entre los que figuran imponer su nombre a una de sus arboladas calles.

Varallo fue el futbolista más joven que jugó la final del Mundial de Fútbol de 1930, disputada entre Uruguay y La Argentina, y que concluyó con el éxito charrúa por 4 a 2, en el estadio Centenario.

“De la final con los uruguayos no me quiero acordar de ninguna manera, porque ellos nos ganaron con prepotencia. Teníamos un gran equipo pero algunos jugadores aflojaron en el segundo tiempo y perdimos un partido increíble”, dijo recientemente “Pancho” Varallo.

Por ser dueño de una notable pegada, los hinchas de Boca lo apodaban “cañoncito”. Sin embargo los rivales le decían “burro” pero él siempre estaba en el área y mandaba la pelota a la red.

Fue “entreala derecho”, como se decía en ésa época, y después centrodelantero. Fue el máximo goleador del campeonato de 1934, cuando formó un ataque notable de Boca Juniors junto con su amigo Roberto “cabecita de oro” Cherro.

“Pancho” Varallo no sólo fue el ícono de Boca Juniors -con la camiseta auriazul conquistó los títulos de 1931, 1934 y 1935- sino que también jugó en Gimnasia y Esgrima La Plata -fue campeón de primera división en 1939- y en el seleccionado nacional -donde logró el campeonato sudamericano de 1937, además de haber sido subcampeón mundial en Uruguay en 1930-.

En 1994 fue galardonado por la FIFA con la “Orden del Mérito”, y el 18 de diciembre de 2008, a los 98 años, fue declarado ciudadano ilustre de La Plata.

Varallo era el mayor goleador de Boca Juniors en la era del profesionalismo, con 193 goles -Roberto Cherro es el máximo anotador de todos los tiempos con 222-, pero apareció otro platense, Martín Palermo, para destituirlo al marcar 214 tantos.

El 5 de febrero de 1920, en un humilde hogar de Los Hornos, donde vivían Pedro Varallo y Teresa Yatorno nació Francisco Antonio, el tercer hijo de la pareja.

La pelota iba a ser la compañera de “Panchito” en esas tardes de pibe y pese a la resistencia paterna y desoyendo los consejos maternos, se inscribió en el club Ferro Carril Sud, ubicado en las calles 64 y 27, de La Plata para “jugar al fóbal”, como se decía en esos tiempos.

Sus padres no estaban de acuerdo que practicara “un juego tan brusco” pero él no dio el brazo a torcer y luego de un fugaz paso por Ferro Carril Sud logró incorporarse a 12 de Octubre, que militaba en la Liga Platense. La decisión la tomó, según contaría después, porque allí jugaban sus tíos.

En su debut en primera, marcó el gol del triunfo -1 a 0- frente al equipo de Muelles y Depósitos, de Ensenada. Fue el comienzo de una brillante carrera futbolística que lo llevó a tener una prueba en Estudiantes de La Plata donde en un partido le marcó 3 goles a Estudiantil Porteño (4-0), pero cuando lo dirigentes “pinchas” pidieron cotización, se encontraron con la negativa de 12 de Octubre.

Como la mayoría de los directivos de este club eran hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata, sí aceptaron que “Panchito” se probara en el Lobo donde en el primer partido, jugando para la tercera, le marcó 8 goles a Rioplatense en la goleada de Gimnasia por 9 a 0.

No hubo nada más que hablar. El pase de “Panchito” a Gimnasia costó 500 pesos y la construcción de una tribuna para 12 de Octubre.

Varallo fue jugador de Gimnasia y Esgrima merced a este acuerdo y percibía un sueldo de 10 pesos y 5 de viáticos. Allí logró el título el 9 de febrero de 1930 cuando Gimnasia le ganó a Boca Juniors, 2 a 1, la final que se jugó en la cancha de River Plate, ubicada en Alvear y Tagle.

En el conjunto “mens sana” tenía como compañeros a jugadores de la tallas de Felipe Scarpone, Julio Di Giano, Eduardo Delovo, José María Minilla, Miguel Curell y Juan Santillán, entre otros, y el día que Gimnasia logró el título, “Panchito” recibió 100 pesos de premio.

Su debut en el seleccionado nacional se produjo el 15 de mayo de 1930, cuando convirtió el gol del empate ante Uruguay (1 a 1), en un partido que se jugó en la cancha de San Lorenzo por la Copa Newton.

Las buenas actuaciones le valieron la convocatoria para el Mundial que se jugó en Montevideo y allí además de jugar al fútbol tuvo vida social porque conoció a Carlos Gardel, con quien compartiría en Buenos Aires noches de canto en los principales clubes nocturnos de la época.

Después del Mundial de Uruguay, Varallo fue adquirido por Boca Juniors, que aceptó pagarle 10.000 pesos de prima y 800 pesos por mes -en Gimnasia cobraba 10 pesos por mes y 5 de viáticos- pero él no quería aceptar la transferencia porque decía que la gente del Lobo se iba a enojar con él.

Los argumentos de Boca y su padre -que actuó de representante- fueron contundentes y con ese dinero se compró una casa en La Plata, ubicada en 60 y 25, donde vivió casi toda su vida y donde tenía una agencia de quiniela y lotería.

Sin embargo, “Panchito” Varallo la pasó mal porque los hinchas de Gimnasia lo insultaron y hasta le apedrearon la casa. Por eso, decidió mudarse a Buenos Aires y se instaló en el hotel América, ubicado en Bernardo de Irigoyen y Brasil, que era el lugar donde se juntaban los jugadores de Boca antes de los partidos.

Pero como “Panchito” venía desde La Plata y en esta zona céntrica había mucho ruido, decidió mudarse a otro hotel ubicado en la Avenida de Mayo, donde en el segundo piso se presentaba todas las noches Azucena Maizani, y él como tenía “alma tanguera” aprovechaba para ir a escucharla cantar.

Varallo debutó en Boca Juniors en un partido frente a Chacarita Juniors (0 a 0), el 31 de mayo de 1931, pero recién pudo convertir su primer gol en la cuarta fecha ante Ferro Carril Oeste (2 a 1), sobre la hora.

Repitió al domingo siguiente ante Independiente (3 a 2) y debido a que sus goles eran en el último instante los periodistas de la época lo apodaron “gol de la agonía”.
Junto con Roberto Cherro compuso una dupla de ataque excepcional, y ambos se cansaron de hacer goles en Boca.ç

Lamentablemente, jugando para el seleccionado nacional, se lesionó en un partido contra Chile, en Montevideo.

Un defensor trasandino le dio una patada en la rodilla izquierda, se le inflamó, siguió jugando pero ya en el campeonato local, cuando enfrentó a San Lorenzo otra vez llegó la lesión que lo marginó de las canchas.

En 1937, “Pancho” Varallo estaba en cama durante la semana, y se levantaba el sábado para jugar el domingo, pero así no podía seguir por lo que decidió operarse.

Pasó el tiempo y no pudo volver a las canchas, hasta que en el verano de 1940 anunció su retiro definitivo del fútbol.

Le quedó el recuerdo de que en su último partido, el 8 de diciembre de 1939, en la cancha de River Plate, por la Copa Adrián Escobar, Boca le ganó a Huracán, 2 a 0 y él convirtió un gol.

En 1996, en un reportaje que concedió a la revista El Gráfíco, Francisco “Pancho” Varallo, dijo: “El placer más grande que tuve en mi vida, fue jugar en Boca Juniors”.

En los últimos tiempos, recibió innumerables homenajes de Boca, de Gimnasia, y de todo el mundo del fútbol; la FIFA lo distinguió, conoció a Platini, Puskas, Pelé, se abrazó con Di Stéfano y fue nombrado además Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, pero después de cada ceremonia, siempre volvía a su casa de 60 y 25, la misma que había comprado cuando se produjo su pase a Boca.
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