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El "dependiente" Independiente Rivadavia de Arnaldo Sialle

La Lepra de Sialle no logra encontrar un patrón de juego definido en el presente certamen. El Azul es esclavo de un día "iluminado" de sus individualidades y cuando ellas no brillan, está lejos del nivel deseado.

La fórmula Sialle – Independiente tiene una cuota pendiente. ¿Cómo ser independiente sin ser tan dependiente?
Juego de palabras mediante y apartando la sintaxis, intentamos en grandes rasgos desmenuzar el rendimiento colectivo del Azul del Parque en esta presente temporada de la B Nacional.

La consigna del entrenador en las postrimerías del arranque del certamen era bien clara. Amalgamar cada una de las piezas contratadas para la ocasión y permitirse en poco tiempo un funcionamiento acorde a las pretensiones expuestas de antemano por la comisión y compañía.

No fue sencilla la tarea, acoplar jugadores de pasado venturoso que comenzarían a integrar en poco tiempo la lista interminables de los “ex”; Germán Real, Sebastián Ferrero, Jorge Priotti, Jorge Vivaldo, entre otros; aunque con tela por cortar todavía, con aquellos que ya formaban parte de un proceso que derivo en un cuestionado ascenso; como Leopoldo de La Vega, Federico Pomba, Oscar Negri; más algunos pibes de la casa o cerca (los menos) que solicitaban terreno; Martín Gómez, Juan Pablo Fernández, Jonathan Jones, significaba todo un desafió para el adiestrador, que en sólo 90 minutos ya tenía un título en la carpeta de antecedentes.

De San Martín la hoja de ruta de Sialle indicaba, que había tenido buenos partidos aquel equipo, pero que le deuda indicativa pro excelencia era no ser un tanto mas arriesgado en los momentos que se requiere serlo.
Un estigma quizás que el “gigante santafecino” cargaba sobre sus espaldas e intentaría modificar si el crecimiento sostenido que buscaba, se plasmaba a la perfección en el campo de juego.

Para ello, utilizó una estrategia sin misterios ni grandes revelaciones, dos marcadores centrales espigados y con juego aéreo correcto. Los nombres variaron con el paso del tiempo, marcadores de punta rápidos y despiertos, que supieran cerrar a las espaldas y supieran subir por las líneas enemigas. De La Vega y Palacio el tándem ideal para Arnaldo.

En el medio dos volantes de contención, si es posible con buen manejo y uno suelto pero no tanto, haciendo las veces de rueda de auxilio. Con enganche, como parte de la religión, para enlazarse con dos puntas bien potentes, uno por afuera y otro por adentro. Así de simple, el ABC del fútbol actual.

Cantidad de nombres para llenar esos puestos había, la pregunta era si la calidad requerida estaba al alcance de esas pretensiones. Los partidos fueron llegando y las formas del entrenador se fueron adaptando a las situaciones que el día a día le requerían.

No jugaba bien, tenía falencias defensivas y grietas extremas a la hora de generar juego. Ganaba y perdía por igual, dando muestras de una irregularidad incontrolable. Para colmo desde la prensa llovían críticas por cerrar en cuatro paredes los pormenores en la previa de los partidos.

Demasiadas incógnitas para tan escaso muestreo en cancha. Sólo los arrestos individuales salvaron en casos puntuales la identidad nunca encontrada. Apariciones formidables de Vivaldo en varios pasajes de varios partidos, aceleraciones e intervenciones de fantasía de Martín Gómez o momentos fulminantes por reacción espontánea de Landa Garza en algún caso o de Ledesma en algún otro. Pero nada suficiente para certificar que lo que se veía era parte de un plan establecido de juego colectivo y asociado.

En el comienzo de esta especie de radiografía, marcábamos lo de una cuota penderte de este Independiente que es tan dependiente.

Y la resolución de este laberinto de terminologías abstractas, es sencillo. Siempre alguien lo salvó, cuando pudo, de que todo no fuera aún mas caótico y ensombrecido.

 

Cacheteó a Belgrano y lo gozó Godoy Cruz, así de simple se puede sintetizar, lo que hace y como lo hace el once de Sialle, quien todavía tiene en su mochila ese bendito dicho de ser “mas papista que el papa”.

Su equipo juega a lo que el quiere y eso en la tribuna azulada puede ser un pecado mortal.    

 

(Producción: Pablo Marcelo Pérez)

 

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