Los terremotos de Mendoza
En nuestra provincia hemos padecido hasta hoy doce terremotos desde 1782, es decir, desde que se tiene registro. La experta en historia ambiental Margarita Gascón explica cómo es la percepción del riesgo que tenemos los mendocinos y por qué la prevención de Defensa Civil es incorrecta.

Nuestro planeta es un enorme laboratorio donde la química, la física, la geología y la biología producen constantemente todo tipo de acciones y reacciones en una palestra a la que llamamos naturaleza.

En ella se enseñorea como uno de los fenómenos más imprevistos y devastadores el temido terremoto. Bien conocido por los mendocinos, un terremoto es, básicamente, un brusco movimiento de la Tierra provocado por la repentina liberación de energía acumulada durante largo tiempo por las placas tectónicas.

En Mendoza hemos padecido hasta hoy doce terremotos desde 1782, es decir, desde que se tiene registro. El de 1861 fue uno de los más desastrosos del Siglo XIX en el mundo, ya que destruyó la ciudad y dejó como saldo la muerte de 10.000 personas, la mitad de la población en ese momento.

Mendoza está entre dos placas tectónicas, la de Nazca y de la Sudamericana. Chile se hunde por debajo de la Cordillera de Los Andes y hace presión sobre la otra placa; esto provoca que la cordillera se eleve un promedio de tres centímetros por año. Esta actividad de las placas con sus fuerzas acumulan energía y esta energía se libera a través de los sismos. Esta teoría de las placas que es aceptada de manera unánime por los científicos.

El terremoto de San Juan, el 15 de enero de 1944, destruyó la ciudad.

Historia ambiental

Los especialistas en historia ambiental observan la influencia de los recursos naturales disponibles en un lugar y las formas de distribución, de apropiación y de circulación de estos recursos. Estos científicos, al hacer historia ambiental pueden seguir distintas líneas de investigación.

La mendocina Margarita Gascón, doctora en Historia por la Universidad de Ottawa, Canadá, explica que “una de estas líneas de trabajo se concentra en cómo una sociedad está relacionada con su entorno en forma a veces destructiva. Por ejemplo, cuando se estudia el impacto que produjo la presencia de los españoles en el ambiente indígena, qué se incorporó, qué se destruyó, cuáles fueron las pestes y los patógenos que trajeron los europeos y a los cuales los indígenas no tenían resistencia”.

“Otra vertiente de la historia ambiental aborda aspectos más contemporáneos, por ejemplo, cuáles fueron las leyes que permitieron la protección del agua, de los bosques, el uso de suelo, etcétera”, describe la investigadora del CONICET.

“La tercera que es la que yo estudio y se detiene en analizar cómo el acceso a los recursos naturales, la forma en que se percibe la naturaleza y cómo se la interpreta determina los comportamientos”, puntualiza Gascón, autora del libro Percepción del desastre natural.

Catástrofes naturales

La naturaleza origina eventos potencialmente destructivos, a los que se llama desastres naturales o catástrofes y pueden ser clasificados en ciclones, tormentas de rayos y truenos, de viento, de granizo o de nieve, tornados, avalanchas de nieve y olas de calor si son de origen atmosférico; deslizamiento o hundimiento de tierra y expansión del suelo si su procedencia es un fenómeno geológico; inundaciones, erosión costera y sequías si son hidrológicos; terremotos y maremotos si son sísmicos y erupción volcánica, entre otros.

“Lo que llamamos catástrofe natural es un flujo de energía dentro del sistema natural. Esta es la definición de lo que nosotros en forma muy dramática llamamos catástrofe porque causa enormes daños a las personas, los bienes y las estructuras. Pero en términos de cómo funciona nuestro planeta son fluctuaciones y procesos normales en el mundo geológico, meteorológico, hidrológico, etcétera. Si estos procesos no hubieran ocurrido en el pasado no hubiera habido vida. Lo que llamamos vida, la evolución de organismos, ha surgido precisamente porque estamos en un planeta muy activo que genera estos flujos de energía”, argumenta la especialista del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) del CRICYT.

La forma en la que actuamos frente a la naturaleza y frente a catástrofes naturales está arraigada en la percepción que tenemos del mundo natural.

Gascón señala que “en este sentido hay dos marcos de interpretación en todas las sociedades. Uno es el pensamiento mítico y el pensamiento religioso que ven a la naturaleza como la forma humanizada de algún dios o como un texto en el que la divinidad escribe sus deseos; por ello, hay que realizar ritos, ofrendas o procesiones. Se interpreta que si se produce un terremoto o una sequía se trata de un castigo divino”.

“Lo bueno que tienen el pensamiento mítico y el pensamiento religioso es que nos ponen en perspectiva frente a las fuerzas naturales que están más allá de nuestra comprensión. ¿Por qué se hace una procesión o se oficia un rito para pedir que llueva? Porque el hombre se da cuenta de que la escala natural lo desborda, de que no la puede controlar”, apunta la también autora de Vientos, terremotos, tsunamis y otras catástrofes naturales.

Gascón explica que el otro gran marco de interpretación de los fenómenos de la naturaleza es el pensamiento científico. “Éste busca entender el desenvolvimiento y las causas del fenómeno y se sirve de la tecnología, “la hija más sexy de la ciencia”, como yo la llamo. Nos atrae la idea de que con suficiente tecnología le vamos a poner un arnés a la naturaleza, vamos a poder controlarla e inclusive dominarla”, subraya.

“Ambos pensamientos, el religioso y el científico tienen en común la idea de que de alguna forma se puede controlar la naturaleza, ya sea pidiéndole a una divinidad o aplicando la tecnología. No nos resignamos a que la naturaleza se comporte como lo hace. En ambos hay cierta cuota de arrogancia, sobre todo en el pensamiento científico que se pone afuera de la naturaleza cuando nosotros mismos somos naturaleza y por lo tanto podemos acompañar sus fluctuaciones o tratar locamente de controlarla”, señala Gascón.

La historiadora explica que muchas sociedades acompañaron los flujos de la naturaleza y entendieron sus ritmos aparecen más sanas en el sentido de que respetaron a la naturaleza dejándola ser lo que es y producir lo que produce. Aceptaron que se vive en una situación de riesgo.

 “Por ejemplo, el río Nilo en Egipto, creció durante 5.000 años y la cultura egipcia prosperó respetando los ritmos del río. La inundación era venerada. La represa de Asuán ha producido empobrecimiento de los campesinos, aumento en la salinidad del agua, empobrecimiento de la calidad del agua, entre otras consecuencias. Otro ejemplo, realmente de locos, es que hoy aparezca en la prensa como una tragedia que en la cordillera nieve en invierno porque hay camiones varados. En invierno tiene que nevar en la cordillera”, ironiza la autora de Naturaleza e imperio. Araucanía, Patagonia, Pampas (1598-1740.

San Juan, 1944.

Catástrofe, percepción y riesgo

Para la especialista lo interesante es observar más que la percepción de la catástrofe, la percepción del riesgo de la catástrofe.

“Riesgo es una palabra deriva del árabe que significa lo que depara la providencia. Cuando se da una información de riesgo siempre se trata de información probabilística. Y nosotros tenemos muchos problemas para entender qué significa esto y actuar en consecuencia. Es lo mismo que pasa con los pronósticos del tiempo; son cálculos de probabilidades, de sistemas complejos, multivariables o caóticos”, desarrolla Gascón.

La probabilidad en cuanto a padecer una catástrofe es cierta en lo colectivo pero no en lo individual. “La gente necesita que le digan si individualmente tiene riesgo para tomar acciones. Si decimos que hay un 80% de riesgo de que si se asienta en esa zona sufra una catástrofe en los próximos 50 años, esa persona se va a asentar igual. Eso pasa en todas las ciudades donde la prioridad es la variable estética, frente a una playa, a un lago, etcétera y se desprecia el riesgo”, arguye la investigadora.

Para Gascón la forma de percibir el riesgo determina los comportamientos. “Si no percibo el riesgo en Mendoza, riesgos volcánicos con erupciones, riesgos hidrológicos con aluviones e inundaciones, de peligros meteorológicos con el Zonda y las sequías, geológicos con los sismos y terremotos, entre otros, no se comprende y no se puede tomar acciones concretas”, apunta.

Terremotos, cada cien años

Los riesgos más terribles son de origen geológico, mientras que los hidrológicos suelen ser menos severos. “Un terremoto, una erupción volcánica son devastadores porque tienen una potencia terrible. En la escala geológica se espera un terremoto o erupciones volcánicas cada 80 y 100 años de probabilidad; no se puede estar completamente seguros, pero se puede proyectar cierta probabilidad. Mientras que los riesgos de origen hidrológico y meteorológico, la tormentas graniceras, las tormentas de rayos, los tornados o los aluviones tienen una frecuencia anual, e incluso de dos o tres veces por año. Y con el cambio climático, tenemos que esperar que estos fenómenos sean más frecuentes y más severos”, aduce la historiadora.

Gascón admite que “esto no significa que en el camino se pueda producir una erupción volcánica o un terremoto severo, destructivo, de los que hace tiempo estamos esperando como el de 1861 que es lo que más nos afectaría”.

Los terremotos en Mendoza

Algunas de las más antiguas y profundas manifestaciones religiosas de América Latina surgieron de los terremotos catastróficos, algunas ya en el Siglo XVII, como la del Señor de los Milagros en Salta, que lleva más de trescientos años rememorando un sismo que ocurrió en nuestro territorio.

En Mendoza, el Patrón Santiago está directamente relacionado con los terremotos que dejan profundas huellas en el imaginario simbólico.

“Los terremotos dejan como huella en la religiosidad las expresiones más profundas: el Cristo de los Temblores en el Cusco, el Señor de Octubre en Lima, por ejemplo. En Europa los terremotos dejaron marcas muy profundas no solamente en la cultura material, como nos ha pasado a nosotros en Mendoza, sino también las celebraciones religiosas. La asociación de Santiago Apóstol como patrono relacionado con los sismos no es directa; el patrono para los terremotos es San Saturnino, que es el que tenían los chilenos. En Mendoza la advocación a Santiago se relaciona con la protección ante las catástrofes porque Santiago es en realidad el protector de los ejércitos”, desarrolla Gascón.
 
Mendoza fue reubicada a causa del terremoto de 1861, por lo que el registro histórico es permanente en lo material a partir de la creación de la ciudad nueva.

La investigadora explica que “la gente cree que todos los habitantes se mudaron rápidamente a la nueva ciudad y eso es una fantasía. Diez años después de haberse dado la orden de reubicación de la nueva ciudad, la Plaza Independencia era un potrero y los pocos vecinos que había alrededor hacían colectas para ver si lo podían limpiar y se quejaban por los excrementos de los caballos les hacía la vida miserable”

 “Mientras tanto en la zona vieja de la ciudad, la gente sacaba barro de las calles para reconstruir sus casas de adobe. Por eso comenzaron a darse con tanta fuerza las inundaciones, porque la ciudad fue bajando de nivel y las aguas ya no podían llegar y desaguar como siempre en el canal Cacique Guaymallén que era el drenaje natural de la ciudad”, señala Gascón.

Y agrega que “a la zona de la ciudad vieja dejó de prestársele atención, por lo tanto comenzó a quedar depreciada. Esto tiene que ver con la percepción que se ha tenido, de que la cuarta Sección es una zona donde no había que invertir porque comenzó a inundarse. Pero esto sucedió porque la misma gente tomó los adobes de las calles e hizo que descendieran de nivel sobre todo en relación al nivel del Cacique Guaymallén”.

Imágenes del terremoto en Mendoza de 1903, aparecidas en la revista Caras y Caretas.

Sismos y negocios a la mendocina

Después del terremoto de 1861 creció el valor inmobiliario en torno de la Plaza Independencia por pura especulación. “El Gobierno puso en venta los lotes a su alrededor a un precio bajísimo para que los vecinos afectado se mudaran. Mucha gente los compró y los vendió 20 ó 25 años después por precios cien veces más altos cuando la ciudad nueva empezaba a crecer en virtud de los nuevos recorridos del ferrocarril”, declara la experta.

“El ferrocarril traslada el centro de atención de la ciudad hacia el Oeste. Inclusive con la creación del Parque del Oeste, hoy el Parque General San Martín, se corre la atención de la ciudad hacia el Oeste y el Este se abandona. Esto provocó que los lotes en aquella zona incrementaran su valor hasta el punto de que se denunció que los costos de las propiedades se habían triplicado y cuadriplicado”, apunta Gascón.

Después del terremoto de 1861 se comienza con la ingeniería sismorresistente. “Cuando se leen los avisos clasificados de la época se hallan ofertas de los dispositivos supuestamente antisísmicos más disparatados. Por ejemplo, soluciones ortopédicas, hierros como los de las ruinas de San Francisco, para poner adentro de las habitaciones”, puntualiza.

Sismorresistente no es sinónimo de antisísmico

Después de cada sismo hay una transformación en la legislación y en la tecnología, explica la investigadora. “Con los sismos posteriores al de 1861 se fueron produciendo modificaciones en la legislación, por ejemplo, la limitación del uso del adobe, la exigencia del cálculo para estructuras sismorresistentes, el rol del comisario en las municipalidades para supervisar las técnicas de construcción, el entrenamiento de los construcciones, la incorporación de nuevos materiales. Lo que no cambia es que cuando hay una catástrofe se depositan todas las expectativas en la ciencia y en la tecnología”, explica.

Desde el siglo XIX y principalmente desde el siglo XX, en Mendoza se han dado respuestas tecnológicas y se ha descargado casi toda la responsabilidad en la ingeniería sismorresistente.

“Lo que se percibe es que si se tiene una casa o se vive en un edificio sismorresistente, no pasa nada. Acá hay que hacer la salvedad de que el concepto de sismorresistente no es sinónimo de antisísmico. Lo que significa es que una construcción sismorresistente va a resistir una cierta intensidad de fuerza sísmica que dure una determinada cantidad de tiempo, pero si es mayor y prolongado, no lo va a resistir. No hay nada antisísmico en sí, porque a un sismo devastador no lo detiene nada. Pero es real que necesitamos tener construcciones sismorresistentes”, manifiesta la experta.

Prevención: el triángulo de la vida

Para la investigadora “se habla de estos temas con una seguridad que en la realidad después no se verifican. Porque en la realidad hay sistemas con múltiples variables y nosotros sísmicamente funcionamos en una ciudad, no en una escuela donde las prácticas de prevención ante un sismo se realizan en condiciones idealizadas, porque no hay peligro real. Están prácticas se hacen en Mendoza con un nivel de liviandad alarmante”.

“Es importante que se le haga saber a la gente cuáles son los efectos de un sismo y cuáles son los efectos colaterales del sismo, es decir, los problemas con el gas, con los incendios, con la electricidad, con el agua, los problemas sanitarios”, subraya Gascón.

“Siempre que hablo de estos temas hay mucha gente que se enoja conmigo, las prácticas que hacemos, por ejemplo de indicar a los chicos que se pongan debajo de los asientos, de las mesas, de las vigas, etcétera, sean efectivas es muy criticado por los verdaderos expertos. Justamente el ponerse debajo de una mesa es lo que no se debe hacer porque si se cae una pared o una viga la mesa sirve de plancha y de aplasta”, destaca.

Gascón explica que “hay que ponerse en huecos que se llaman triángulo de la vida. Hay mucha información sobre esto en Internet y convendría que la gente procurara informarse mejor y que corrija lo que creía que estaba haciendo bien y en realidad está mal. Hay que colocarse en lugares que tengan ángulos de protección donde se formen triángulos”.

El terremoto de 1985 en Mendoza provocó un nuevo cambio en la legislación.

Modelos del Pentágono y de la Segunda Guerra Mundial

Todo lo que se ha hecho de práctica antisísmica y de entrenamiento para la población en caso de sismo no proviene del estudio de cómo funcionan los sismos, sino que proviene de las perceptivas del Pentágono de Estados Unidos en plena Guerra Fría ante el caso de una explosión nuclear para entrenar a los sobrevivientes.

“La experiencia que había eran las de los ataques aéreos de la Primera y Segunda Guerra Mundial en Europa, no de los terremotos. Cuando se empezaron a estudiar a los terremotos y a desarrollar prácticas antisísmicas lo que se tenía presente era lo que había pasado en los ataques aéreos con bombas. Es cierto que para el caso de una guerra, el entrenamiento es meterse debajo de una mesa, pero esto no es apropiado para un sismo”, asevera la investigadora.

Gascón agrega que a Defensa Civil “se traspasó directamente no sólo la información sino el lenguaje de guerra. Cuando se entra en la página de Defensa Civil en Argentina encontramos que la naturaleza, el terremoto, es algo de lo que hay que “defenderse”, que hay “unidades especialmente entrenadas”, todo es lenguaje de guerra”, destaca sin ocultar cierto estupor.

“A partir de esto, los grupos de Defensa Civil de toda América Latina, que fueron entrenadas para combatir a las guerrillas en los ´60 y ´70 absorbieron directamente los procedimientos, el lenguaje y la percepción de la naturaleza de esta preceptiva del Pentágono. Y nosotros, muy acríticamente, lo tomamos como sociedad sin conocer los orígenes y sin comprender cómo funciona”, argumenta.

¿Los terremotos se pueden predecir?

“Los sismos se podrían predecir pero no en una escala que nos sea útil. Se podrían predecir por los movimientos que detectan los sismógrafos, por el comportamiento que está teniendo una falla, por la energía que ha acumulado, por numerosas pautas de este sistema complejo. Pero como nosotros queremos predicciones con un nivel de exactitud que es imposible. No se puede predecir día, hora y magnitud de un sismo para, por ejemplo, evacuar la ciudad. Eso no a va pasar nunca. Por eso, los científicos son prudentes”, responde Gascón.

La especialista opina que los sismólogos y geólogos se cuidan mucho de lo que dice y no dan pronósticos para no generar una alarma innecesaria.

La historiadora evoca que “durante mucho tiempo el mapa de las fallas sísmicas de Mendoza no estuvo disponible para el público en general, porque se decía que el valor de las propiedades, si estaban encima de estas fallas, iba a colapsar. Y como tampoco se está seguro de que estas fallas se muevan, se tiene mucha precaución”.

“La percepción de la gente es que la ciencia debería dar todas las respuestas; no se puede ser exacto ni con los pronósticos del tiempo que son sólo aproximaciones. Estas ciencias son diferentes. La mayoría de la ciencia trabaja sobre sistemas complejos que no admiten la predicción. Por ejemplo, la astronomía puede determinar con años de anticipación un eclipse con todos los detalles, pero no puede decir si va a estar nublado y se va a poder observar”, reflexiona.

Para la investigadora “todo esto no disminuye la posibilidad de transferencia de la información. Lo importante es que la gente entienda que el riesgo es una probabilidad” y señala que el río Mendoza corre sobre una falla. “Ningún río de la cordillera corre por regiones que no son fallas terrestres. Y sin embargo, hemos hecho un dique sobre una falla, como es el dique Potrerillos. Se puede construir la mejor represa del mundo, el tema es que nosotros ponemos una pared y la naturaleza pone las otras tres paredes. Si algo pasa es que, lo más posible es que gane la naturaleza”, finaliza.

Patricia Rodón

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24 de Noviembre de 2014|22:29
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24 de Noviembre de 2014|22:29
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davidoff2 de Julio de 2013|00:21
Es una lastima que haya una falta de informacion sobre estos temas, cuando mendoza esta en una zona sismica, segun la calificacion del Inpres estamos en zona 4 la calificacion mas alta de riesgo sismico. Son muchas las dudas sobre este tema que persisten, por ejemplo el Triangulo de la Vida, creada por un chanta, alguien sabe que fue montado para un reality, que no se puede saber la direccion de la onda sismica con la finalidad de colocarse a la izquierda o a la derecha de una mesa por ejemplo, que los dichosos triangulos se forman despues de un derrumbe, de donde se predice que los edificios se derrumban inmediatamente. Gente que habla que la Ley de Defensa Civil es para situaciones de origen belico, se toma parte de la ley de Defensa Antiarea, pero esto es una parte, hoy se busca a traves de estos escritos organizar a la poblacion a traves del jefe de manzana por ejemplo, la Ley fue actualizada años despues con la creacion del COEP, por ejemplo, entre otros temas. La falta de informacion es nuy grave la lastima que muchos de los que opinan no se informan y siguen opinando generando una desinformacion peor.
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wünder19 de Enero de 2010|07:21
La Ley de Defensa Civil es para situaciones de origen bélico. Se creó debido al conflicto con Chile por el Beagle. No se ha renovado y no entiendo cómo la Legislatura no toma esta bandera que es en bien de la población.
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pinkerton18 de Enero de 2010|23:34
Como profesional del tema disiento con varios conceptos de esta nota; genericamente por de pronto. ya que en un tema marcadamente tecnico como la sismologia o la ingenieria civil sismoresistente no me parecen muy centrales las opiniones de historiadores. La palabra " antisismica" no tiene ninguna connotacion tecnica, es solamente un concepto popular, la palabra correcta es sismoresistente y debe entenderse literalmente, se trata de una estructura probadamente capaz de resistir eventos sismicos hasta una determinada magnitud que la historiografia y la estadistica le marcan como limite razonable, no de garantizar indestructibilidad ante un sismo de magnitudes astronomicas. Lo del pentagono y los entrenamientos guerrillleros me parece un dislate. El tema de los triangulos de vida es muy cuestionado en esta materia y en cuanto al uso de planos de muebleria como una mesa `por ejemplo. para proteccion en el contexto de un evento tiene como objeto el resguardo frente a la rotura de elementos rigidos pero livianos o fragiles como los vidrios o cristaleria. Algunas otras cosas sobre este tema son simplemente folcloricas como el " ponerse abajo de una viga cuando esta temblando"...tal cosa proviene de la epoca de la construccion de adobes cuando justamente la unica viga era el dintel inevitable para contener los mampuestos arriba de los vanos; actualmente segun cualquier codigo de construccion o sismoresistente todo muro debe estar encadenado en dos direcciones y en cada encuentro de muro debe haber una columna, por tanto, exceptuando aleros y exteriores cualquier lugar donde se ponga unodenro de la estructura es igual.
9
aldaca18 de Enero de 2010|11:25
Con el tema del triangulo de la vida hay que ser muy cauto. No tengo conocimiento sobre la instrucción de la Sra. Rodón o la Dra. Gascón sobre el tema, pero la teoría del triangulo de la vida ha sido muy cuestionada. Al respecto la Asociación de Ingeniería Estructural de California considera que con los tipos de construcciones que tenemos en occidente (Mendoza incluida) adoptar la teoría del triangulo de la vida es un grave error y aconsejan tomar las medidas tradicionales de seguridad tales como la de colocarse bajo las mesas. Igual criterio tiene la Cruz Roja Americana y la Earthquake Country Alliance. En contraposición el creador del triangulo de la vida es un tal Doug Copp, cuya idoneidad sobre el tema no está muy clara. Por eso afirmar tan categóricamente que las técnicas de Defensa Civil son obsoletas me parece aventurado y peligroso, más cuando en juego hay algo tan delicado como la seguridad en una zona sismica.
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gavy18 de Enero de 2010|10:32
exelente la nota y toda la información brindada, solo me quedo la duda de las fechas de los 12 terremotos
7
wünder18 de Enero de 2010|06:51
Felicito a la autora de la nota... He trabajado por años en Defensa Civil y tengo la misma opinión. La prevención que tiene esta entidad estatal está fuera de "onda" y no quiere hacer nada para renovarse...
6
parafernaria18 de Enero de 2010|06:05
excelente la nota es un ejemplo de lo que un diario tiene que tenr como contenido,sigan así y a Patricia Rodón un felicitado por tan buena y seria nota
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sin_nombre18 de Enero de 2010|01:09
Muy buena información, me sirve de mucho y confirma mis sospechas de chico, siempre pensé que ante un terremoto devastador lo primero es salir corriendo hacia un lugar despejado y lejos de cualquier estructura que te pueda caer y no agacharse abajo de una mesa para que te salve. Y si quedas atrapado dentro vivo, pero debajo de un monton de escombros, ¿Como salia yo con 10 años? Excelente Nota
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rafae luis valverde17 de Enero de 2010|17:24
NO HAY INFRAESTRUCTURA, NI PLANES DE CONTINGENCIA PARA UN EVENTO DE CARACTERISTICAS MAYORES. YA EN TIEMPOS NORMALES ESTA COLAPSADO EL SISTEMA DE EMERGENCIAS Y LOS EDIFICIOS NO CUENTAN CON ESCALERAS DE EMERGENCIA.... TODO SE IMPROVISA
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rmg17 de Enero de 2010|12:16
Hace unos 5 años le brindé a una Directora de Escuela la información sobre el "triángulo de vida" (tengo entrenamiento como bombero voluntario) cambiamos las estructuras móviles de la biblioteca y otros detalles. Hoy la biblioteca volvió a su antigua forma y respecto del entrenamiento a los chicos y población cercana acerca del triángulo de la vida se "abortó porque las autoridades de Escuelas no se atrevieron a enfrentar a Defensa Civil, porque "ya estaba establecido el otro procedimiento". Conclusión: la burocracia puede más que la razón.
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