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A 18 años de la muerte del inolvidable Juan Gilberto Funes

El jugador que vistió los colores de Gimnasia y Esgrima de Mendoza y River Plate, entre otros, dejaba de existir un día como hoy, hace 18 años, tras no superar una operación a corazón abierto con 29 años. Rememorá jugadas y goles del recordado "Búfalo".

El parecido con el padre es increíble. Juan Pablo, el hijo del Búfalo Funes, quiere recordar de la mejor manera al viejo. Hoy se cumplen 18 años de la muerte del máximo ídolo del fútbol puntano.

"El 11 de enero no es un día más para San Luis" destaca un informe del Diario La República de aquella provincia.

 Es un día triste. Pero Juampi quiere recordar a su papá con una sonrisa. "Eso es lo que él hubiera deseado", dice emocionado este pibe de 21 años que está a punto de recibirse de abogado.

Juan era un tipo de un corazón enorme. Vaya paradoja, ese corazón tan noble y bondadoso fue el que dijo basta. Son esas cosas que tiene la vida, que a veces no tienen una explicación lógica.

Juampi se acomoda en el sillón para seguir hablando de su viejo. Se le infla el pecho y se le humedecen los ojos cuando recuerda a papá. Hace una pausa. Mira un enorme cuadro en donde está abrazado con el Búfalo. Y sigue con la charla. "Mi viejo tenía un corazón enorme. Lo querían todos. Era un loco lindo. Era de esas personas que vivían a full, que disfrutaban de la vida, como si supiera que la muerte le iba a llegar demasiado pronto", dice Juan Pablo, con una voz firme.

Padre e hijo son dos gotas de agua. El mismo físico. El mismo porte. La misma nariz. Son iguales.

Los dos aman a San Luis. El Búfalo, estando en Grecia con su mujer Ivanna embarazada, hizo que la esposa se volviera a San Luis. Estaba de seis meses. ¿Para qué? Para que Juan Pablo naciera en tierra puntana. Gastó mucha plata en teléfono: primero para hablar con su señora y después para que el médico le relatara el parto, minuto a minuto, como si fuera un partido de fútbol. ¡Un fenómeno!

Juampi es igual. Habla orgulloso de su San Luis. En el teléfono, como fondo de pantalla, tiene el Escudo de la provincia. "Estoy orgulloso de llevar el apellido Funes y de ser puntano", asevera un chico muy maduro para la edad que tiene.



La casa de la calle Soldados Puntanos Desconocido tiene numerosos recuerdos. Fotos. camisetas. Trofeos. En un baúl, Juampi añora todo lo lindo que le dejó su papá.

El Búfalo fue ídolo en todos los lugares en los que jugó. Pero nadie lo idolatra como su hijo, que mira una y otra vez ese cuadro enorme, donde está abrazado con el viejo. Ese cuadro es ciento por ciento amor, por donde se lo mire. Ese amor incondicional de padre a hijo. De hijo a padre.
Juampi repasa una y otra vez las fotos. Las observa orgulloso. Se pasa la mano por la cara. Respira profundo. Hace una pausa. Y arranca de nuevo.

"Todas las personas con las que me encuentro me cuentan anécdotas de mi papá. Una familiar que me llegó muchísimo es todo lo que hizo para que yo naciera en San Luis. Y en lo deportivo, en la hinchada de Millonarios de Colombia hay una barra que lleva el nombre de mi viejo. ¿Es muy loco, no?", para después agregar: "El veía una persona que salía de un negocio cargado de bolsos, frenaba y la llevaba hasta la casa. Era auténtico", dijo.



Juan Pablo quiere recordar al viejo con una sonrisa. La misma sonrisa que el Búfalo le arrancó a los hinchas de River cuando con su potencia y capacidad goleadora le regaló la primera Libertadores y la única Intercontinental.

Era un fenómeno dentro y fuera de la cancha. Vivía la vida. Disfrutaba cada momento. Con su hijo. Su señora. Sus viejos. Sus hermanos. Sus amigos.

La camiseta con la que Juan salió campeón de América la tiene el Turco Asad.
"Soñé que mi viejo me decía que se la regalara a Omar y se la dí", dice Juan Pablo. Y la última casaca que vistió en un amistoso la tiene Diego Maradona.

El Búfalo debe estar haciendo los trámites para que a la Selección le vaya bien. Y sí, en el cielo lo quieren tanto como acá. Como no quererlo a este bonachón que tenía como bandera la bondad. Se lo extraña.

Funes nació un 8 de marzo de 1963 en San Luis, apodado por corpulencia y fuerza física, como el “Búfalo”.

El delantero vistió las camisetas de clubes de San Luis, Mendoza y Sarmiento de Junin, aunque su explosión como futbolista lo encontró en Millonarios de Colombia, durante el año 1984, donde fue subcampeón en el torneo de ese país.

Aunque, tras un torneo apertura malo donde anotó solo tres goles entre campeonato colombiano y copa Libertadores, todo cambió para el puntano.

En el torneo finalización 15 goles y 17 del Octogonal Final (en 14 fechas) y así se convirtió en el máximo goleador en la historia de los torneos de ese país, con 32.

Esto hizo que en el segundo semestre de 1986 River Plate lo contrató para luego conseguir una Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, luego de vencer al Steaua Bucarest de Rumania en Tokio.

Luego pasó por el Olympiacos entre 1987 y 1988, para luego llegar al Niza de Francia, el cual lo iba a contratar pero un soplo cardíaco que se le encontró en la revisación médica, aunque una intervencion quirurgica a corazon abierto la cual no pudo superar hizo que el jugador muriera un 11 de enero de 1992.

Con el seleccionado argentino jugó la Copa América de 1987 y los amistosos previos al mundial de Italia 1990, aunque no fue convocado para el mundial.

 

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