Gatos gordos

El primero de los textos del libro "13 cuentitos profanos", de Gabriel Conte, editado por Qellqasqa en 2000.

Gatos gordos. (Dos). Bien criados. Sobrealimentados. Posados en la tierra húmeda de la tumba de los Allende-Pérez. Bajo una parva de malvones gruesos, enraizados, que aun transpiran la mojadura mañanera. "Ya no quedan ratas en los depósitos", dice Don Prieto, de oficio: enterrador; empleado del cementerio municipal desde hace 23 años. "Me desvivo por atender a los muertos", deja, esperando una sonrisa. Los gatos gordos (los dos), yo, los malvones y todo lo que aquí envilece de vanidad por latir aun, le tiramos los sentidos contra la cara. Se da vuelta y escarba un poco en el piso con la pala. Caliente. Porque su frase preferida, esta vez, no ha surtido efecto. Y tan buena que le parece. Irónica, siniestra. Verídica.

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