Rolando Concatti

"Hubo cristianos entre los torturadores"

Escritor, ensayista, ex sacerdote tercermundista.

Rolando Concatti ha vivido muchas vidas. En el afán de atestiguar sus experiencias, las pone por escrito sirviéndose de la novela y el cuento. Pero el autor de Nos habíamos jugado tanto (1997), Que está de olvido y siempre gris (2000), El tiempo diablo del Santo Guayama (2003) y La historia es puro cuento (2007) también da cuenta del pasado reciente de Mendoza a través del ensayo.

Acaba de presentar Testimonio cristiano y resistencia en las dictaduras argentinas. El Movimiento Ecuménico en Mendoza 1963-1983. En él revisa la historia de nuestro país y de nuestra provincia desde la singular perspectiva que le proporciona su condición de ex sacerdote, miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y integrante del grupo de “los 27”.

Así fueron llamados un grupo de 27 jóvenes sacerdotes inspirados en la propuesta de una Iglesia más abierta, generosa y progresista propiciada por el Concilio Vaticano II.

Pero en diciembre de 1965, ante las conductas reaccionarias de las autoridades eclesiásticas y la llamada “huelga de los curas” fueron obligados a emigrar y dispersarse después del cierre del Seminario de Lunlunta por orden del entonces obispo Alfonso María Buteler.

Fue una Navidad negra para la congregación católica, cambió la vida de muchos mendocinos, anticipó los sucesivos golpes de Estado y la última y letal dictadura militar.

- ¿Cómo surge la necesidad de escribir Testimonio cristiano y resistencia?

- En realidad viene desde hace mucho. Las cosas en tiempos de dictaduras se tenían que ocultar; no se dijeron con claridad entonces, y desde entonces nunca más. El libro nace como un deseo de derrotar ese silencio, de recuperar vidas y testimonios desde el olvido. Cuando uno mira lo poco, lo nada, que hay en los periódicos de la época -que aceptaron con gusto “la ley de la venda y la mordaza”- se da cuenta de la red de complicidades para ocultar y olvidar. Había que reaccionar a eso. Y ese intento es el libro. Es un proyecto no sólo mío, sino de mucha gente, en particular los nucleados en la Fundación Ecuménica. De algún modo el ensayo es una respuesta a la afirmación del general Menéndez de que “este es un país de cagones”, que se ha internalizado en muchos. No, hubo muchas formas de resistencia, cotidianas, multiplicadas. De creyentes y no creyentes; aquí visualizamos sobre todo a los de motivaciones cristianas.

- En líneas generales, ¿qué papel ha tenido la Iglesia en las dictaduras que ha padecido nuestro país?

- La Iglesia, las iglesias -católica y protestantes- han tenido un papel ambiguo, donde caben todas las tonalidades. Las jerarquías, en particular la católica, ha tenido obispos que han sido directamente colaboracionistas, cómplices de las dictaduras. Aunque también hubo obispos ejemplares: Angelelli, De Nevares, Hesayne, Ponce de León, que resistieron, denunciaron, hasta pagaron con su vida. En el mundo de los curas y los practicantes hubo de todo, como en la sociedad en general. Hubo muchos cristianos entre las víctimas, hubo cristianos entre los torturadores.

- ¿Cuándo y cómo nace el Movimiento Ecuménico de Mendoza?

Es lo que el libro cuenta en su primera parte. Hay un movimiento de convergencia y encuentro entre cristianos de distintas confesiones, que se acelera después de la Segunda Guerra y que tiene un gran empujón con el llamado al Concilio Ecuménico Vaticano II, y un proceso paralelo en el Consejo Mundial de Iglesias, donde un protestante mendocino, Mauricio López, tuvo un papel decisivo. Después del estupor y el “apagón anímico” de la posguerra, en los ’60 hay un renacer espiritual y militante, también político, que encuentra en Mendoza a un grupo singular de protagonistas: entre muchos otros los pastores Federico Pagura y Alieda Verhoeven, los curas Oscar Bracelis y Héctor Gimeno, una gran cantidad de laicos movilizados. Para que la gente de hoy tenga una idea basta con señalar que en los “cursos de teología ecuménica” -juntos protestantes y católicos- hubo durante tres años, de 1969 a 1971, más de 200 participantes regulares. Pero lo decisivo fue el encuentro en la calle, en los barrios, en el Mendozazo, en la internación de chilenos después del golpe de Pinochet, más de 9.000 personas. El libro cuenta en gran medida la historia de la Fundación Ecuménica de Cuyo, que sigue viva y activa hoy, 40 años después.

- ¿Cómo surge el “Conflicto de los 27”?

- Fue un episodio originado en las exigencias de los curas mendocinos . “Los 27” eran los curas de origen mendocino en la diócesis para la aplicación de los dictados del Concilio, que en la práctica se postergaban. Después derivó en un grave enfrentamiento institucional entre ese grupo de sacerdotes y las autoridades eclesiásticas. Es un episodio conmocionante pero breve. El libro abarca mucho más, durante veinte años.

- ¿Cómo estaba organizada la diócesis y quiénes eran sus cabezas visibles?

- El arzobispo era monseñor Alfonso María Buteler y el auxiliar monseñor Miguel Medina, un cura porteño. Tenía importancia singular el seminario de Lunlunta, lugar de reuniones proconcilio y también de militantes políticos y sindicales. Por ejemplo, la cúpula de la CGT se escondía allí cuando las represiones.

- ¿Cuáles eran los ideales, intereses y reclamos de los sacerdotes “progresistas”? ¿Qué significaba ser un sacerdote progresista entonces?

- Bueno, progresista significa siempre más o menos lo mismo: un intento por ir un poco más allá de la medianía instalada, de la resignación y el quietismo. Un intento por otro mundo posible, al servicio de las mayorías y los postergados. Los curas de entonces, sacudidos por el Concilio, soñaban con un retorno al espíritu evangélico de los primeros tiempos, liberado de la pesada herencia medieval y de la atadura a los regímenes conservadores. Imaginaban un posible diálogo con el marxismo, con los impulsos revolucionarios del continente, con la política como instrumento de cambio colectivo. Creían que ese aggiornamento o renovación, que proclamaba el Concilio, era la exigencia impostergable de ese tiempo.

- ¿Qué papel tuvo monseñor José Miguel Medina?

- Un papel importante. Medina era la contracara de las aspiraciones anteriores. Con gran cinismo, se dedicó a tramoyar contra Buteler en la esperanza de que le dieran todo el poder. También a tramoyar con los militares, que eran su debilidad. Con el tiempo sería el más siniestro de los obispos castrenses. Justificaba la tortura. Y en su vida personal era cualquier cosa menos un puritano.

- ¿Cuál fue el detonante que desató la llamada “huelga de los curas”? ¿En qué consistió?

- El hecho decisivo fue que ante una solicitud nuestra, por escrito, el Nuncio se comprometió a marginar a Medina, y a las pocas semanas lo premió nombrándolo obispo titular de Jujuy y vicario castrense. Nos basureó. Se comprometió a consultar por el nuevo auxiliar, y dos horas después anunció la designación del padre Maresma, un presbítero rosarino. En retruque, nosotros, ingenuamente, rechazamos la designación por inconsulta, poniendo a disposición nuestras renuncias.

- ¿Cómo se comportó monseñor Buteler?

- Como era su estilo. Primero con paternalismo, luego con cólera ofendida. Quiso hacerse cargo de todo, tapar todo. Cuando fue imposible entendió que su misión sagrada era extinguir el brote de rebeldía, aunque eso significara matar a sus hijos.

- ¿Qué sucedió en la Navidad del ´65?

- Fue cuando Buteler, vuelto de Roma, nos reunió para intimarnos a una obediencia ciega, sin resultados. Entonces nos aceptó la renuncia, cerró el seminario, nos mandó a todos a nuestra casa -la de nuestros padres-. Impuso un “cordón sanitario” en torno al seminario y las parroquias rebeldes.

- ¿Cuáles fueron las consecuencias?

- Muchas, de todo tipo. Personales, grupales, comunitarias. Quedamos aturdidos. Descubrimos en qué medida un cura es un eterno menor de edad, sin trabajo, sin referencias casi con la vida real. Después de media vida de consagración estábamos desnudos. Había de algún modo que empezar de nuevo; y bueno, a muchos no nos vino tan mal.

- ¿Cómo recibió esto la comunidad católica mendocina?

- La más numerosa, la más alejada, como había vivido los acontecimientos antes y después. Es decir: mal informada, más por rumores y comentarios que otra cosa. Como sabemos, el “gran informador” de la sociedad es la clase media, con su gusto por la truculencia y el escándalo, la crispación. La mayoría de los católicos comparten esos gustos. De todos modos se silenciaron las cosas con todos los recursos. La mayoría, conjeturo, apenas si escuchó “un sordo ruido”. Entre los adherentes a los 27, se vivió como una gran frustración. Muchos habían arriesgado mucho, amistades sobre todo, en las violentas disputas de esos días. Sintieron el desenlace como una derrota propia y de los sueños conciliares. Entre los enemigos, como una gran victoria en su causa por defender el orden y la perfección milenaria de la iglesia santa. A lo que hay que agregar que pensaban estar salvando a la sociedad del comunismo. Unos y otros, a favor o en contra, como también los propios 27, tuvieron la evidencia y el presentimiento de que el “terremoto conciliar” no tendría lugar; que las cosas no cambiarían gran cosa, y la Iglesia seguiría siendo un baluarte del orden establecido. La letra de los documentos conciliares era maravillosa, pero el poder y la autoridad en la Iglesia seguían en las manos de siempre, preparadas para restaurar lo poco que se hubiera movido. Preparadas para prolongar el “doble discurso”: un ideario maravilloso en el discurso y un realismo resignado en lo concreto.

- ¿Y la comunidad política, los partidos, los dirigentes?

- ¡Ese es todo un tema! Los políticos se proclamaban todos anticlericales; gansos, radicales, peronistas, comunistas y grupos de izquierda, todos hablaban pestes de Buteler. Pero a la hora del conflicto no dijeron una palabra a favor de los rebeldes. Más aún, simulando indiferencia contribuyeron al gran silencio. Y estaba claro. A la hora de los bifes preferían un adversario remoto y previsible, que estos revoltosos que no sabían adónde iban, cuantos demonios de  otras rebeldías podían despertar. Aún los “revolucionarios” preferían las reglas de juego conocidas.

- ¿Cuál fue su experiencia personal? ¿Cómo lo afectó?

- De muchas formas, claro. Me resultó una paliza por los cuatro costados. Lo he referido en artículos y novelas. Pero en definitiva, como en tantas paradojas de la vida, creo que me obligó a transformarme, a hacerme de nuevo. A replantearme todo: la fe, el compromiso, las fidelidades. Fue un parto duro que me dio a luz como un tipo muy distinto; no sé si mejor o peor, pero definitivamente otro.

- ¿Qué pasó con el grupo de los sacerdotes rebeldes?

- Nos desperdigamos por un tiempo. Una docena se refugió un tiempo en Chile, tres nos fuimos a Francia. Otros se arrinconaron en parroquias benévolas. Unos tres años después estábamos casi todos de vuelta, en el ámbito tolerante que propició monseñor Maresma. Ninguno dejó por entonces el sacerdocio. Y a fines del ’68 ya estábamos con todo - unos 18 de los 27- en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que era una cosa más fuerte, política y nacional, que el arrebato provinciano de tres años antes. La historia ya fue otra historia. No nos interesaban tanto los cambios intraeclesiales sino los de la sociedad entera.

- ¿Qué impacto tuvo el cierre del seminario mendocino en el país? ¿Fue un mensaje para todo aquel que pensara distinto?

- Sí, fue una señal; pero una más de las tantas  que se cruzaban en aquel momento, de un lado y de otro. Las grandes víctimas fueron los seminaristas; virtualmente ninguno llegó al sacerdocio. Pero unos meses después sería el golpe de Onganía, que presuntamente venía a instalar 30 años de sometimiento y en rigor fogoneó una resistencia que multiplicaría incendios, hasta hacerse incontenible tras el Cordobazo, tres años después. Pronto los acontecimientos del ’65 parecerían de la prehistoria.

Patricia Rodón

Opiniones (15)
22 de Julio de 2017|20:16
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22 de Julio de 2017|20:16
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  1. %u201CComo pariente del Excelente Obispo que fue Monseñor Alfonso Buteler, y como madre de un futuro sacerdote,me averguenza profundamente leer las palabras vertidas por el Sr. Concatti. - .- Que Dios nos libre de sacerdotes -aunq. no le guste se ES sacerdote para siempre- como ud. Atentamente. Claudia Marrero de Buteler%u201D
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  2. Por lo menos los 27 se destacaron por su entrega y testimonio de vida, esa fue su verdadera revuelta. ¿Vos porque te destacas? Ni siquiera te da el cuero para torturador.
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  3. ¿entre los terroristas que metían bombas y tiros asesinando a montones, ¿no había cristianos también?. Fundamentalistas hubo, hay y habrá en todas las religiones porque quienes las profesan son humanos y como tales, son falibles. Hubo, hay y habrá animales de todos los credos por eso me llama la atención que sólo recuerde que hubo cristianos entre los torturadores y omita mencionar que también los hubo entre los que mataban sin piedad en aras de una sociedad supuestamente más justa e igualitaria. Pareciera que ese le parece un buen motivo para matar o, posiblemente, se haya explicado mal.
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  4. Qué ejemplo Concatti, y que lástima descubrir que la iglesia de Mendoza ha retorcedido tanto y está más preocupada por la Fiesta diocesana que por su opción por el mensaje liberador de Jesus. Un ejemplo Concatti
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  5. ¡Que fuimos crueles! ¡Vaya con el cargo! Mientras tanto, ahí tienen ustedes una Patria que no está en el compromiso de serlo. La salvamos como creímos que debíamos salvarla. ¿Había otros medios? Así sería. Nosotros no los vimos, ni creíamos que con otros medios fuéramos capaces de hacer lo que hicimos. Ahí tienen ustedes los resultados; gócenlos o llórenlos y déjennos los cargos. Nosotros seremos los verdugos; aprendan a ser ustedes los hombres libres. JUAN JOSE CASTELLI, 1811.- BIEN SE ADAPTA A ESTOS TIEMPOS.-.
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  6. Ahora los sacerdotes revoltosos de aque entonces denominados "27" son heroes? los "27" tantos los que ya han muerto como alguno que sobrevive (cura o no) pretender juzgar a la historia? Ellos todavia creen que fue una epopeya... los hechos actuales lo desmienten. han fracasado. asi las cosas...
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  7. ya entiendo que tipo de persona sos: defensor de torturas, defensor de viejas practicas policiales defensor del horror, sos un despreciable ser,que te amparas en el anonimato...todo cae por su propio peso querido ...caeras tu tambien.
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  8. ME SORPRENDE GRATAMENTE LEER TANTA VERDADES DE LOS FORISTAS, O SEA NO ESTAMOS SOLOS SOMOS CIENTOS DE MILES QUE TENEMOS CLARO LO QUE FUERON ESOS TIEMPOS DE ASESINOS SUELTOS DIFRAZADOS DE REVOLUCIONARIOS IDEALISTAS QUE NOS LLEVARON A ESAS DICTADURAS QUE HOY TANTO CRITICAN
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  9. No podés tener la cara de auto llamarte San Ignacio y estar a favor de la muerte, de la destruccción, del odio. Seguro fuiste un torturador, asaltante de estaciones de servicio para automantenerte bajo el paragüas protector del Jefe de policía, siniestro personaje de la derecha aeronáutica. Sólo deseo recordarte que como gran símbolo, en los Evangelios se produce la elección de dos presos para que una sea "ajusticiado", a quien representa la Vida, el Amor, con mayúsculas, se lo cambia por Barrabás, su antítesis, un ASESINO. Si en tus manos hay sangre, empezá ya a pedir perdón, en vez de seguir señalando gente y clasificando pecados, ya que todos los pecados son iguales ante los ojos de Dios.
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  10. Es gracioso, cada vez que uno hace comentarios en contra de estos seudo intelectuales, o contra los llamados progresistas" no se publican ¿porque sera?, ¿esta es la libertad de expresion de este medio?
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