Deseos de Navidad de quienes viven entre los muros

Dos internos del penal Boulogne Sur Mer hicieron una reflexión sobre cómo serán estas fiestas para ellos, quienes saben que se equivocaron y ahora están purgando su error. Frente a tanta soledad y dolor, buscan esperanzas porque ellos también merecen otra oportunidad. Además, un sacerdote del barrio San Martín junto a ellos recuerda que "tanto en el asesino como el asesinado, Dios vuelve a nacer".

Mensaje de fin de año de un preso hacia la sociedad, escrito por dos internos del 14b

Cuando era “libre” vivía en el olvido, era parte de un sector que históricamente ha sido menospreciado.

No era más que un pequeño sin rumbo, era miembro de un club olvidado, era un niño marginado.

A pesar de todo esto tuve una infancia feliz. Mis padres se esforzaron mucho para poder educarme. De hecho conocí otros mundos parecidos a esta utopía que muchos llaman libertad.

Me alejé de mi familia, mis amigos y todo aquello que pudo servirme de contención para los males que me azotaban, Incluso anduve herido esperando mi final.

He sido un tipo sufrido, he dormido en las calles, el conocido el dolor.

El presente, lo actual, lo inmediato es la cruda realidad, vivo entre cuatro paredes. Esperando la única verdad que conozco, la libertad.

La vez que ingresé a este lugar pude entender mi destino, vi muchas caras tristes, conocí almas oscuras. Pero también seres extraordinarios, conocí seres de luz.

Sentí el rigor de la vida, conocí todas las clases, comprendí la sociedad. Pude entender que la vida son las pequeñas cosas, la armonía de los bellos momentos, lo sencillo, lo bello, lo natural.

Quizás no estén equivocados, quizás nuestra vida debe ser así. Sin embargo no bajo los brazos, no me resigno.

Los invito por un segundo a cerrar los ojos.

Imaginémonos tomados de la mano, abrazados, mirándonos tiernamente.

Olvidémonos de los agravios, tratemos de estar en paz.

Devolvámonos la vida, lo maravilloso de ser amigos, la gracia de lo sencillo, lo sublime de lo natural.
Perdonémonos todos, aunque sea solo por un segundo, recobremos la alegría y tratemos de comprender.

Resucitemos nuestra alma, démonos una segunda oportunidad…

Aprendamos a perdonar, solo así seremos felices.

Volveremos a ser como niños, sonrientes desprevenidos, confiando solamente en el amor.

Que los padres y madres no abandonen a sus hijos y al mundo.

Aquellos que no son padres que se animen a buscar “hijos” en la calle.

Hay muchos niños que necesitan un hogar.

En este mundo hay lugar para todos y no sólo para algunos.

Por lo tanto quédense bien tranquilos; que desde nuestro lugar también lo estamos intentando.

¡Feliz Navidad!

 

El poema de un condenado

 

Martín Alemán, sacerdote del barrio San Martín e integrante de la Capellanía Mayor de la Penitenciaría escribió su visión, para estas fiestas, tras una conversación con un joven de 23 años, quien está condenado a 23 años de cárcel por homicidio.

Le pedí permiso a Eduardo, interno del penal para compartir con ustedes esta misma oración que compartí con él.

Eduardo, de 23 años, acaba de ser condenado por homicidio a 23 años en el penal, y esta oración me surgió después de conversar con él.

Hoy en día que ante tanta inseguridad muchas veces miramos el penal como la solución. ¿Qué pasa con Eduardo cuando salga “cumplido”? ¿Cómo sociedad ya lo consideramos rehabilitado? O preferimos matarlo en vida, y devolver con la misma moneda.

Eduardo no se justifica, se equivocó y su error no tiene reparación, no hay cómo
devolver la vida, pero eso nos da derecho a quitarle la suya.

¿Qué me pasa si me pongo del lado de la familia de la victima? Yo no voy a asesinar, pero no estaré pidiendo que otros, que el Estado lo haga por mi. No será que el Estado ya está asesinando, nos está quitando la vida y nosotros desesperados e impotentes, dejamos que lo sigan haciendo.

Si me matan a alguien cercano estoy seguro que voy a reaccionar, pero también me pregunto si no puedo reaccionar antes.

Comparto la inquietud. Y la inquietud de comprometernos con la vida, y con la vida de todos.

Si nos jugamos por el Reino, por este Dios de la vida, tenemos que aceptar que allí hay lugar para todos, nadie esta de más, nadie sobra. Por cada uno de nosotros desde el asesinado hasta el asesino… Dios vuelve a nacer.

Lágrimas secas
al ser condenado
Tantos años son los que me dieron,
tantos años que hacen de mi vida un vacío.
El cuerpo se me adormece, mi cara no dice nada.
Mi alma se me fue, la perdí en algún rincón.
Empiezo a desconocerme, tengo miedo a cambiar mal.
De reaccionar antes de volver a encontrar mi alma.
En mi tarjeta nadie quedó,
Los amo mucho para verlos sufrir.
A aquel no le di oportunidad.
Será que ahora a mi tampoco me la quieren dar.
Solo estás lágrimas secas expresan, escriben mi historia,
si es que hay algo para seguir contando.
Todo está oscuro, pero sé que no soy oscuridad.
No quiero terminar de apagarme.
No quiero alejarme más de mí.

 

Opiniones (2)
18 de agosto de 2017 | 10:09
3
ERROR
18 de agosto de 2017 | 10:09
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. SI SE EQUIVOCARON, AHORA TIENEN QUE PAGAR. ¿PORQUE NO SE PUBLICAN LOS SENTIMIENTOS Y MEMORIAS DE LAS PERSONAS AFECTADAS POR ESTOS TIPOS? ¿ES QUE NADIE PIENSA EN LAS VICTIMAS, Y SIEMPRE PRIORIZAN LAS "PENURIAS DE LOS DELINCUENTES". DEJEMONOS DE VICTIMIZAR A LOS VICTIMARIOS. NO SON NINGUNOS MARTIRES. MANO DURA CON LA DELINCUENCIA. ES LA UNICA FORMA DE MEJORAR LA SEGURIDAD DE LOS MENDOCINOS DE BIEN.
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  2. Sin embargo, las cárceles, por desgracia, son de todos; es la sociedad en pleno la responsable de que existan, y de que existan así El sonido metálico de la puerta de la carcel sigue produciendo un sonido de certeza que puede hacer que la gente crea que el encarcelamiento es invariablemente una respuesta apropiada para todos los niveles de delito. En muchos sectores de la sociedad civil, las prisiones siguen siendo un lugar de gran misterio y mucha gente, incluyendo algunas personas que trabajan dentro del sistema judicial penal, desconocen lo que realmente sucede después de que se dicta una sentencia de encarcelamiento. Hay mucha confusión sobre hasta qué punto la prisión debería ser un lugar de castigo o de rehabilitación La libertad es un don que Dios ha dado al hombre. La libertad es la facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y también de no obrar. El hombre es, por tanto, libre para pensar, hablar y obrar, pero debe hacerlo con reflexión buscando la verdad y la justicia y siempre con el debido respeto a los demás. La libertad es como un arma de fuego, peligrosa, y, por tanto, hay que aprender a manejarla, La permanencia en los lugares de encierro, potencia los conflictos y dificultades que el sujeto que delinque trae sin resolver. %u201CA nadie se le puede enseñar encerrado a vivir en libertad%u201D. %u201CCualquier paso que pueda darse para hacer menos dolorosas y dañosas las condiciones de vida de la cárcel, aunque sea sólo para un condenado, debe ser mirado con respeto cuando esté realmente inspirado en el interés de los derechos y el destino de las personas detenidas, y provenga de la voluntad de cambio fundamental y humanista La misericordia actúa con sentimientos de humanidad, de empatía y de compasión por el desvalido. Si es sincera nunca humilla al pobre que la recibe, porque sale de un corazón que late al unísono en plan de igualdad auténtica, fraternalmente. Estos sentimientos llevan a las obras, a gestiones y esfuerzos, a la denuncia si hace al caso, a la colaboración con otros. La misericordia busca las causas de la pobreza y las ataca, aunque el resultado sea para largo plazo. El que mantenga su salud espiritual y reaccione ante la pobreza del ser humano, entenderá el misterio de esta presencia salvadora de Dios en las cárceles.
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