Navidad: vendrán los Cristos y te sacarán los ojos

"Yo imaginaba a Jesús fachita: flaco, hippie, con barba, pelo largo y ojos verdes, como Robert Powell. Sin embargo, eso no era lo llamativo, sino que también lo imaginaba revolucionario, romántico, solidario, utópico, sencillo, progresista, valiente al fin, involucrado, rebelde, ejemplar. Imaginaba que si en el mundo tuviese una docena de tipos así, el mundo podría ser cambiado. Y me ponía feliz cuando llegaba Navidad. Ya no".

Todavía recuerdo aquellos dulces años en que creía en Dios y en sus aventuras y en sus manos manchadas con el barro de la creación. Creía, incluso, en su corte de adulones impecables, con gestos reposados, voces roncas, bastones atareados, vestidos de colores, sandalias curtidas, barcas imposibles y trompetas amarillas.

Creía yo en Dios como un niño cree en la invicta eficacia de los superhéroes.

Ahora lo veo con más claridad: creer en Dios era un recurso necesario para ordenar el mundo de mis más circunspectas fantasías. Creer en Dios era un alimento contra la noche inmensa y el despliegue de otros fantasmas que no se vestían de blanco como Él.

Creer en Él y su monumental abanico de poderes innecesarios era también una forma de cobardía primera, que me suspendió durante unos años la necesidad de conquistar el mundo, habida cuenta de que, claro, alguien ya lo había hecho antes, segundo después de inventarlo, porque Dios, además de inventar el mundo, se ocupó de sujetarlos fuertemente para que no se le fuera de las manos.

Para aquel adolescente que fui, creer en una deidad suprema que todo lo regía –implacable, egocéntrica, ampulosa– fue también una manera de dilatar por un tiempito mis evidencias incuestionables: estamos solos sobre esta absurda piedra a la deriva y no hay más paraíso que los paraísos perdidos y el único descanso posible es el que otorga la batalla.

Sin embargo, hay en toda esta historia un aspecto que los años no han podido menguar en su profunda ternura. Ese Dios –sabelotodo, omnipresente y omnipotente– tenía una milagrosa debilidad: su Hijo. Dios tenía un Hijo al que supo abandonar en incontables situaciones; durante la última, el muchacho murió asesinado de horrenda manera a manos de un imperio.

Yo imaginaba a Jesús bien fachita: flaco, medio hippie, con barba, pelo largo y ojos verdes, como Robert Powell. Esclavo al fin del cine anglosajón, lejos estaba de mí consentir una estética judía poco agraciada, como seguramente le habrá correspondido.

Sin embargo, eso no era lo más llamativo, sino el hecho de que también imaginaba a ese muchacho revolucionario, romántico, solidario, utópico, sencillo, insurrecto, progresista, valiente al fin, involucrado, idealista, rebelde, ejemplar.

Imaginaba entonces que si en el mundo tuviese una docena de tipos como ese, pues el mundo podría ser cambiado.

Y me ponía feliz cuando llegaba Navidad; ya no. Y con mis amigos de entonces, le cantábamos el cumpleaños feliz al Hijo de Dios, al chabón parecido a nosotros, el de los pies embarrados y una sola túnica; al solitario que amaba el desierto y odiaba a los mercaderes; al que honró la amistad y multiplicó panes y peces y convirtió el agua en vino para sustento de su pueblo.

Con los años y la exploración del deseo y el acceso al mundo de la literatura y el rock, resultó imposible asociar a ese pibe con dos tremendas instituciones de la humanidad: Dios y la Iglesia Católica Apostólica Romana. Uno, Jesucristo, era una herida abierta, una necesidad de lucha y un abrazo tibio; los otros. Dios y su Iglesia, eran letras de mármol y castigo y represiones insólitas.

Con los años también, empecé a ver cristos por todos lados, por ejemplo, en la cárcel, cuando veía al Jorge Contreras charlar con un preso; cuando veía niños en carretelas o madres haciendo cola, con el vientre hinchado y tristezas en la mirada.

Así, con los años, Cristo se fue transformado. Y por obra y gracia de mi memoria selectiva, comencé a hacerlo involucionar como personaje: de los 33 años que se supone tenía al morir crucificado según las fábulas, lo fui volviendo niño y lo fui despojando de cualquier clase de compañías.

Ya no quería que Cristo me salvase, sino que me ayudara, que luchara a mi lado.

Ya sin el patrocinio de dioses rimbombantes y vengativos, yo lo hice nacer de nuevo, no sólo en mi pecho, sino también en un escenario mendocino. Lo hice nacer como imagino que él nació en su Belén de calles terrosas y soles persistentes. Lo hice nacer como aquello que era: el hijo de una familia obrera.

Así, Cristo nació una y otra vez en una villa miseria de Las Heras o el oeste de Godoy Cruz o Capital o junto a un basural de Guaymallén o en un puesto de Lavalle o de Malargüe o en uno de esos caseríos que hay sobre las vías del tren. Y también en las cárceles y los hospitales y en cada rincón donde brotara un llanto de niño maltratado.

Mírenlo: Cristo es un bebé marrón con padre desocupado y madre adolescente. Cristo no tiene casa y sus hermanos no van a la escuela ni al club ni siguen una dieta apropiada. Cristo nace cada Navidad y su cuerpito húmedo es calentado por el aliento de unos chocos callejeros. Cristo es envuelto en una frazada y recibe la visita de tres repartidores de mercaderías que le dejan unos paquetes de fideos y algo de harina, leche y azúcar.

Mírenlo: Cristo está en la familia tipo mendocina, pobre y triste, arrinconada como una anciana dama en un geriátrico de la Quinta, abriendo una carta que le augura un 2010 sin dudas mejor, mientras sólo espera morirse para dejar de sentir el tormento de los recuerdos.

Al fin, veo que fue saludable dejar de creer y que dejar de creer me hizo terminar comprendiendo que, si ese Cristo de las catequesis existe, pues existe a la vuelta de tu casa y no recostado entre verbos de la Biblia o en calor de las iglesias.

Miren el cuadro que no imaginó Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, el italiano de Caprese: José, el carpintero desocupado, no sabe qué hacer con sus manos y María, la madre adolescente, envejece de golpe, pierde belleza, rodeada de niños.

José y María destejen su amor cascoteados por la miseria, con sus niños, pequeños cristos malheridos, que aguardan el momento de crecer y entonces salir a las calles a devolver los golpes recibidos. Un día, se van a cruzar con vos, sí, con vos, que irás camino al shopping, cantando el hit del verano. Y los hijos de José y María te sacarán los ojos.

Es Navidad, amigos: nace Cristo en una villa del piedemonte, cunde la garrapiñada y el turrón, los comercios ofrecen rebajas y el Papá Noel de la Coca-Cola se saca fotos digitales con los niños que hacen cola en el hall del hipermercado.

Esta vez, el Imperio ha aprendido la lección. Por nada del mundo permitirá otra vez que el Niño Dios crezca y con sus dichos y sus hechos revolucione a la estúpida peonada.

Mírenlo también: el Imperio está tomando las medidas del caso. Dadas las circunstancias, alienta el maridaje de pobreza y con criminalidad, subordina las políticas sociales a los intereses económicos, apuesta por más cárceles adonde solo van a parar los ladrones de gallinas, da más a los que más tienen y viceversa, baja la edad de imputabilidad a los nueve años, construye barrios privados autosuficientes, radica el éxito en el consumo, unifica los discursos de opinión y perfecciona los sistemas de rastrillaje para que no le vuelva a ocurrir aquello del ineficiente de Herodes, quien asesinó un montón de bebés marrones y pobres, muy bien, pero el imbécil dejó vivo al Heredero.

Hay un plan: si todo marcha bien, el pequeño Cristo no llegará a joven, porque será muerto en un confuso ajuste de cuentas o se ahorcará en su celda con los cordones de sus zapatillas. Y si sobrevive, en el peor de los casos, lo hará encerrado en una cárcel de máxima seguridad o lejos para siempre, lavando copas en un restorán de italianos en Canadá o en un bar de Barcelona o de Praga, no importa.

El asunto es nunca acá, jamás, nunca en Mendoza, la tierra del sol, del buen vino y de los cristos ausentes.

Hay un plan, es cierto, pero un aspecto fundamental ha sido descuidado: los Cristos son decenas de miles, son imposibles de eliminar y no se detendrán hasta lograr que, al menos, un par de ellos, delante de tus ojos, caminen sobre las aguas, devuelvan la vista a los ciegos, resuciten a Lázaro, conviertan el agua en vino y echen para siempre hasta al último de los mercaderes que invadieron el templo.

No vas a tener más remedio que aceptar que existen.

 

Opiniones (27)
21 de agosto de 2017 | 16:26
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21 de agosto de 2017 | 16:26
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  1. no es tan así María Virginia, no generalice, conozco mucha gente que lucha desde su lugar todos los días para construir un mundo más solidario, y un poco más humano. Algunos hasta tenemos la loca idea de enseñar valores con el ejemplo.... aunque para el resto del mundo- la mayoría para generalizar- seas una boluda que sólo quiere perder el tiempo.
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  2. PEPITA LA SIN CAROZO...
    Pepita, Pepita, nobleza obliga respeto tu fe, pero no te hagás la crítica literaria, es más Ulises fue escritor muchos años antes de ser periodista, con lo cual siempre es mejor asesorarse antes de hablar gansadas. En cuanto a ver películas -no se por qué lo de nocturnas- demuestran tu poco conocimiento del evangelio que tanto proclamás. ¿Cúal es la iglesia de Jesús? Porque ese es su nombre, no cristo, que era un mote puesto a los cruxificados. Desde cúando la iglesia de Jesús es romana, siendo el imperio el pero enemigo de las enseñanzas de Jesús, pero eso lo supo explotar muy bien el emperador Constantino. Los evangelistas, protestantes, la iglesia del séptimo día, etc., etc. todas son la iglesia de Jesús o se basan en lo mismo, pero si como dicen los evangelios, Dios hizo al hombre a su semejanza, pavadita de Dios tenemos; será también traficante de armas y drogas, vendedor de la muerte, asesino de niños, etc., etc., o será que los hombres construyeron un Dios a su medida que les perdona todos sus pecados los domingos. Eso sí, tiene un buen representante, mirá que anular "El limbo" que es un estado celestial, por decreto, hay que tener huevos para eso. Habrá sido decreto de necesidad y urgencia. Pepita yo respeto tu fe, pero deberías saber que nadie es dueño de la verdad absoluta, así que tu soberbia -que no es muy cristiana- debería recordar aquello de que: "el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra".
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  3. Siempre he admirado la pluma del autor de esta nota, que escribe en un idioma que entienden todos. Es decir, no para una ¿élite de inteluctuales? tecnócratas que seguramente se hubiesen sacado los ojos para estar al lado del Hijo de Dios. Soy docente, y vaya ironía, a mi que nunca me han respetado mis derechos, nací ese día. Es increíble tener que lidiar todos los días con los prejuicios de mis alumnos, - en las llamadas escuelas marginales- que repiten lo que dicen... los padres, los medios..., sin pensar siquiera lo que están diciendo. Que juzgan sin saber, que están seguros que a los chicos que están en las cárceles habría que matarlos, porque mi papá trabaja no para mantener a esos delincuentes, que les parece perfecto que se pase de año adeudando tres materias, porque sino los que se van del sistema - como si el sistema existiera- se vuelven ladrones o drogadictos y nunca se fijaron que si tienen un compañero menos en el curso, es porque los padres lo tuvieron que sacar de la escuela porque o trabajan todos o se mueren de hambre. Y cuando habla de esto en la escuela sos peligrosa e izquierdoza, blanco de críticas y de argumentos estúpidos como: vos hablás así porque nunca te ha pasado nada, etc, etc. Cuando en realidad nos asaltan todos los días cuando nos tratan como boludos, comerciantes, gobierno y todos sus secuaces. No sé que pensará Dios viendo todo esto, pero estoy segura de que coincidiría con su nota y no le gustaría ver a su hijo en su pesebre dorado debajo de un árbol gigante rodeados de regalos que no son precsimante la solidaridad, la equidad y el Bien Común.
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  4. Ulises y Navidad
    Considero la nota excelente quienes tengan ojos que vean y quienes tengan oidos que oigan, es tiempo de sacarnos la careta y ver la realidad.
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  5. Lo que interpreto de tus palabras es que has leido la tonta obra de Saramago. Nada original lo tuyo, como siempre. Qué facil es unirse a las modas. Qué dificil es cumplir con la palabra de Jesus. El concepto de lo descrito es correcto. Las conclusiones, poco inteligentes. El problema de estos periodistas sociales devenidos escritores, creen que estan mas allá del bien y del mal. Entonces hechan culpas a quién les resulte mas facil pegar (a la iglesia catolica por ej) pero nunca los he visto hacer un mea culpa. Porque las soluciones a todos nuestros males no está en la iglesia, sino en todos nosotros. Y todos los cristianos somos la iglesia de cristo. Eso dicen los evangelios. Lo demas es charlatanería. Ulises, vos que crees que las sabes todas, seguro que cuando cristo esté entre nosotros, vos serás el primero de todos en negarlo, en no reconocerlo. Porque ese conocimiento no te lo va a dar Voltaire ni algún otro agorero. Te lo dará la fe, solo la fe plasmada en obras. En vos no veo ninguna. De todas formas, Felíz Navidad. Al resto de los forristas, dejen de copiar y ver tantas peliculas de noche, que la verdad, seguro, no está en el código da vinci ni en ninguna de todas esas paparruchadas. Lean sobre la vida de los santos y veran lo que es obras.
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  6. me parece una buena mirada, aunque leyendo los foros de mdz en general, es como tirar flores a los chanchos. "apuesta por más cárceles adonde solo van a parar los ladrones de gallinas, da más a los que más tienen y viceversa, baja la edad de imputabilidad a los nueve años, construye barrios privados autosuficientes" no sera demasiado para esta gente que alienta eso?
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  7. LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE SER...
    Recuerdo, entre los tantos dichos el de "predicar en el desierto" y esa enseñanza tan sui generis de mostrarnos un mundo de pompas de colores. El sentimiento profundo o la dialéctica sobre la fe puede llevarnos por múltiples caminos y a discusiones enriquecedoras si uno encuentra un intérprete con fundamentos, pero estimado Ulises, lamento decirte que tenés lectores que no soportan ni siquiera una referencia a la niñez pobre y marginada, porque le podés arruinar la digestión. Sinceramente no sé que pueden festejar de la vida, entendiendo esta como un hecho comunitario. Otros, pequeños observadores de la ignorancia que los posee, ni siquieran saben quién fundó la iglesia católica apostólica romana, curiosa por cierto, ya que es la única que no nombra a Jesús o Cristo, es más lo ignora olimpicamente, planteo habilmente realizado por el emperador Constantino y seguido luego por la logia de los papas encabezados por César Borgia, para llegar a un hoy en dónde el 85% de la liturgia católica está dedicada en principio a su madre y luego a los supuestos santos, para dejar sólo un 15% a quien llaman el "Hijo de Dios", que efectivamente y como decís en la nota era judío, algo que la blanca raza humana no podía soportar, te imaginás el hijo de Dios morocho y pobre. Minga, así que en el siglo XV a cambiarlo por un rubio de ojos azules, como buen sajón o teutón. Como digo, en las iglesias la gente juega a ser buena y es bueno recordar cuales fueron las últimas palabras de Jesús en la cruz -hay gente que se confunde con el nombre- "Padre... porque me has abandonado". Y no hay confusión, tu visión de niño, también es la visión del Che Guevara, Buda y su Confucio o viniendo más cerca, Fray Beto, lo demás son historias tristes como dicen tus alegres lectores.
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  8. Cristos ausentes
    Lo social y lo religioso, aderezados con nuestra subjetividad, forman siempre un piso resbaloso. "Bienaventurados los pobres" dice el Evangelio, "porque de ellos será el Reino de los Cielos". "There will be poor always, pathetically struggling" dice el personaje de Jesús, respondiéndole a Judas, en la inolvidable Jesus Christ Superstar de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber. Que Carlos Menem repite años más tarde, cínicamente. ¿Resignación cósmica? ¿Multitudes domesticadas para aceptar la miseria de hoy a cambio de la promesa de un mañana inasible? Nada de eso, creo yo. Cristo es hoy, me parece. Cristo somos todos. O por lo menos deberíamos tender a serlo. En los últimos diez o doce años, desde que me dedico a analizar un poco la relación entre la exclusión y la bronca (mal) contenida, casi no encuentro artículos, opiniones ni conclusiones que lleven en serio un poco de Cristo ni a los potenciales sacadores de ojos de Naranjo ni a sus víctimas supuestas. ¿Alguien evaluó con cuantos centímetros cúbicos de Cristo podemos recuperar y dignificar al pibe nacido en el piedemonte, sin horizonte y sin esperanzas? ¿Alguien calculó cuántos hectopascales de Cristo hacen falta para bendecir y enderezar al que dice "viven así porque quieren"? Obvio que no hablo de jerarquías vaticanas ni de promesas post mortem. Hablo del Mensaje con mayúsculas. Eso es lo que veo ausente en muchos de nosotros: "el muchacho revolucionario, romántico, solidario, utópico, sencillo, insurrecto, progresista, valiente al fin, involucrado, idealista, rebelde, ejemplar." Ese no ha cambiado, Ulises y amigos del foro. Ese está siempre pero no lo sabemos manifestar. Tampoco sé si lo intentamos con honestidad. Un abrazo fraterno de Navidad para los que hacen MDZ y para todos los que participan en este espacio.
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  9. Sólo eso, coincido plenamente con las palabras del Ale Rotta.
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  10. ¿De donde sacaste que ya no sos cristiano, Ulises? Toda tu nota es cristiana, perdón que me meta en tu vida pero me parece que si hoy ya no tenés fe, es porque antes tampoco la tenías, porque creer en un Cristo "fachita, etc" y en que los capos cagones y venales (en su mayoría) de la jerarquía "son la iglesia" , son dos errores . En suma, creo que sos más cristiano ahora que creés no serlo, que cuando eras mas joven y creías tener fe.
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