(PARA MIERCOLES que autorice RM) El viajar, ¿es un placer?

Dos pasajeros de una misma línea de larga distancia sufrieron inconvenientes increíbles. Pero a ellos se les sumaron otros más. Consejo: antes de viajar en colectivo, lea bien la letra chica.

Sandra viaja todas las semanas a Buenos Aires desde hace algunos meses, Un inconveniente familiar la obliga a estar presente en una serie de audiencias. Por eso, viaja los domingos, y regresa a Mendoza el lunes por la tarde.

La semana pasada sacó sus pasajes –donde siempre lo hace- y pidió viajar el sábado 5 de diciembre para llegar el domingo 6 y regresar el lunes 7 para estar en Mendoza el martes 8.

Quien le emitió su pasaje, confundió las fechas y le puso al ticket de regreso fecha “domingo 6” y le marcó con resaltador “lunes 7”. Obviamente, Sandra no se percató del error, mucho menos cuando estaba resaltado. Y ese fue el comienzo de un muy mal momento.

Sandra se paró frente a un Flecha Bus (si bien ella lo compró en Andesmar, la empresa le emitió los pasajes para otra unidad), chequearon su pasaje y le dieron la bienvenida. Salió de Retiro a las 19 y al llegar a la estación de Liniers, se desató el caos.

Un pasajero subió en ese lugar y tenía el mismo asiento que Sandra. Al chequear los pasajes, los choferes –de no muy buena manera- le pidieron que bajara inmediatamente del coche porque estaba viajando con un billete sin validez.

Sandra no podía salir de su asombro, y cuando llegó a la ventanilla de la empresa siguió sufriendo un maltrato inesperado. “Te vas a tener que quedar acá hasta mañana, cuando hablemos a Mendoza a ver qué hacemos” le dijo el encargado del local, que nunca mostró identificación y que esgrimió que se llamaba “Silvio Rodríguez”.

Pero, hay un dato a tener en cuenta: Sandra sufre de trombofilia.

La trombofilia es un desequilibrio de la coagulación de la sangre que tiende a la hipercoagulabilidad y que resulta en un riesgo incrementado para el desarrollo de trombosis. Un ataque puede producirle la muerte por embolia cerebral. Y debe tomar sus recaudos, como inyectarse protrombina antes de viajar o abrigarse bien.

Pero, en estado de crisis, sin ser escuchada en su reclamo, con la amenaza de dejarla en Liniers y maltratada verbalmente, Sandra fue llevando el momento como pudo a pesar que el tal “Silvio Rodríguez” le pedía un “diagnóstico médico” para creerle.

Un empleado entendió la situación y trató de darle solución. La única fue subirla a un coche de El Rápido (que en realidad era uno de la línea Tramat, al servicio de El Rápido), a las 22, y no con las condiciones que ella había contratado: es decir era coche cama pero sin cena, desayuno, almohadas y frazadas y llegando a las 12 en vez de las 7.

Una vez en el colectivo –ya confirmada y chequeado su pasaje- Sandra sufrió una fuerte descompensación y tuvo que inyectarse una nueva dosis de protrombina para evitar un ataque trombofílico.

En ese El Rápido (pero que era Tramat, ¿se entiende?) iba a su lado Ignacio, un pasajero que con su hijo viajó a ver el show de AC/DC a Buenos Aires. Pero el regreso de ellos también fue un poco descontrolado.

Cuando compró el pasaje (en la oficina de Andesmar del local F1 Ala este de la terminal de Ómnibus de Mendoza) nunca le informaron que el coche en donde debía subirse era un… CATA. El hombre, confiado, espero hasta las 18 en Retiro pero nunca vio llegar un Andesmar (tal como lo suponía). Al ir a la oficina de esa empresa y preguntar qué pasaba se encontró con la sorpresa: “Era el CATA de las 18 en el que viajaba usted y su hijo” le dijeron.

Desde ese momento empezó la peregrinación hasta lograr que lo subieran a El Rápido (que en realidad era Tramat, ¿se entiende?) a las 21.10, sin ninguno de los servicios por él contratado.
Ahí, Ignacio descubrió que su mismo suplicio lo habían pasado otros cuatro pasajeros que esperando el Andesmar de las 18, que en realidad era CATA y al que nunca pudieron subirse, terminaron en El Rápido que en realidad era un Tramat, ¿se entiende?

Las ganas por volver a casa pueden más en este momento y así un viaje, programado con tiempo, se puede volver en una tortura, sin comida y llegando cinco horas después de lo previsto.

Recomendación: lean todo lo que dice su pasaje. Hora, asiento, empresa, fecha… todo. No vaya a ser que contrate Andesmar y termine viajando en uno del Grupo 80… y parado.

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20 de agosto de 2017 | 06:30
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