Los volcanes de Mendoza, "leones dormidos" que un día pueden despertar

El horizonte de nuestra provincia está delineado por cientos de volcanes y convierte a los valles en zonas de alto riesgo. En los últimos 300 años se han producido alrededor de 38 erupciones.

Con el recuerdo de las recientes erupciones del Chaitén, de sus extensas nubes de cenizas oscureciendo el cielo del Sur argentino y chileno, de los sismos que produjo y de su poder para convertir en ciudades fantasma a varias poblaciones de la zona, nos preguntamos qué posibilidades hay que los centenares de volcanes, activos e inactivos, que se yerguen en Mendoza, despierten un día después de siglos de su caliente sueño.

Pocos mendocinos tenemos conciencia de que vivimos en una zona sembrada de volcanes. Tenemos incorporada a la cordillera de Los Andes como parte de nuestro paisaje pero olvidamos que esa bella cadena montañosa está formada por cerros, valles, glaciares y volcanes.

Y muchos de ellos están activos. Desde la erupción del Peteroa, ocurrida en 1991, y desde la más reciente del Chaitén (febrero de 2009) se ampliaron los estudios de vulcanólogos y geólogos con el afán de determinar el riesgo volcánico en nuestra provincia.

Bajo el volcán

La idea de que los volcanes mendocinos son “bombas de tiempo” o “leones dormidos” no es una peregrina fantasía, ya que el grado de su peligrosidad potencial es uno de los objetos de estudio de un grupo de científicos del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), liderado por la vulcanóloga Patricia Sruoga.

Sruoga, que entre 1993 y 2000 se dedicó al estudio del sistema Planchón-Peteroa y que desde 1998 hace lo propio en el volcán Maipo trazando su mapa, reconstruyendo su historia eruptiva e identificando eventos de acuerdo al grado de peligrosidad, entre otros complejos análisis, explica que “Mendoza posee varios `leones dormidos y semidormidos´ a lo largo de la cordillera andina y además recibe en forma periódica las lluvias de ceniza que emiten los volcanes situados en territorio chileno como sucedió, por ejemplo, con las del volcán Quizapu en abril de 1932. Cabe destacar que este sector corresponde al segmento norte de la Zona Volcánica Sur, localizado a los 33° S, caracterizado por un mayor espesor de la corteza, magmas más ricos en sílice y de mayor grado de explosividad en relación con el resto de la zona. Es por ende, el segmento de mayor peligrosidad con historias eruptivas recurrentemente explosivas”.

Respecto de los peligros que esto entraña, señala que “los volcanes presentan distinto grado de peligrosidad de acuerdo al tipo de productos, composición de los magmas y estilo eruptivo. El riesgo asociado depende de la vulnerabilidad de la zona afectada, en particular las poblaciones cercanas. Hay volcanes muy peligrosos y de alto riesgo, por ejemplo el Cotopaxi en Ecuador, conocido como el “killer volcano”.

“Hay otros peligrosos pero que en función de su emplazamiento remoto no representan alto riesgo, por ejemplo aquellos situados en Alaska y la península de Kamchatka, aunque la emisión de cenizas puede afectar en gran medida las rutas de aeronavegación, y otros que admiten una convivencia más o menos armoniosa, como de los Hawaii. En Argentina, debido fundamentalmente a la distribución de los centros poblados el riesgo volcánico es relativamente bajo aunque estamos expuestos a las lluvias de cenizas provenientes de los volcanes situados en Chile, como sucedió con la erupción del Chaitén en mayo de 2008”, recuerda la vulcanóloga.

El bello volcán Maipo se encuentra en el departamento de San Carlos y tiene 5.523 metros de altura.

Ríos de lava y tormentas de cenizas

Las erupciones más importantes ocurridas en nuestro país en el siglo XX fueron la del Hudson (1991) y la del Lascar (1993), “volcanes chilenos que afectaron la Patagonia y la provincia de Salta, respectivamente”, apunta Sruoga. Mientras que las acaecidas en nuestra  provincia fueron las del Quizapu (1932) y la del Peteroa (1991).

En Mendoza los volcanes activos más conocidos son el Planchón-Peteroa, el Maipo, San José, Overo, Diamante, mientras que entre los inactivos se hallan el Sosneado, Risco Plateado, el Payún Matru. Recordemos que en La Payunia, uno de los diez campos volcánicos más grandes del mundo se han relevado más de 800 cráteres, todos ellos inactivos.

Sin embargo, aclara que “esto es tentativo ya que faltan muchos estudios para determinar el status de cada uno. Por convenció, se acepta que los volcanes son activos si han tenido algún tipo de manifestación eruptiva en los últimos 10 ka (diez mil años) pero resulta que la documentación histórica abarca un lapso demasiado corto”.

Las consecuencias a largo y corto plazo de una erupción volcánica son “la lluvias de cenizas en nuestro territorio, que por razones climáticas contribuyen a la desertificación y sólo localmente aportan fertilidad al suelo. Por ejemplo en los Antiguos se registró un beneficio en las plantaciones de frutas finas a partir de la erupción del Hudson. Además, las cenizas producen contaminación en pasturas y aguadas y una seria mortandad en la hacienda por su ingesta. Los perjuicios fueron económicos ya que, como sucede normalmente, no hubo que lamentar víctimas a consecuencia directa de la lluvia de cenizas”.

300 años, 38 erupciones

En uno de sus trabajos Sruoga explica que se tiene registro de 38 erupciones en los últimos 300 años en Mendoza, número que califica como normal.

En cuanto a la periodicidad de las erupciones, la científica explica que “es muy variable y hay que hacer estudios detallados de la historia eruptiva de cada volcán. Esto es muy importante en términos de predicción. Como regla general, los volcanes de naturaleza basáltica, del tipo de los que hay en Hawaii son los más fáciles de pronosticar. En cambio, los volcanes andinos, debido al tipo de emplazamiento, naturaleza de los magmas y control estructural que determina las vías de acceso en la corteza, son los más difíciles”.

Las huellas visibles de la actividad volcánica son la actividad fumarólica; los distintos depósitos de roca dan testimonio de actividad pasada y constituyen valiosas herramientas para el vulcanólogo para reconstruir la historia eruptiva de un volcán.

En Mendoza, zona de riesgo volcánico acrecentado por el hecho de compartir su frontera con Chile, “las lluvias de ceniza son fenómeno muy común y frecuente en el registro de los últimos 70 millones de años”, explica Sruoga.

Volcanes, terremotos y predicciones

La especialista en volcanes mendocinos destaca que “predecir una erupción volcánica es la tarea que desvela a los vulcanólogos. Para eso contamos con una sofisticada parafernalia de equipamiento especialmente diseñado para el monitoreo volcánico”.

Interrogada acerca de qué vinculación tienen las erupciones con los temblores y terremotos tan temidos por los mendocinos, Sruoga explica que “la actividad sísmica asociada con una erupción inminente refleja fenómenos de descompresión y ascenso de fluidos y se halla circunscripta al entorno inmediato del volcán. Los terremotos están directamente relacionados con la actividad tectónica y particularmente con el movimiento de fallas activas. En algunos casos hay superposición de ambos fenómenos y más raramente un terremoto puede disparar un evento eruptivo”. Y pone por ejemplo el terremoto de Valdivia de 1960 que estuvo asociado directamente con la erupción de los Nevados del Caulle, en el sur de Chile.

El Chaitén, en alerta roja

“El Chaitén tomó por sorpresa a los vulcanólogos chilenos y se transformó en una pesadilla que no se sabe cuándo va a concluir. La erupción comenzó siendo de tipo pliniana, es decir con formación de una columna eruptiva de 30 kilómetros de altura y desplazamiento de la pluma hacia el Este con caída de cenizas en Futaleufú y Esquel”, explica la experta respecto del despertar de un volcán se creía extinto.

Sruoga relata que “pasada esta primera etapa explosiva tuvo lugar el ascenso de magma con menor cantidad de gas y se emplazó como domos (una variante del estilo efusivo, la lava sale a superficie y no fluye como colada debido a su alta viscosidad). El mayor daño lo produjeron los lahares o flujos de barro debido a la combinación de abundante detrito suelto, intensas lluvias y pendientes pronunciadas”.

“Otro peligro importante son los flujos piroclásticos asociados con colapsos parciales del domo. Actualmente el domo, en realidad son tres, crece a un ritmo más lento y se estima que va en camino a encontrar un equilibrio. El monitoreo sísmico es permanente con instalación de nuevas estaciones pero continúa el alerta roja dispuesta por el SERNAGEOMIN”, señala la también petróloga.

Volcanes y cambio climático global

Sruoga descarta una la relación significativa  entre la actividad volcánica y el cambio climático: “Si bien la emisión de gases provenientes de los volcanes, SO2 y CO2 principalmente,  tienen efecto en la atmósfera, su contribución es menor con respecto a la principal fuente de contaminación, es decir, la antropogénica. El caso del volcán Tambora, de Indonesia, siempre se menciona en relación a esto porque luego de la erupción de 1815 el impacto climático fue indiscutible ya que se conoce como el año sin verano en el Hemisferio Norte, con disminución de temperatura y de radiación solar”,  apunta la vulcanóloga.

Patricia Rodón

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Opiniones (3)
3 de Diciembre de 2016|03:38
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3 de Diciembre de 2016|03:38
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  1. Toda la zona aledaña del Tupungato y Tupungatito, ha sido muy visitada por la gente del Club Andinista Mendoza, en diferentes años, algunos de ellos ya desaparecidos, pero, en la actualidad, hay algunos andinistas de mucha experiencia que pueden aportar sus conocimientos sobre los volcanes, que nos sacan el sueño. Gracias.
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  2. La nota es excelente. Deberíamos distribuis copias de la misma, en todos los establecimiento educativos de la provincia, no sólo para conocer nuestra situación como zona de riesgo, sino como conocimiento preventivo.
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  3. excelente el reportaje. E. Sosa
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