Maldición contra la familia Costa

Un hombre vestido con traje gris se aparecía con una regularidad casi familiar por la galería del caserón de San José, en Guaymallén. El abuelo, a quien hoy los testigos señalan como referencia de toda la historia, minimizó siempre el asunto y recién vino a echar algo de luz sobre esa presencia en medio de un Alzheimer, en el final de su vida.

Vicente Costa, el abuelo, vivió casi todo su matrimonio en una vieja casona que salía a dos calles, que aun está en pié –aunque como propiedad de otra familia- sobre Correa Saá.

Había llegado a la ciudad desde el campo, desheredado por “alta traición” a su familia, cuando enamoró y embarazó a la empleada doméstica de sus padres.

Sin embargo, ese no sería el mayor estigma de su familia: lo era una maldición que el apellido Costa cargaba desde el Viejo Continente, por cuestiones que jamás se lograron decodificar.

¿Qué tiene que ver aquel hombre vestido de impecable traje, sesentón, según las versiones con la maldición? Mucho, aunque esa relación sólo se ventiló hace una década, cuando el abuelo, poco antes de morir, lo reveló.

El fantasma

Aquel fantasma gentil aunque adusto, mudo e impecablemente vestid que pasaba por la galería a la que daban los dormitorios de la casona, no había sido –como el abuelo definió al mentirle a toda su familia- el espíritu del esqueleto con el que uno de sus hijos estudiaba medicina.

Esa había sido la versión que todos llevarían consigo, aun entrados en años. Los hijos de Vicente y sus nietos también, lo buscaron durante décadas, hablaban de él y abundaban en historias al respecto de difícil credibilidad.

De hecho, Tiburcia Ortiz, la abuela, murió habiendo sigo testigo de aquella presencia que, a ella y solo a ella, le molestaba, mientras que al resto de la familia le divertía. Nunca supo la verdadera función, digámoslo así, de El Hombre del Traje Gris.

Tomó así una denominación que, posiblemente, al promediar el siglo pasado alguien de la familia escuchó o leyó por allí, de alguna referencia al libro homónimo de Sloan Wilson, el autor estadounidense que, con el libro en cuestión, formuló lo que se considera  "una de las mejores creaciones de la cultura popular de los cincuenta".

La maldición

Luis Costa viajó en barco desde Europa. Lo esperaba “la América” para fundar una familia y venía acompañado por padres y hermanos cargados de esperanza.

Pero sobre todos ellos había caído una maldición, “culpa de su padre”, dirían luego. Luis llegó al puerto de Buenos Aires acompañado sólo por dos de sus hermanos. El resto de la familia enfermó y murió, uno tras otro, a lo largo del viaje.

Ya aquí, tras atravesar el país, Luis se radicó e hizo alguna fortuna. Las enfermedades le llevaron a su esposa y a dos de sus hijos. Y algo similar les pasó a sus hermanos: se pelearon “a muerte” por cuestiones vinculadas a las finanzas, pero más que nada, aseguran, “a la estupidez humana”. Luis supo que al menos dos sobrinos, uno por casa hermano, también perdieron la vida prematuramente.

Vicente fue uno de sus hijos sobrevivientes. Se enamoró de la empleada doméstica que tenían en la finca de San Martín y la joven quedó embarazada.

Esto los obligó a huir hacia Mendoza. Buscó trabajo urbano, lo consiguió y, con gran esfuerzo, lograron levantar la casona de calle Correa Saá.

El primogénito que originara la ira de la familia nació y creció junto a cinco hermanos. Pero dos de ellos murieron: uno pocos días después de nacer y la otra, no bien empezó a caminar.

Fue allí que Vicente retomó la idea de aquella maldición con que cargaba el apellido familiar, aunque evitó contárselo a Tiburcia, su esposa. Sacó cuentas: la suya era la tercera generación y la maldición incluía a cinco, en total.

Con los sobresaltos que sólo otorga salir de una tristeza para entrar en otra de dimensión mayor, transcurrieron nacimientos, enfermedades y muertes hasta que los hijos de Vicente repitieron la historia de la vida: se casaron y multiplicaron.

Los tres hijos que quedaban fueron padres. Los tres hijos perdieron un hijo cada uno y, así y todo, una veintena de nietos le regaló la golpeada vida a Vicente.

Pero la cadena no se había cortado: faltaba una generación más y él lo sabía.

La revelación

“Cinco generaciones de tu familia sufrirán por esto”, aseguran hoy los descendientes que fue el juramento de quien se vio traicionada y reaccionó, elaborando y profiriendo el maleficio.

Y así fue.

Vicente lo contó en medio de su laberíntica condición mental: el Alzheimer lo había transformado en un payaso para sus nietos, contando chistes repetidos, jugando como un niño, olvidando hasta su propio nombre.

Pero un día Vicente despertó con una extraña lucidez. Fue un domingo, delante de sus nietos, que lo adoraban. Bordeando los cien años de vida, contó todo: lo de la maldición, lo de las muertes que se habían producido. Abundó en detalles y apenas sus hijos y nietos atinaron a tomar nota o a darle crédito a lo que contaba.

Y allí les dijo, también, dos cosas muy importantes: “Falta una generación” y “por eso El Hombre del Traje Gris nos acompañó todos estos años”.

Aquel fantasma vestido como para ir a misa, siempre, no había sido el alma en pena de la baqueteada calavera del estudiante de medicina, sino la figura de una especie de “vigía” o “garante” del cumplimiento de la maldición. “Un lúgubre recordatorio”, lo explica hoy Sofía, una de las nietas que, para más datos, perdió a su hijo a los 45 días de nacer. Algo parecido de lo que les ocurrió, también, a 9 de sus primos.

 

Nota del autor: Se preserva la dirección exacta y los nombres reales de los miembros de la familia, por especial pedido. La historia es tal cual la relataron sus miembros. Las fotos son meramente ilustrativas.

Opiniones (6)
21 de agosto de 2017 | 08:44
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21 de agosto de 2017 | 08:44
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  1. Estimado Ariel me encantó esta nota. FELICITACIONES!!!
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  2. Sera algo del titular de OSEP? Personaje cercano al gnomo mencionado en el primer comentario. Maldición!!!
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  3. muyyyyyyyy buehhhhhhhhhhhhhhhhh el 1 er comentario:D jajajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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  4. tema divertido e interesante. me gusta este tipo de notas!
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  5. probablemente los causantes fueron los creyentes en el mapa del delito....pero el problema no es la maldicion q estamos recibiendo...sino q sus consecuencias pueden durar por generaciones
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  6. ¿Por qué no averiguan quién lanzó la maldición sobre Mendoza para los que vivimos entre 2008 al 2011? Y si el extraño gnomo de grandes orejas que aparece por la casa de gobierno está relacionado con la maldición? Esperemos que la maldición caduque a los cuatro años, porque si no sólo quedará el recuerdo de lo que fue la provicnia.
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