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Así se vive el rally Dakar desde adentro

El diario La Nación compartió una jornada de pruebas con el piloto mendocino Orly Terranova, que cuenta con mayores posibilidades en la competencia para 2010.

Habla despacio, como si la tranquilidad que refleja cada uno de sus movimientos contagiara también a esa voz de acento provinciano. Al verlo sentado al volante, parece difícil creer que ese muchacho de trato amable sea el mismo que luego controlará con elegancia los bríos de un auto cuya potencia impresiona. Sin embargo ahí está él, Orlando Terranova, dispuesto a llevar a La Nacion como copiloto en una prueba a bordo del Mitsubishi Racing Lancer del equipo francés JMB Stradale, con el que el mes próximo disputará el Dakar Argentina-Chile 2010. 

Desde temprano, el auto esperaba en el predio de Arawak, un circuito de prueba de vehículos todo terreno, en Pilar. La puerta abierta del Lancer dejaba ver una calcomanía con una frase sugerente: "La diferencia entre hombres y niños está en el precio de sus juguetes". El sticker, heredado del español Joan "Nani" Roma, quien condujo este mismo chasis en el Dakar 2009, no desentona con el alarde tecnológico de este auto, con el que Mitsubishi espera volver a la victoria tras dos años de sequía. 

Tras una espera cargada de ansiedad, llega el momento de subir a bordo. Luego de superar la dificultad que supone ingresar al auto "esquivando" los caños de la jaula de seguridad, nos acomodamos en la butaca derecha. Laurent, el fiel mecánico que supervisa cada uno de los movimientos del auto, se acerca para ajustar el cinturón de seguridad, tras lo cual sólo se pueden mover los brazos y las piernas, de la rodilla para abajo. 

Orly saluda con un apretón de manos y detiene el motor para responder con explicaciones a nuestra mirada curiosa. No es para menos, ya que lo que nos rodea poco tiene que ver con aquellos habitáculos austeros de los coches de rally de hace unos años. Palancas e indicadores inundan el espacio por doquier. Dominante, frente a nosotros, están dos relojes con sus botoneras de números y una llamativa pantalla LCD, con la que se controla prácticamente todo lo que le sucede al auto, desde la temperatura y presión de aceite hasta el estado de los neumáticos, lo que antes sólo se podía chequear descendiendo del vehículo. Es de imaginar que, en carrera, el francés Pascal Maimon, copiloto de Terranova, ha de tener demasiado trabajo operando estos instrumentos. 

Ansioso por acelerar, Orly detiene la explicación. "Cuando paremos te muestro todo con más detalle", dice y aprieta el botón que pone en marcha el motor naftero de su Mitsubishi, que reemplazará desde este Dakar al clásico impulsor diesel de la firma. "Nos decidimos por éste porque nos da un poco más de velocidad", explica el piloto. 

Pone primera y el auto empieza a moverse. La primera sensación es de asombro ante la fuerza de esos 300 caballos de potencia que empujan con vehemencia los 1900 kilos del vehículo. Firmemente sujetos al asiento, sentimos cómo el auto responde fielmente a los mandos del piloto. Lanzado a velocidad sobre el barro acumulado tras las lluvias, Orly se las ingenia para "sacudir" al Mitsubishi de un lado al otro y así esquivar los árboles, barriles y varas que delimitan el camino. Los casi 100 km/h que alcanza el auto parecen muchos más en medio de tanto movimiento, aunque las condiciones del suelo no se llevan del todo bien con tanta potencia y cada curva es una posibilidad concreta de hacer un trompo. Con astucia, el mendocino supera cada uno de esos retos hasta que en un momento no puede evitar salirse del camino. Pasa una fracción de segundo desde que vemos aparecer una varilla con un cono naranja frente a la trompa del Mitsubishi hasta que el cono vuela por el aire. Como si fuera una señal para despertar su espíritu aventurero, Orly decide que ya no respetará el circuito prefijado y atraviesa un sector de césped buscando mayor aceleración. "El suelo resbaladizo no es el ideal para la mejor tracción", se justifica. "Con piso seco, el auto se puede sentir mucho mejor", aclara. 

Tras unos cuantos sacudones y derrapes más, la prueba finaliza y Orly se dirige a la carpa que hace las veces de box, al costado del circuito. El clima del habitáculo no ha cambiado en nada: ni el calor del motor ni el polvo del camino han logrado hacerlo incómodo gracias a los filtros y al aire acondicionado. 

Siempre atento, Laurent se acerca para abrirnos la puerta, desajustarnos el cinturón y ayudarnos a salir, mientras Orly sonríe y nos saluda con la mano. Ya desde abajo, miramos al auto nuevamente, una y otra vez, maravillados ante semejante nivel tecnológico. La hora de la verdad está a la vuelta de la esquina y hacia allí apunta Terranova. El Dakar, con sus innumerables retos, espera una vez más a este mendocino amable y aventurero, con sed de victoria. En sus manos tiene la herramienta con la que sueña conquistar la gloria.
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8 de Diciembre de 2016|15:16
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