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Violencia en Rodeo de la Cruz: nadie es inocente

Tarde triste para el fútbol de Mendoza. Guaymallén y Gimnasia empataban 1 a 1 en un entretenido partido. Fue suspendido a los 30' del primer tiempo por falta de garantías.

Una vez más los hinchas confunden alentar con pelear y aguantar con destrozar. Los policías equivocan el camino, no hacen lo que tiene que hacer y así el cóctel está completo. El partido de fútbol queda marginado y la suspensión es inevitable.

Así pasó ayer en Rodeo de la Cruz donde un par de entupidos hinchas de Gimnasia iniciaron la mecha y del otro lado los del Cacique no fueron menos y acabaron con el espectáculo. Los uniformados que habían planteado mal el operativo desde el inicio no tardaron en reprimir y completar el impresentable cuadro.

Mirar para otro lado


Todas las partes que intervienen en el deporte-negocio tienen responsabilidades en lo que está pasando. Nadie puede hacerse el distraído. Ni los políticos, ni los policías, ni los dirigentes, ni los periodistas, ni los futbolistas, ni los hinchas. Lo que en un tiempo fue parte del folklore futbolero, hoy es una gran industria. ¿Cómo funciona? Sencillo: quienes dominan a la hinchada de su club participan con métodos delictivos en el negocio a través de diferentes actividades. Comparten con la policía, por ejemplo, los estacionamientos en las proximidades de los estadios. Reciben plateas para revender y dinero para comprar sus “trapos” o financiar sus viajes.

 Los dirigentes y algunos jugadores, muchas veces por temor, participan de esta sociedad casi mafiosa. Como también lo hacen policías y políticos. Esto ocurre en todos los clubes, desde los más grandes hasta los más. Y el círculo se cierra porque la mayoría de los hinchas, esos que sólo pretenden disfrutar de un partido de fútbol, no hacen nada –algunos porque no pueden, otros porque no quieren-- para tratar de solucionar el problema.

Así y mientras esto no se corte de raíz difícilmente habrá un escenario a disposición para dichos partidos. El problema no es siempre de la cancha de Guaymallén de Gimnasia o de Luján, el problema son quienes entran aun estadio dispuestos a amargarle la tarde a cientos de pares. Con un buen operativo policial y evitando que ingresen los que no tienen que entrar se puede jugar en cualquier estadio sin necesidad de darle horas extras a 1.000 efectivos policiales.

Porque tenemo’ Aguante….

El Aguante es un capital simbólico. Sólo se considera hombre a aquel que lo tenga. “Los hinchas se lo conceden a aquellos compañeros que demuestren su saber físico en una lucha corporal contra las hinchadas rivales", dice el antropólogo José Garriga Zucal en "Hinchadas", un libro de investigaciones del  sociólogo Pablo Alabarces.

El aguante está mucho más asociado a la capacidad para resistir el dolor que a la fidelidad por los colores. El que no se la banca no recibe entradas de favor, no tiene acceso a los beneficios de pertenecer. "Estar loco y de la cabeza a partir del consumo de alcohol y drogas los nutrirán de honor y prestigio entre sus pares", continúa Garriga Zucal.

Tener aguante, no temerle a nadie y estar "re loco" son los imprescindibles requisitos para ser incluido en la barra.  El aguante se ha privatizado gracias a los propios dirigentes de los clubes y a los referentes políticos que recurren permanentemente a sus servicios de protección y aprietes, según publica Juan Pablo Varsky en su columna.

Con educación, se atacan las causas de este drama. Llevará mucho tiempo, es una cuestión de largo plazo. Con justicia y gestión, se atacan los efectos. Aquí sí se demanda una urgente intervención del Estado y de la AFA o el Consejo Federal. Nuevas leyes, reestructuración del fútbol y voluntad política para llevar adelante las reformas. Mientras tanto, usted aguante.

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