Fernando Lorenzo, el documental

Hoy, a las 22.10, en el Cine Universidad, se estrena la cinta "Fernando Lorenzo, extranjero en su tierra", dirigida por Ulises Naranjo. El trabajo recorre la vida y la obra del poeta a través de entrevistas, videos y fotografías.

Hay notas que deben ser escritas en primera persona. Con una voz que, con sus virtudes y defectos, intente acercar más la pura y dura información de la noticia. Cualquier otro uso de la palabra sería una impostura y sonaría irremisiblemente artificial.

Y ésta es una de esas notas porque su protagonista es Fernando Lorenzo, un enorme poeta que me honró con su afecto; porque quien lo trae a la vida de las imágenes es Ulises Naranjo, otro devoto de la palabra y del afán de registrarlo todo y porque personas que quiero y respeto burlan con los recuerdos de Fernando esa ausencia afónica que nos viene lastimando desde su muerte.

Esta noche, a las 22.10, en el cine Universidad (Lavalle 77, Ciudad) se estrena el documental Fernando Lorenzo, extranjero en su tierra, soñado durante años por Ulises y finalmente concretado ahora.

Me consta que los 68 minutos de la cinta son apenas una traducción de cientos de imágenes de Fernando, de intensos diálogos, de chistes tontos, de ríos de cerveza y vino, de pequeños encuentros cotidianos, de deslumbramientos verbales que Ulises soñó con registrar. Quiso fijarlos por egoísmo, para no perderlos él mismo; quiso capturarlos animado por el puro espíritu de cuerpo que atraviesa a los poetas; quiso tenerlos para generosamente regalarlos, compartirlos con los mendocinos y difundir la obra de un poeta al que la muerte no puede mejorar.

Fernando Lorenzo es uno de los grandes poetas de Mendoza. Que nos haya tocado compartir un lugar de trabajo y miles de poemas, que él nos eligiera para trasnochar, para reírse con nosotros y de nosotros, para aburrirnos juntos o maldecir en español castizo las tropelías de los imbéciles con poder; que su inteligencia verbal nos hiciera estremecer de placer sólo fueron parte de un feliz encuentro que ninguno de nosotros terminará nunca de agradecer.

Esta es, creo, la intención oculta de Ulises, quien a través de la reunión de decenas de fotografías inéditas, una entrevista a Fernando y la suma de un puñado de testimonios, procura que la palabra “del Fernando” siga resonando, molestando, deslumbrando a más de doce años de su fallecimiento.

Así, en este documental Carlos Levy, Julio Gónzalez, Luis Abrego, Graciela Díaz Araujo, su hermana Isabel, su hijo Ramiro y yo, le hablamos a la cámara de Carlos Canale, mientras Ulises nos pregunta cosas y da vueltas a nuestro alrededor. Mientras  tanto, cada uno de nosotros recuerda anécdotas, lo describe torpemente y se maldice por haber olvidado momentos que juraría estaban ayer detrás de la lengua.

Pero basta. Como en un juego, que a Fernando le hubiera parecido un ejercicio inútil, le pregunté a Ulises acerca de algunas ideas que merecer ser leídas sin mi interpretación personal que en este caso, lo confieso, es al menos tres veces subjetiva.

- ¿Por qué elegiste documentar la vida y la obra de Fernando?
 
- Porque es uno de los escritores más importantes de Argentina, porque fue mi amigo y maestro y porque los mendocinos somos muy ingratos con quienes se van dejándonos el mejor tesoro simbólico que puede recibir un pueblo: capital simbólico. Fernando vivió y murió como un extranjero en su Mendoza, un lugar donde por momentos, le costó mucho mirar al cielo.
 
- ¿Qué sentiste, qué pensaste cuando le hiciste aquella entrevista?
 
- No podía sentarme a grabar con él sin hacerle, desde mi admiración, preguntas fundamentales, porque siempre encontraba en él respuestas fundamentales. La vida, la muerte y la literatura fueron el centro de nuestra charla, una de tantas, sólo que aquella vez la grabamos.
 
- ¿Cuál es su lugar, según tu criterio, en la historia de la poesía mendocina?
 
- Fuera de los poetas más populares como Tejada Gómez, Fernando es junto a Ramponi el exponente más grande de Mendoza y uno de los más importantes de la Argentina.
 
- ¿Cómo organizaste el documental? ¿Cuáles fueron los criterios periodísticos y visuales?
 
- Lo primero fue definir el conflicto que quería plantear. Y no tuve dudas al respecto: ¿cómo es posible que un escritor mendocino con el tamaño y la profundidad de Fernando Lorenzo no sea conocido en Mendoza? ¿Por qué nos pasa esto a los mendocinos? Después, me puse a investigar su vida y su obra. No es fácil investigar la vida de una persona, a la vez, discreta y exquisita. Y tampoco lo es investigar la obra de alguien que publicó pocos libros y los pocos que publicó no se consiguen. Por suerte, nuestra amistad y el mutuo amor con la familia Lorenzo facilitaron las cosas, además de la participación de sus amigos en la reconstrucción de su prolífica vida.
 
- Quienes aparecen en el corto hablan de Fernando desde la amistad, los afectos familiares o la literatura. ¿Qué aspecto es el que vos destacarías si te hubieras dado voz en el documental?
 
- Qué pregunta rara… Hubiese hablado de él como poeta, como dramaturgo de lo absurdo, como practicante del humor negro y de la seducción y también de su contrato como enemigo perpetuo de la estupidez humana. También hubiera hablado de Fernando como un maestro de los por entonces escritores jóvenes que éramos y de nuestras largas y muchas noches de bares, charlando de literatura, claro.
 
- ¿El afecto que sentiste por él, ¿fue un cómplice, una inspiración o una trampa?
 
 - Yo tomo este trabajo como una forma de agradecimiento, de homenaje a un hombre fundamental de nuestra cultura. Me he sentido muy emocionado y feliz haciéndolo, sobre todo en las muchas noches que también comparto ahora con su hijo Ramiro Lorenzo, con su hermana Isabel y con su cuñado, el poeta Julio González, cantando sus canciones y dejándonos invadir por los recuerdos. También fue muy intensa la edición del trabajo, que hice con Verónica Gai y Carlos Canale.
 
- ¿Qué aprendiste de Fernando?
 
- Aprendí de literatura, conocí en vida a un escritor que vivía cada minuto de su vida como un escritor, un tipo coherente, profundo y sabio. Aprendí también a reírme más de mí mismo y de la raza. Aprendí que no hay que escribir ni publicar cualquier cosa, que es mejor el silencio que el sonido de las palabras; que un libro es algo muy serio y que sólo publicaría cuando sintiera que realmente se tratara de un aporte. Y también que no hay que perder la elegancia, ni siquiera cuando uno está muriendo.
 
- ¿Qué querrías que se recordara, valorara, de su figura creadora?
 
- En primer lugar, quisiera que la Secretaría de Cultura se ocupara de publicar las obras completas de Fernando. Al menos, empezar el año que viene con la publicación de su obra poética. Este será un gran paso para que Fernando sea valorado por muchos. Si sus libros están en las escuelas y en las bibliotecas, será más fácil que su maravilla se difunda. Se trata de un hombre imprescindible para nuestra cultura y, como tal, debiera estar más presente, más a mano. En este sentido, ojalá en algo colabore este documental que estrenaremos y por el que agradezco profundamente a todos los que ayudaron a que viera luz.

Patricia Rodón

 

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