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Ginóbili, futuro embajador de la Unicef.

El bahiense, dijo que sus colegas de la NBA no conocían nada de nuestro país y que ayudó marcándolo en el mapa.

Tuvo que jugar 101 partidos en ocho meses (incluyendo la pretemporada, la fase regular y los playoffs) para ganar su tercer anillo de campeón. Hace un mes volvió al país y no paró un segundo. "Quiero hacer demasiadas cosas cada vez que vengo. Uno trata de encontrar el tiempo para darles el valor que se merecen", explica, en la nota publicada por Olé. ¿Vacaciones? Apenas dos semanas en las playas de la Polinesia con Marianela, su mujer hace tres años, después de barrer a Cleveland en la final. Manu Ginóbili también es eléctrico sin la ropa de los Spurs.

-¿Qué pensaste en el primer momento que estuviste solo después de conseguir el título?

-Cuando me alejo un poco de la euforia trato de mirar afuera. Y realmente no puedo creer que haya ganado el tercer título en cinco años. Me pone la piel de gallina que se hable de los Spurs como una dinastía y que yo sea uno de los tres grandes protagonistas. Trato de disfrutarlo mucho, sobre todo en las vacaciones, porque cuando empieza la temporada te olvidás de eso y querés ganar otro. Cuantos más anillos tenga, más feliz voy a sentirme.

-¿Cuánto tiempo aguantaste en las vacaciones en la Polinesia sin prender la computadora?

-Jaja. Nunca estoy sin la computadora. Muchas veces no es para meterme en Internet, bajo fotos de las vacaciones o les cuento a mis amigos lo que estoy haciendo, siempre la uso para algo. Hace poco estuve dos días en Sierra de la Ventana y fue la primera vez que me separé de mi computadora. Era como que me faltaba algo...

Cuando sube al avión de los Spurs no le piden que apague la computadora. Y tampoco lo hacen llevar la valija. Esos lujitos lo maravillaron desde que aterrizó en San Antonio en el 2002, cuando lo sacaron del aeropuerto en una limusina blanca y lo dejaron en la suite presidencial de un hotel. "Tengo una cama con techo, cuatro baños y un piano de cola. Si acá no la emboco, me pegan una patada que termino en Bahía", le dijo a su papá.

-¿Todavía te sorprende algo del mundo NBA?

-La organización me sorprendió en los primeros años. Ahora ya no porque lo vivo a diario. Quizás Fabri (Oberto) me comenta algo que a esta altura me parece normal. De afuera no se puede entender el manejo que tiene una franquicia con el jugador. Es un lujo. -Con vos hubo una pequeña falla. Cuando llegaste a los Spurs habías elegido el 6 y te presentaron con esa camiseta...

-En Andino de La Rioja, con el que debutaste en la Liga Nacional, pasaste siete meses sin cobrar. ¿Qué te compraste con el primer sueldo?

-Un par de remeras y un jean, nada especial. Uno entra a esta carrera sin saber cuánto tiempo puede jugar y cuánto va a durar la plata, así que siempre tuve la mentalidad de cuidarla.

-Michael Jordan ganaba fortunas con su línea de zapatillas. ¿Te ves metido en ese negocio?

-Sí. Estamos hablando con Nike, pero quiero que la ropa sea accesible para toda la gente, no sólo para la clase alta. No digo que un par de zapatillas mío va a valer 100 pesos, pero se puede conseguir un buen precio y luchamos por bajarlo más.

-Después de un incidente con Tim Duncan hubo acusaciones contra árbitros blancos por supuesta discriminación hacia jugadores negros. ¿Te miran distinto por ser blanco y latino?

-Me sentí menospreciado de entrada, pero no lo tomaba como una ofensa. Era un chico blanquito y flaco que llegaba a un mundo totalmente nuevo. Hay que ganarse el respeto de los demás. Por eso quería comerme la cancha y demostrar que merecía estar ahí.

-¿Tus compañeros de la NBA conocían algo de Argentina cuando llegaste? ¿Pensaban que la capital era Río de Janeiro?

-No tenían ni idea... Y tampoco me hacían preguntas. Allá, como sociedad, no les interesa mucho lo que pasa fuera de su país. De chicos no les enseñan esa cultura. Popovich sabía algunas cosas porque es un tipo de mundo. Creo que ahora deben saber algo. Cuando veo un mapa les señalo dónde está nuestro país… Por lo menos colaboré en eso. Les enseñé dónde queda Argentina.

-¿Qué hubiera sido de tu carrera si en vez de caer en un equipo armado como San Antonio te hubiera tocado uno débil?

-Vaya uno a saber... Si llegaba a un equipo como Atlanta quizás no hubiera salido campeón nunca. Tuve la fortuna de caer en el lugar justo y colaborar con mi granito para que se ganaran tres títulos. En un equipo malo me hubiera puesto las mismas metas, tratando de hacerlo mejorar y llegar lo más alto posible.

-Con tu nivel abriste puertas. ¿Qué tienen los jugadores argentinos para que haya seis en la próxima temporada?

-Lo veo como un gran logro de una camada brillante de nuestro básquet. Ni el más optimista lo hubiera imaginado hace diez años. Además hay que tener en cuenta la participación de cada uno en su equipo. No estamos de relleno o para cumplir. Todos tenemos una actuación destacada.

-Hace diez años, cuando todavía no había argentinos en la NBA, tu sueño era vivir del básquet. ¿Te imaginabas cumpliendo 30 con tanto éxito y el futuro asegurado?

-No, imposible. Me imaginaba con algún campeonato en el básquet europeo. Son chances que se dan y uno las toma. Tengo mucho más de lo que me imaginaba. Pero los 30 años no me pegan porque me siento bien en lo físico. Sigo con las ganas de siempre.
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