A veinte años de su destrucción, la pregunta: ¿dónde están los restos del muro de Berlín?

La búsqueda se expone por estos días en Berlín.
Los restos fotografiados pueden verse en el Ministerio del Exterior alemán acompañados de entrevistas a los "nuevos propietarios" del concreto comunista.
Mirá las fotos de los muros ficticios hechos en distintos países para conmemorar el aniversario.

En su búsqueda del muro, el fotógrafo Hartmut Jahn llegó al rancho del ex presidente Ronald Reagan en los Estados Unidos, al Vaticano, al Jardín Zen de Japón y a una residencia privada de Ibiza, en España.
 
Es que tras la decisión que en diciembre de 1989 tomó el gobierno de la República Democrática Alemana (RDA) de derrumbar la muralla, algunos de sus bloques de 3,60 metros de alto y 1,20 de ancho se regalaron. Por ejemplo a Reagan, en reconocimiento al éxito de su política anticomunista.

Otros se vendieron: 81 bloques de concreto especialmente atractivos por sus grafittis se subastaron en 1990 en Montecarlo, con un precio base de 50.000 francos (equivalentes a unos 5.000 euros – 9.000 dólares de hoy).

Al empresario alemán Olaf Stölt, el no estar en Berlín cuando cayó el Muro no le impidió llevarse un fragmento a Ibiza. Allí lo integró a su magnífica residencia, como testimonio histórico para los habitantes de la isla, según asegura en la entrevista.

Muchos fragmentos de Muro están en los Estados Unidos: se los puede ver en el Museo del Muro - Archivo de la Guerra Fría de Los Angeles, o en la Biblioteca y Museo presidencial Franklin D.Roosevelt, en el Hyde Park de Nueva York, entre otros sitios.

Edwina Sandys, escultora y nieta de Winston Churchill, conserva uno de los bloques en Westminster College de Missouri, donde en 1946 su abuelo acuñó, en un discurso sobre la expansión del comunismo, la célebre expresión "cortina de hierro".

El muro se usó para monumentos históricos, piezas decorativas o artísticas y también para trofeos y souvenirs, como los miles de pequeños fragmentos de autenticidad discutible que se pueden comprar por monedas en cualquier casa de souvenirs de Berlín.

"Todo lo relacionado con el muro es comerciable, aunque la gran mayoría de las cosas que se venden no haya nacido con ese fin", sintetiza Dario Ziesmer, berlinés que cobra por guiar turistas por el trazado del muro, que en el suelo de la ciudad está señalado con una doble línea de adoquines.

Desde su caída, los bloques se convirtieron en el botín más visible y concreto de la Guerra Fría, que a diferencia de la guerra que la antecedió no concluyó con apropiaciones territoriales. Pero el capitalismo se lo devoró, haciendo de él una mercancía.

En Berlín, mientras tanto, quedan algunos restos en pie de los 45 kilómetros que tenía la sección más ampulosa, la que dividía la ciudad.

Fuente Infobae.
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