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Ortega, atrapado entre su pasión por el fútbol y las adicciones

El Burrito entrenó hoy a la par de sus compañeros, aunque su continuidad en River depende de un tratamiento ambulatorio para combatir su adicción, que el jujeño se comprometió a afrontar.

Cada vez que Ariel "Burrito" Ortega ingresa al campo de juego con la camiseta de River Plate el estadio "Monumental" estalla. A los 35 años, es referente, guía y pieza indispensable del equipo "millonario", pero su adicción al alcohol lo volvió a poner ante una encrucijada: el fútbol o el retiro.

Los últimos días arrasaron como un temporal la rutina que se había forjado con esfuerzo el "Burrito", luego de la crisis de 2008 en la que Diego Simeone lo había separado del plantel de River y terminó en un equipo de segunda división.

Ahora, Ortega volvió a faltar a algún entrenamiento, se lo vio de regreso en la vida nocturna porteña con varias copas de más y el fin de semana pasado pidió no jugar por "problemas anímicos", a la vez que deslizó la posibilidad de poner fin a su carrera profesional.

Pasada la tormenta, el lunes regresó a River y pidió entrenar. Pero el técnico "millonario", Leonardo Astrada, ejerció su papel de "Jefe" y le planteó en una extensa charla que para volver a jugar primero debería someterse a un nuevo tratamiento de rehabilitación. Se reunió también con el presidente de River, José María Aguilar.

"No sé lo que voy a hacer. Cuando lo sepa, lo comunico", fue su respuesta ante la demanda periodística.

El "Burrito" finalmente aceptó y hoy entrenó junto a sus compañeros. Se vistió con la ropa deportiva y salió a trotar por las instalaciones del club en la localidad bonaerense de Ezeiza.

El tiempo dirá si esta vez es la definitiva, ya que los tratamientos anteriores no surtieron un efecto duradero. El que inició por "orden" de Daniel Passarella en 2007 primero fue ambulatorio y no tuvo mayor éxito, por lo que luego se sometió a uno más intenso en Chile.

Otra recaída durante la dirección técnica de Simeone, tras ganar el Clausura 2008, lo volvió a alejar de la primera división y de su amor: River Plate.

El paso de los años y la vida activa de jugador profesional lo apremian. "Los que lo queremos de verdad, lo vamos a esperar. Yo lo vi bien, un poco triste por la situación que vive. Tiene la intención de seguir jugando, pero primero debe estar bien", afirmó su amigo y veterano compañero Matías Almeyda, quien a los 35 años regresó a River tras superar una depresión.
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