Psicoanálisis, arte, malestar en la cultura

El psicoanalista Gerardo garcía ofrecerá una conferencia el sábado, a las 11.30, en la Feria del Libro.

"Psicoanálisis, arte, malestar en la cultura. El enigma en el cuadro dado vuelta en las Meninas", es el título de la conferencia que, en el marco de la Feria del Libro, ofrecerá el sábado Gerardo García.

García es fundador de Escuela freudiana Mendoza . Su presentación será desde las 11.30, en el ECA.

Es médico, psicoanalista, dedicado a la práctica del análisis desde 1974. La transmisión del psicoanálisis constituye uno de sus intereses fundamentales interrogando particularmente el vínculo entre psicoanálisis, arte y malestar en la cultura. Su enseñanza se ha hecho extensiva a distintos lugares del país ya sea bajo la forma de seminario o en intervenciones y publicaciones diversas. Ha sido A.M.E. de la Escuela Freudiana de la Argentina e integrante de la Fundación del Campo Lacaniano. Comprometido en la formación de analistas, funda en 1995 la Escuela Freudiana-Córdoba, siendo Director de la misma en cuatro períodos.

Los seminarios que ha dictado en los últimos años son:

 El retorno a Freud (1995),
 La práctica en las psicosis (1995),
 El amor y el discurso en la práctica analítica (1996),
 Deseo y fantasma en las estructuras clínicas (1997),
 Lectura y comentario del seminario la angustia (1998),
 La elección de sexo (1999),
 Los fundamentos del psicoanálisis (2000),
 Lacan, Foucault, Blanchot. “¿Y ahora quién? ¿Y ahora cuando? ¿Y ahora dónde? (2001),
La metamorfosis del objeto (2002)
El lugar del analista en la cura (2003),
Nuevas conferencias sobre Lacan, Foucault, Blanchot(2004)
La angustia y el duelo (2005-2006)),
De la angustia al duelo (2007-2008).

Publicaciones recientes:
La metamorfosis del objeto, Alción, Córdoba 2004.
La psicoanàlisi ,UOC, Barcelona 2005.
Teoría psicoanalítica: reflexiones para la intervención clínica, Autores varios   UOC, Barcelona 2006.
El psicoanálisis y los monstruos, UOC, Barcelona 2007.
No Matar. Debate sobre la responsabilidad. Autores varios. Editorial U. N. C. Córdoba2008.

¿Podría brindarnos su punto de vista de qué es lo que lo inclinó por el psicoanálisis?

Las razones son diversas, pero de alguna manera ustedes me preguntan por la puerta de entrada. Recuerden que una puerta puede estar abierta o cerrada.
Es curioso que cuando se dice que una puerta da a alguna parte es una puerta clausurada, incluso condenada. A una puerta se la puede derribar incluso estando abierta. Como decía Alphonse Allais, esto es tonto y cruel.

La puerta es, por naturaleza, de orden simbólico, y se abre a algo que no sabemos si es real o imaginario. La apertura regula el acceso en el cual siempre se reconocerá el paso del hombre a alguna parte.

En esa línea se ubica aquello que motivó mi pasaje al psicoanálisis hace más de 30 años. Era por entonces un joven psiquiatra, a pesar de lo cual tenía ya una práctica intensa con la psicosis.   Por tal razón fui llamado para internar un paciente, con un cuadro de excitación maníaca que residía en el interior de la provincia de Córdoba. Partí por la noche, la distancia era muy marcada y llegué de madrugada. El hermano del paciente me aguardaba en un pequeño vehículo; yo iba con mi maletín de médico, portando en su interior lo que se llamaba en la jerga de la residencia  de psiquiatría, la triple, una mezcla de inyectables que se usaba en ocasiones de excitación psicomotriz.  El hermano del paciente había advertido cuando se comunicó con la guardia del hospital de la peligrosidad del paciente. En el trayecto, que recorrí en compañía del hermano, me fue reforzando tal situación. Padecía un estado de agitación extrema y era tal su fuerza que la última vez para poder internarlo habían tenido que recurrir a los bomberos y la policía, que en esta ocasión se habían negado a esa posibilidad. Recordé una película de Herzog,  Aguirre, la ira de Dios, donde la cámara permanecía fija mientras los soldados descendían desde la montaña hacia el río, escena que se prolongaba como un lento descenso a los infiernos.

Finalmente, cuando llegamos, me sorprendió que los padres estuvieran durmiendo en una cama  de hierro a campo abierto, mientras el hijo  encerrado en el interior de la casa gritaba y vociferaba.  Un paisaje después de la batalla. Cuando me acerqué a la puerta,  - lo supe sólo después -ya me había olvidado del maletín para siempre. La persona desde el interior de la casa gritaba: ¨ ¡Denme la palabra, denme la oración!¨ con gran exaltación.  Se me ocurrió responderle: ¨ La palabra es suya ¨,  lo que motivó que abriera la puerta para dejarme entrar y cerrarla inmediatamente, luego de que yo ingresara.

Por entonces hacía ya un tiempo que frecuentaba a Freud,  pero ese episodio me hizo evidente  la virtud de la palabra. Atravesar esa puerta fue correlativo al pasaje desde el discurso de la medicina, al discurso del psicoanálisis.

¿Qué aspectos rescata de esta forma de abordar lo que en la vida cotidiana se llama “psicológico”?

La pregunta me lleva a un recuerdo que se enlaza con el interrogante anterior. Cuando era niño, tenía cinco años aproximadamente, encontré un bebé abandonado bajo una cuneta y avisé corriendo a mis padres, que reanimaron al recién nacido. Esa criatura vivió en casa durante unos meses. La madre comenzó a visitarlo periódicamente hasta que finalmente, se decidió por su crianza. Durante años pasaba luego por casa para conversar un rato y para mostrarnos el crecimiento del niño. En psicoanálisis, no se trata de mirar el mundo y menos aún, de establecer juicios de valor. Se trata de escuchar al otro en su precariedad. Las preguntas sobre la vida, la muerte, los orígenes, la diferencia de los sexos, son siempre las mismas, lo que cambian son las respuestas. Pero no hay que considerar al psicoanálisis como un instrumento para interpretar el mundo, sino sería equivalente al maletín al que  hice referencia. Es una práctica singular con relación al malestar.

Actualmente: ¿Qué actividades lleva a cabo como psicoanalista?

Justamente tal práctica me lleva la mayor parte del tiempo, lo que no considero algo esforzado dado que sigo animado por el entusiasmo, o bien por lo que podemos llamar teóricamente el deseo del analista.

Estoy corrigiendo para su publicación el seminario que dicté los dos últimos años, que se titula De la angustia al duelo.

La transmisión del psicoanálisis es una de mis prioridades y me interesa su articulación con el arte. Los últimos meses estuve escribiendo un ensayo sobre Velázquez que presenté en Sevilla. Parte del mismo es el que ahora expondré en Mendoza.

Frente a ciertas opiniones y teorías que ponen al psicoanálisis en la mira de abundantes objeciones y críticas, frente a la abundancia de nuevas teorías y terapias denominadas “eficaces o breves” ¿Cuál es su opinión?

Hablé de la virtud que asigno a la palabra, pero a la vez, como decía Nietzsche, las palabras necesitan andar mucho tiempo.

El psicoanálisis es un lazo social nuevo, un discurso que tiene sólo un siglo de existencia y de las posibilidades de su desarrollo  podría ubicarse  un porvenir más favorable.

Las terapias breves pueden tener sus indicaciones, pero con el malestar no hay que andar con prisa. Hay un tiempo del otro que hay que respetar, sino se puede ejercer, quizá sin proponérselo, cierta violencia y es justamente lo que se debe evitar.

En la actualidad se asiste a lo que muchos denominan “nuevas patologías”, cuadros o presentaciones sintomáticas quizás no vistas antes o que están en  marcado incremento: ¿Cuál es su postura y sumado a esto cuál sería el alcance del psicoanálisis?

Las patologías de la modernidad están ligadas fundamentalmente a la soledad y a la incomunicación. Paradójicamente en un mundo donde proliferan los instrumentos ligados a la comunicación como el celular y el ordenador, sin embargo, lo que prevalece es la dificultad de contactarse, de hacer que un encuentro tenga condición de acontecimiento. Esto dificulta las posibilidades del amor y el deseo, lo que conlleva  al cinismo social que acompaña a la época.

Usted ha viajado por el mundo llevando el psicoanálisis por diversos ámbitos: ¿Cuál ha sido su experiencia en esto?, ¿Qué lugar tiene el psicoanálisis fuera de la Argentina? ¿Cuál es hoy por hoy el lugar y la función que le incumbe al psicoanálisis y más específicamente a los psicoanalistas frente al malestar actual?

La experiencia es una hermosa palabra y podemos decir que lamentablemente lo actual está despojado de la dimensión de la experiencia. Un romántico del siglo XIX podía suponer que fumar opio podía constituir un registro experiencial, pero la actual toxicomanía de masas vuelve ilusorio que el consumo constituya un campo de experiencia. También se asiste a la pérdida de la dimensión del juego y se lo ha transformado también en algo masivo.  El capitalismo no es un discurso y dificulta el lazo social lo que hace que asistamos a que el síntoma moderno por excelencia sea que el sujeto no esté dividido por la experiencia, sino que sea simplemente un individuo. En los países donde prevalece esta nueva forma de totalitarismo son aquellos en que el psicoanálisis tiene menos posibilidades de difundirse. Las patologías del vértigo y de la rapidez hacen a la dificultad de escucharse.

Sabemos que usted es fundador de la reciente nueva escuela que tiene la provincia de Mendoza, nos referimos a la Escuela Freudiana de Mendoza. ¿Cómo vive esta experiencia?, ¿Cómo cree que están trabajando aquí en este espacio?

Vivo esta experiencia con una gran alegría, pero también implica una gran responsabilidad. Se está trabajando uno de los seminarios que he dictado con anterioridad titulado Deseo y fantasma y a la vez se van abriendo espacios nuevos en el interior de la Escuela que sigo muy de cerca pero a la vez tratando de intervenir lo menos posible. Se acomoda a mi forma de pensar la transmisión que las experiencias tengan su propia autonomía. Considero fecundo que las cosas precipiten a su tiempo. Hace años que intento transmitir un estilo de enseñanza en Mendoza y la fundación de la Escuela se inscribe en ese estilo y en esa enseñanza. La vitalidad, la energía, el conocimiento y la inventiva con que la gente de Mendoza lleva a cabo esos espacios, me produce una gran satisfacción y me permite ser optimista con relación a su futuro.

El próximo 7 de noviembre usted va a hacer una presentación, ¿Nos podría contar de qué se trata? En pocas palabras, ¿Podría contarnos un poco acerca de la relación existente entre psicoanálisis, arte y malestar en la cultura?

Existe una relación de homología entre psicoanálisis y arte, porque uno y otro están en una relación estrecha con lo real que nos afecta y que se manifiesta en el malestar en la cultura. Desde hace más de treinta años interrogo ese vínculo, porque considero que existe una dificultad de cada discurso en  decirse a sí mismo, mientras que la relación de uno a otro es sumamente fecunda.

En el ensayo sobre Velázquez he apostado a esa fecundidad, recurriendo también  a otros registros: el lingüístico, el filosófico, el histórico y el poético.

 En trabajos anteriores he abordado el pasaje del espejo al cuadro, del semejante al prójimo y del narcisismo a la falta, que tocando a cada sujeto se manifiesta en la infelicidad que nos persigue.

 En este trabajo, más allá de la apariencia que se juega en el cuadro he intentado interrogar el combate que el pintor mantiene en tanto creador con cierto objeto que trata de reducir y de ausentar. La temática del objeto es recurrente en mis investigaciones y la considero esencial para interrogar el lazo del psicoanálisis con la obra de arte. En el texto La metamorfosis del objeto he intentado dar cuenta de este lazo. 

 En la obra, como nos lo recuerda Blanchot, se libra un combate de exigencias distintas, una íntima contienda entre lo representado que se hace posible y la desmesura que anhela la imposibilidad. En el cuadro dado vuelta en Las Meninas de Velázquez siguiendo estas líneas creo que he llegado a una conclusión innovadora no interrogada hasta el presente. ¡Se los dejo como enigma para que vayan a escucharme!

Le gustaría trasmitirle algo a la gente? (en relación con la invitación a la escuela y a participar por ej.: al concurso de escultura )

En la Eneida, Virgilio,  nos habla con relación a la puerta, que regresa ahora a nuestro relato. Nos dice que la salida del sueño, que de alguna forma es la salida del infierno, puede hacerse por cualquiera de las dos puertas: la de marfil primorosamente labrada o la de cuerno menos visible y llamativa. Por la primera envían los manes a la tierra las imágenes falsas y por la segunda tienen salida las visiones verdaderas.

A ustedes les toca decidir cuál de ellas les interesa atravesar.

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