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River y Boca no se sacaron diferencias en el Monumental

Con un tiro libre de Gallardo a los 29' de la parte inicial, el Millo se puso arriba en el marcador, pero cuando todo era del local, Palermo, a los 18' del complemento, puso el empate. Villagra y Cáceres se fueron expulsados, y Ortega escapó un penal.

Era de River Plate, pudo ser de Boca Juniors, finalmente todo quedó en tablas: los dos equipos más grandes del fútbol argentino empataron 1-1 en el estadio Monumental, en una edición intensa pero deslucida del esperado superclásico.

Marcelo Gallardo abrió el marcador para River de tiro libre, a los 30 minutos, y Martín Palermo igualó a los 63' para la visita. El portero "xeneize" Roberto Abbondanzieri atajó un penal a Ariel Ortega, y se fueron expulsados el jugador local Cristian Villagra y el defensor de Boca Julio Cáceres, ambos en el segundo tiempo.

Fue el mismo resultado y con idénticos goleadores que el partido disputado en abril en la Bombonera, sólo que en aquella ocasión fue River el que niveló la ventaja inicial del conjunto "xeneize".

Lo que no tuvo de fútbol, le sobró en emociones. Fundamentalmente porque los principales referentes de ambos conjuntos tuvieron participación decisiva en el partido, válido por la décima fecha del torneo Apertura y que fue presenciado por una multitud de 56.000 personas. Y porque cualquiera de los dos podría haber ganado.

El Boca de Alfio Basile llegaba como favorito, con tres triunfos al hilo y con la ambición de meterse de lleno en la lucha por el título. El River de Leonardo Astrada estaba golpeado y necesitado en extremo de un buen resultado que le permitiera recomponerse tras una campaña pobrísima que lo tiene sumido en los últimos lugares de la tabla.

Hubo un primer tiempo que fue claramente de River. Consciente de sus limitaciones, el "millonario" supo a qué jugar desde el arranque. Incluso sin un delantero neto de área, la estrategia Astrada de parar un equipo "corto", con Diego Buonanotte como pivote, se tradujo en cuatro situaciones netas de gol en un primer tiempo en el que Boca deambuló errático sobre el césped.

El primer aviso de que River iba a jugar el superclásico sin complejos y dispuesto a morder en todos los sectores fue a los 6', cuando el centrocampista Nicolás Domingo -una de las figuras- quedó cara a cara con Abbondanzieri y remató cruzado, apenas desviado.

Al promediar la etapa inicial, Boca seguía sin reaccionar. Ni Juan Román Riquelme, ni Federico Insúa generaban juego. Y a Martín Palermo -que jugó ese primer tiempo con una máscara en su rostro por una fractura de tabique nasal- la pelota jamás le llegaba limpia.

River se seguía moviendo más y tomando la iniciativa, aunque le faltaba peso en el área. Pero en cinco minutos se erigió en protagonista absoluto del partido. A los 24', Buonanotte se metió en el área y acomodó el balón con el brazo, un instante antes de que Luciano Monzón se lo llevara por delante.

Boca protestó la mano, pero Saúl Laverni, en su debut en un superclásico, pitó la falta. Frente a frente quedaron Ariel Ortega y Abbondanzieri, un especialista en frustrar gritos de gol desde el punto de penal. El ídolo local anunció el remate y el portero, que se adelantó, voló hacia su izquierda para desviar el remate.

Todo hacía prever que el penal fallado sería un punto de inflexión, pero ni River se derrumbó ni Boca creció. Y justo antes de la media hora, hubo una nueva falta sobre el inquieto Buonanotte a las puertas del área, un tiro libre que en el botín derecho de Gallardo se traduce como "medio gol". Y el veterano enganche, tal como había hecho en la Bombonera por el Clausura, colgó la pelota en el ángulo derecho de un Abbondanzieri esta vez lento en reacción.

Tres minutos después, se lo perdió Matías Abelairas. Boca estaba "groggy" y quedaba por verse el fruto que daría el seguro sermón del "Coco" Basile en el vestuario.

Enseguida después del intervalo se produjo la jugada que cambió el curso del partido. Cristian Villagra, ya amonestado, bajó en el círculo central a Nicolás Gaitán y el anfitrión se quedó con diez.

La hinchada de Boca festejó como un gol, porque la perspectiva de todo un tiempo en superioridad númerica le permitía soñar. Y pese a que casi de inmediato Ortega usó su experiencia para provocar una reacción del paraguayo Julio Cáceres, que vio la tarjeta roja directa, River nunca volvió a ser el mismo que con once.

Y en Boca levantaron varios su nivel, sobre todo Gaitán, que empezó a ganar por donde antes estaba Villagra. Entonces, por primera vez en el partido, apareció el arquero Daniel Vega, que tapó sendos remates al propio Gaitán y de Riquelme.

Astrada sacó a Gallardo y metió a otro defensor, Maximiliano Coronel, en busca de tapar ese hueco. Pero el cambio no dio resultado: apenas un par de minutos después, a los 63', Gaitán se abrió paso por la derecha a pura habilidad y potencia, tocó para Riquelme en el corazón del área, y éste, inteligente, vio a Palermo solo unos metros más atrás: taco hacia el centrodelantero, ya sin máscara, que sacó el zurdazo como un látigo, junto al palo, para el 1-1.

Entonces pareció que Boca se lo llevaría por delante a un River que sin Gallardo se quedó sin creación y que tuvo sólo una gran chance más, un remate de Abelairas que dio en el poste. Pero a la visita, que terminó más entera, también le faltaron ideas para embolsarse los tres puntos.

El silbato final dejó algo más conforme a Boca que a River, por las circunstancias del partido, aunque tal vez en el futuro el equipo de Basile lamente los dos puntos dejados en casa de su rival. Los hinchas "millonarios" en tanto, se fueron con el ánimo ambiguo: su equipo había evitado una nueva afrenta, pero se quedaron con las ganas de una resurrección que por un rato vieron muy cerca.

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5 de Diciembre de 2016|11:33
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