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La agonía argentina en las eliminatorias terminó con final feliz

El sufrimiento terminó. Maradona cumplió, a duras penas, pero cumplió y llevó a la Argentina al Mundial de Sudáfrica 2010, algo que hasta hace pocas horas estaba en dudas y tenía a millones de hinchas sufriendo.

El camino de Argentina en las eliminatorias fue largo y complicado, y recién se definió en la última fecha con un nuevo agónico triunfo, ante Uruguay por 1-0, en un nuevo clásico del Río de la Plata cargado de tensión.

El campeón mundial de 1978 y 1986 venía de quedar eliminado en cuartos de final por penales por Alemania en el Mundial 2006, con Lionel Messi de frustrado espectador en el banco por decisión del entonces técnico José Pekerman.

Con Alfio Basile otra vez como técnico argentino y varios jóvenes jugadores ya convertidos en estrellas del fútbol europeo, las eliminatorias sudamericanas para clasificar a Sudáfrica 2010 aparecían como la gran revancha. Pero terminaron convirtiéndose en un vía crucis con un pueblo fanático del fútbol al borde del infarto y la desilusión.

Las eliminatorias comenzaron de forma brillante con dos triunfos por 2-0 ante Chile y Venezuela y la victoria de 3-0 sobre Bolivia. Pero en la cuarta fecha llegó el primer llamado de atención, al caer la selección "albiceleste" por 2-1 frente a Colombia. Y luego llegó una serie de cuatro empates consecutivos -ante Ecuador, Brasil, Paraguay y Perú- que empantanaron a la Argentina en la tabla sudamericana.

La victoria por 2-1 a Uruguay hace poco más de un año le dio algo de oxígeno a Basile, que venía asfixiado por los problemas para sumar puntos y entablar una relación de autoridad con el plantel. La amplia diferencia generacional, sumada a los liderazgos y rebeldías de algunas de las estrellas del equipo alteraban el funcionamiento de la selección. La caída por 2-1 ante Chile en Santiago fue el golpe definitivo y desencadenó la renuncia de Basile.

Fueron días de zozobra, de lobby y de clamor popular por el ex técnico de Boca Juniors y Vélez Sarsfield Carlos Bianchi. Pero el jefe del fútbol argentino, Julio Grondona, tenía un as en la manga: Diego Maradona, el máximo ídolo que gritaba a los cuatro vientos su sueño de dirigir la selección nacional.

Pese a los resquemores por su falta de experiencia y su difícil carácter, el "Diez" reencarnaba a la perfección la figura del Ave Fénix que renació varias veces de sus cenizas y sus problemas de adicciones para devolverle al plantel mayor argentino y a un país entero la ilusión.

Su debut en noviembre en un amistoso contra Escocia movilizó a la prensa mundial y agitó los corazones de millones de aficionados que recordaron las alegrías que les había dado Maradona con la camiseta "albiceleste". Con la autoridad de su trayectoria, regresó la paz y la motivación al vestuario.

Hubo que esperar hasta marzo de este año para el regreso oficial, que fue coronado con una goleada por 4-0 a Venezuela en el estadio Monumental de Buenos Aires. Pero la fiesta duró poco, apenas unos días. Errores en el planteo táctico, poca valoración de los efectos de la altura y la inexperiencia dieron paso a la peor goleada que sufrió la Argentina en toda su historia: el 6-1 que le propinó Bolivia en La Paz.

A partir de allí, nada fue sencillo para la selección "albiceleste" ni para su entrenador.

Las diferencias con el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Grondona, con el secretario técnico que le pusieron como resguardo, Carlos Bilardo, las trabas para conformar el cuerpo técnico a su gusto y el desgaste con que llegaban los principales jugadores de sus respectivas ligas comenzaron a aflorar.

A esto se sumó una serie de equivocaciones en las convocatorias de jugadores, los constantes cambios en la formación del plantel y las dificultades para diseñar una estrategia clara de juego, que llevaron a la Argentina a definir su clasificación en la última fecha de las eliminatorias y en un clásico rioplatense con Uruguay que siempre termina cargado con muchos más aditamentos extras que lo meramente futbolístico.

Cuestionado y todo, Maradona cumplió el objetivo. Los pocos aficionados que cruzaron el Río de la Plata para alentar a la Argentina lo reconocieron. "Dios, gracias", rezaba una gigantesca bandera que ocupaba casi toda la tribuna "albiceleste" en el "Centenario" con la cara del "Diez". Ahora resta saber si aceptará el nuevo y más importante reto de volver a ser protagonista de un Mundial.
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7 de Diciembre de 2016|09:07
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