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Rasmussen: "Estuve muy cerca de suicidarme"

En la actualidad líder de la Vuelta a Chihuahua, el danés Michael Rasmussen ha vuelto con fuerza al pelotón mundial tras los dos años de sanción por dopaje que ha sufrido. Pese a que ya ve el final del túnel, no olvida el infierno que pasó tras su exclusión del Tour 2007.

Pese a las dos temporadas de sanción por dopaje y a los 35 años que tiene, el danés Michael Rasmussen sigue cosechando victorias y tras la Vuelta a Puebla, en septiembre pasado, lidera la Vuelta a Chihuahua después de imponerse el domingo en la etapa prólogo, una cronoescalada de 4,2 km al Cerro Coronel en la que se impuso por unas centésimas al español Dani Moreno, por un segundo a Óscar Sevilla y por tres a Paco Mancebo.

Teniendo en cuenta la entidad de sus rivales, parece obvio que el nivel del danés sigue siendo muy alto. "Los mexicanos me quieren como si fuera uno de ellos, me tienen más estima que los daneses en mi país", decía Rasmussen tras su triunfo en Chihuahua. "Vamos pollito, vamos que ganas seguro", le habían animado éstos desde la salida. Puesto que su esposa es mexicana, Michael se ha refugiado en los dos últimos años en este país, de ahí que ya sea como uno de ellos. "En Sierra Nevada, en el Mundial de mountain-bike de 2000, conocí a mi mujer, que entonces corría con la selección mexicana. Me siento querido aquí", repetía con satisfacción, de ahí que haya solicitado la nacionalidad mexicana.

Sin embargo, pese a que ya ve el final del túnel, no ha olvidado el Tour 2007, en el que el equipo Rabobank le excluyó cuando era líder y a sólo cuatro días del final. "Aquella noche", explicaba en referencia a la de Pau, "estuve muy cerca del suicidio. Me sacaron del hotel del equipo y me llevaron a otro no sé dónde, en el que me dejaron solo. Estuve allí hasta la mañana siguiente. Fue la noche más larga de mi vida, una experiencia terrible. Lloré como nunca antes".

En la cima del Aubisque, unas pocas horas antes, había demostrado que era el más fuerte al sacar 26 segundos a Leipheimer y 35 a Contador. En la general aventajaba en 3:10 al madrileño y en 5:03 a Cadel Evans, por lo que el Tour era prácticamente suyo, pero todo se torció cuando, tras la etapa, salieron nuevos indicios que le señalaban y que decían que en las semanas previas a la ronda gala se había saltado algunos controles por sorpresa. "Lo que pasé aquella noche es indescriptible, fue la decepción más grande de mi vida".

En cuestión de horas pasó del cielo al infierno. Además, sin purgatorio de por medio. "Para mí no fue ninguna sorpresa alcanzar aquel nivel", dice todavía hoy. "Yo sospechaba que podía alcanzarlo porque cuando en 1998 y 1999", su época dorada en el mountain-bike, "me entrenaba con los profesionales italianos, ya veía que tenía un buen nivel subiendo". A cuatro días de París, sin embargo, se terminó su sueño, que acabó siendo una pesadilla. Tenía el Tour en la mano, pero al final la victoria fue para Contador. "Sólo digo que si el ciclismo puede aceptar que el mejor no ganó aquel Tour, entonces es cierto que yo no gané". Lejos de eso, de ganar, fue sancionado por dopaje. "Estos dos últimos años, el ciclismo ha sido una terapia para mí. A veces he sufrido depresiones, pero al día siguiente salía a entrenarme pensando en el regreso".

No olvida, sin embargo, a quienes le han causado tanto sufrimiento: "Los políticos del ciclismo y su hipocresía", dice sin dudarlo. "Porque hay muchos para quienes los ciclistas son sólo números. Para ellos sólo vale el dinero, el business. Si no fuese así no se entendería que el Rabobank, mi equipo, no fuese castigado como yo. Pero, ¿alguien se imagina el ciclismo en Holanda sin el Rabobank? Moriría".

Sin dejar de mirar hacia atrás, prefiere pensar en su futuro. "Estuve muy cerca de correr la Vuelta a España con el Contentpolis-Ampo, pero una regla estúpida lo impidió. No estaba preinscrito y Unipublic no aceptó, cuando en esa misma situación estaban tres corredores del Silence-Lotto que sí corrieron. También dijeron que no tenía el pasaporte biológico en regla, cuando no es verdad porque me han hecho más controles que a la mitad de los corredores que están aquí, en la Vuelta a Chihuahua". Michael se siente seguro de sus fuerzas: "Si hubiese corrido la Vuelta, estoy seguro de que habría acabado entre los 10 mejores".

Su sueño, ahora, es volver al ciclismo europeo. "Tengo dos o tres ofertas de equipos de allí y en poco tiempo firmaré por uno de ellos. Volveré a correr en Europa y a disputar una grande: la Vuelta, lo más seguro, o el Giro, quizás. ¿El Tour? No creo que los franceses me quieran mucho". La edad no parece un problema para Rasmussen. "Armstrong quiere ganar el Tour de 2010 y ya tiene 38 años, ¿no? Físicamente me siento joven y aunque a veces la cabeza me dice que soy viejo, me motiva entrenarme con Kreuziger y Fuglsang y comprobar que subiendo sigo siendo mejor que ellos".
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3 de Diciembre de 2016|09:08
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