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Juegos Olímpicos: Sudamérica, ante una oportunidad única

Lo de mañana no tiene precedentes en la historia: nunca antes Sudamérica estuvo tan cerca de albergar los Juegos Olímpicos, un sueño que  la ciudad de Río de Janeiro siente al alcance de la mano.

"Sí, ¡podemos!", dijo hoy en Copenhague el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, quitándole la frase a su rival indirecto de mañana, el presidente estadounidense Barack Obama, que pasará cinco horas por Dinamarca para apoyar a Chicago en la lucha por  ser la sede de los Juegos Olímpicos del año 2016.

Tokio se siente ya derrotada, y el pesimismo y el hartazgo crecen en Madrid, que se enfrenta a problemas propios y a la historia: la última vez que Europa recibió dos ediciones consecutivas de los Juegos fue con Londres 48 y Helsinki 52.

"Queremos decirle al mundo que nosotros podemos", enfatizó Lula, cabeza de una delegación en la que los niveles de confianza asombran.

"Nunca lo hemos dicho. En Brasil, estamos acostumbrados a decir que no podemos, que somos pobres, como si fuéramos ciudadanos inferiores. Pero esta vez miraremos a los ojos del mundo para decir: Sí, nosotros podemos y vamos a realizar esos Juegos Olímpicos".

Lula no exagera en su optimismo. Lo que hasta hace muy poco parecía imposible -el regreso de los Juegos Olímpicos a una región económicamente inestable como es Latinoamérica-, está ahora más cerca que nunca.

Sólo en México 68 los Juegos pisaron Latinoamérica, pero jamás llegaron a Sudamérica. Buenos Aires fue, en los últimos tiempos, la que más cerca estuvo, porque llegó a la "final" de Lausana en 1997.

Pero la capital argentina cayó en la primera ronda en un desempate con Ciudad del Cabo. Río, que también intentó ganar el 2004 que finalmente se llevó Atenas, ni siquiera llegó a esa final. Buenos Aires está muy lejos en los próximos años de poder repetir esa posibilidad, ya que Argentina está recorriendo el camino inverso a su vecino en cuanto a influencia mundial. La única esperanza de Sudamérica pasa por Brasil.

Tan bella como afectada por la criminalidad, Río de Janeiro cargaba con el mismo estigma que Brasil: sí, son simpáticos; sí, son buena gente, pero el país es inestable, el país no está desarrollado. Los Juegos, decían muchos expertos, no pueden ir a un sitio tan riesgoso.

Todo eso se acabó. Brasil, un país aún pleno de pobres y de problemas, es hoy un cada vez más poderoso actor global, organizará en 2014 el Mundial de fútbol, ya salió de la recesión mundial e influye como nunca antes en su historia.

Es todo un símbolo del cambio de era que, en el final de una carrera de dos años y medio, los dos más fuertes sean Estados Unidos y Brasil, Barack Obama y Lula.

¿Por qué puede ganar Río? La ciudad se está aprovechando de una combinación de situaciones casi ideal.

Por un lado está el "problema europeo": si Madrid gana, le cortara el camino a ciudades como Roma, París y otras del "viejo continente" para 2020, porque la sucesión Atenas 2004-Pekín 2008-Londres 2012-Madrid 2016 alejaría los Juegos de allí por un largo tiempo.

No es en absoluto descartable, entonces, que varios votos europeos vayan a Río. Y el contingente del "viejo mundo" es vital para ganar: suma 46 de los 106 miembros del COI, no en vano tildado por algunos de "club europeo".

También juega a favor de Brasil el hecho de que los 14 votos de Latinoamérica y el Caribe -fuertemente controlados por el mexicano Mario Vázquez Raña- apoyarán prácticamente en bloque a Río.

El "antiamericanismo" -que pese a Obama sigue vivo entre muchos miembros del COI- también jugará un papel: muchos preferirán que, si los Juegos tienen que saltar a la orilla de enfrente de Europa, sea en la sudamericana, y no en la estadounidense.

Los 15 votos africanos son un terreno de disputa para Lula y Obama. El presidente estadounidense tiene un vínculo personal con ese continente -su padre era keniano-, pero Brasil tiene cada vez más presencia allí y también mucho en común.

Los asiáticos, 23, deberían en principio jugar a favor de Tokio, pero los japoneses, con enemistades históricas en la zona y una campaña de bajo perfil, difícilmente puedan asegurarse que los voten en bloque. Tokio no tiene, ni por asomo, la fuerza que mostró Pekín para ganar la sede de 2008. Y si es eliminada en primera ronda esos 23 votos serán clave para Chicago y Río.

Los restantes votos -cuatro norteamericanos y cuatro de Oceanía- no influyen demasiado.

Obama, dueño de un carisma y unas dotes oratorias que admiten pocas comparaciones, es el que podría inclinar la balanza a favor de Chicago. Si la estrella de la televisión Oprah Winfrey se cansó hoy de tomarse fotos en la recepción del COI en la Ópera de Copenhague, es fácil imaginar lo que podría generarle a muchos votantes un Obama en estado de gracia.

Pero, suceda lo que suceda, un dato es real: Sudamérica roza los Juegos, los tiene más cerca que nunca antes en la historia.
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10 de Diciembre de 2016|05:40
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