Algunos apuntes sobre el inconsciente y lo absurdo de la vida

El descubrimiento más incómodo de la historia: esa sombra que nos prueba que no hay plan divino, que tenemos miedo y que somos débiles. El fracaso de la policía mental y de la necesidad de religiones. La juventud, esa fractura salvaje, y la vejez, esa forma de la cobardía. Y el sexo, claro, y Freud, claro, y su mirada extraordinaria, claro.

La vida del hombre se ha convertido en un verdadero escándalo desde que la ciencia puso en evidencia tres cuestiones negadas hasta hoy por las religiones: el universo no fue planeado, sino que es el resultado de una absurda consecuencia producto de un big-bang; el hombre desciende de un mono con pretensiones –también las rubias, los ingleses, los estilistas, los tenores y los millonarios– y, en tercer lugar, no sólo eso: el hombre tiene, además, un inconsciente.

¡Un inconsciente, tenemos!, algo así una sombra delatora que nos dice que no, que no hay plan divino, que tenemos miedo y que somos débiles, que el bache que fabrica la existencia no se tapa con nada, que nuestros padres tienen morir y que el sexo es anterior a nuestra idea de cultura, del mismo modo que la juventud y sus excesos son anteriores a la madurez y sus medidas.

Del inconsciente, pues, vamos a hablar, al cumplirse 70 años de la muerte de unos de su jefe de prensa, don Sigmund Freud, y aclarando que esta nota no seguirá rigores técnicos, sino que pretenderá asumir una mirada amplia sobre un fenómeno que conmovió al planeta: el psicoanálisis. Para técnicos, vayan y lean directamente a Freud y sus fanáticos. En este caso, al configurar el psicoanálisis una verdadera cosmovisión del mundo, intentaré hablar de él como un producto cultural, que lo es y desde un diario, nunca de un claustro.

El inconsciente es algo así como las espaldas de nuestros actos, un puñado de acciones que ejecutamos sin saber por qué, una banda de delincuentes que se escapan y hacen de las suyas sin ser apreciados por la policía mental.

Para mi gusto, allí reside lo más genuino que nos constituye, porque el inconsciente no sólo nos muestra desnudos, sino que es nuestra experiencia más acabada de la desnudez. Esa zona oscura, oscura y roja, es abono dilecto de nuestra libertad.

Gustavo Bioriza es psicoanalista y no sólo eso: también es freudiano. Luego de aceptar la condición de hablar en un sentido más generoso al que suelen adoptar los expertos en algo, nos disponemos, conscientemente, a escucharlo.

“El del inconsciente fue un descumbrimeinto incómodo, que golpeó al mundo. Fue como cuando Copérnico vino a decirnos que no somos el centro el universo o como cuando Darwin nos dijo que venimos del mono”, inicia.

Es verdad: cosas así no son muy fáciles de asimilar y, de hecho, hay quienes aún no las han asimilado y así andan por la vida, convencidos de que el universo sigue algún propósito, de que no venimos del mono sino del barro y del puño de un magistral Artista Celeste y de que el inconsciente no es mucho más que el sueño de la conciencia.

A ver, aclaremos un punto de este planteo de hoy: la vida es maravillosa y bella, pero no persigue ningún propósito.

“La verdad es que la razón no es el centro de todo nuestro funcionamiento; en realidad, el comando de control es muy complejo y es un golpe grande a nuestro narcisismo, a la intención del hombre de considerarse el centro, el hecho de que no tiene todo bajo control. Lo que uno piensa viene determinardo por registros emocionales de los que no tenés noticias”, expresa Bioriza.

Pongamos con Gustavo un ejemplo ficticio para entender cómo nos determina el inconsciente: un hombre de 60 años finalmente asume que le tiene pavor a las tormentas. Así, decide ir al psicoanalista, quien, diván de por medio, claro, y 200 mangos por hora, claro, irá descubriendo una verdad escondida en la primera infancia de su paciente: a los tres años, su padre agricultor perdió toda la cosecha durante una tormenta de granizo y aquel niño vio a su padre llorar desconsolado.

“La terapia ayuda en este caso para que ese paciente se identifique con una angustia de su infancia y la enfrente. El profesional lo que hace es acompañar a pensar para que alguien descubra cómo ha estado funcionando y a qué pulsiones obedece. Después, se puede ver mejor qué se quiere hacer con esa angustia”, ilustra Gustavo.

- ¿Todos necesitamos terapia?

- Cuando uno tiene más noticias respecto de aquello que lo determina, también tiene más posibilidades de mirar desde otro lugar el sufrimiento…

- ¿Y si uno no tiene grandes sufrimientos?

- Siempre hay personas más complicadas que otras. Hay personas con sintomatologías evidentes, pero más allá de esto la pregunta por el ser es universal, la tenemos todos. La verdad es que muchas veces uno se pregunta cosas, pero no quiere implicarse mucho.

- Entonces considerás que todos necesitamos terapia…

- Yo creo que ciertos aspectos negados de la percepción, sólo pueden salir a la luz analizándolos con un sicólogo.

-  ¿Por eso todo los estudiantes de sicología hacen terapia? Yo creía que era para darle trabajo a sus profesores…

- En realidad, es una regla ética: si uno quiere analizar a otro, tiene que pasar muchas horas en el diván trabajando con sus propias emociones, sus propios puntos ciegos. Nosotros solemos decir que nadie puede ver más allá de sus propios puntos ciegos, entonces un analista no puede permitirse no haber identificado buena parte de sus puntos ciegos. Y no hablo de hacerlo para resolverlos, sino para que no le hagan ruido en su tarea profesional.

(Mientras lo escucho, sostengo: jamás gastaré dinero en un sicólogo; jamás volveré a hacerlo).

Mejor, volvamos al inconciente y hablemos de sexo por el pura intención de agitar a algunos lectores píos: para la moral tradicional, la visión aristotélico-tomista con la que muchos fuimos educados, lo sexual, que tiene domicilio en lo inconsciente, es algo francamente desagradable; tan desagradable es, que buscan purificarlo vinculando con el amor. Sería así: el sexo es sucio y el amor lo limpia.  

Por ello, concluyen: el sexo sin amor es un acto vacío.

“Lo que ocurre es que lo sexual como tal también es difícil de aceptar e incorporar, porque es algo anterior a la conformación del pensamiento adulto”, nos completa Gustavo. 

Ya a esta altura, tenemos que decir que la vinculación del sexo con el amor desnuda un intento desesperado por ocultar una evidencia más profunda: no hay receta, amigos, no hay dictado de los dioses, no hay paraíso esperándonos y este universo que habitamos y estas formas de vida que compartimos jamás podrán desligarse de la ausencia, de la muerte y del absurdo como reloj de los años.

El eslabón perdido, en definitiva, es el libro imposible de los sueños.

“Justamente. Es por eso surge el malestar de la cultura del que habla Freud. Es la conciencia de que el amparo no existe y de que tus padres te abandonan, te arrojan a la existencia, te enfrentan con la angustia. Y estos agujeros no se tapan con consumos de ropas, autos, sexo, drogas, adrenalina, cuentos de hadas o paraísos… Lo que tenemos que hacer es dar cuenta de la angustia, no eliminarla”.

- ¿Y es por esto que solemos pasar la factura de nuestros gastos a nuestros padres?

- Hay que poner en lista los afectos y ser sinceros, aceptando las contradicciones. El niño puede amar a su madre y no ser gay. Y la niña puede amar a su padre y no querer a su madre. Se puede: son ambivalencias que existen y que te enfrentan a la propia contradicción.

- Y son parte de las preguntas fundamentales por la vida. Y a veces se dan a la inversa, como ahora -y lo digo a modo personal- en que los adultos lucen azorados ante las conductas de los jóvenes, que no son otra cosa que sus propios hijos, el producto de ellos. Es como si los adultos no hubiesen sido jóvenes, asumiendo esa edad como lo que es: una fractura salvaje ante la cobardía que, se conjetura, es la madurez…

- Son las vueltas de lo humano, por eso es importante saber que no hay satisfacción plena. Y por eso también asumir una mirada como la del psicoanálistis pone a prueba a las religiones.

- Sin embargo, y he aquí la maravilla del arte, el psicoanálisis no lo pone a prueba, sino que lo acepta, disfruta de él, tal vez porque el arte es una pista de ensayo de la naturaleza humana

- El arte, la producción artística, deja plasmada cosas y sublima impulsos que no se pueden controlar en lo cotidiano. El arte terceriza en un objeto la sublimación y cada artista muestra en su obra parte de su mundo interno, lo que es conciente y lo inconciente.

- Un último aporte que me resulta interesante ante la pregunta por la existencia: el sentido del humor como herramienta cotidiana; como bandera contra la estupidez general…

- El humor es terapéutico, porque implica un recurso propio. El humor implica la capacidad de reconocer y la identificación con lo reconocido, pero más: también la aceptación propia. El sentido del humor nos hace decir: “Me quiero igual y, encima, me divierto. Freud escribió en un ensayo muy interesante: ‘El chiste y su relación con el inconsciente’.

- Freud pareció no haber dejado hueco de su paisaje sin reflexionarlo…

- Esto es muy importante: aun con los avances de Lacan y tantos otros y las teorías contemporáneas, el aporte de Freud es invalorable. El dio el gran salto; fue el primero. Yo ahora pienso: es muy fácil ser hijo adolescente y putear a tus viejos, porque ya los tenés ahí, visibles. El no tuvo padres y se adelantó enormemente, le dio cuerpo al concepto de la complejidad y lo hizo desde el síntoma, desde lo más pequeño. Freud demostró que dos más dos no era cuatro. Hay una lógica de la complejidad.

Dejemos ya a Gustavo y, con él, a don Freud. O mejor: que ellos nos dejen con nuestras dudas intactas, sin resolver, porque, en definitiva, se trata de eso, de la no resolución de nuestras contradicciones, sino, al decir del poeta, con nuestros intentos por armonizar esas contradicciones, nuestros contratos interiores para que se lleven medianamente bien.

Un viejo poema de Roberto Juarroz se cuela en el silencio de esta noche inmensa de septiembre. Un puñado de palabas que busca luz y me hace el aguante en esto del cierre de una nota que no quisiera terminar y por lo cual, entonces, se transforma en despedida de esta hermosa noche desplegada como una cabellera de morocha sobre la almohada de un rey.


Periódicamente,
es necesario pasar lista a las cosas,
comprobar otra vez su presencia.

Hay que saber
si todavía están allí los árboles,
si los pájaros y las flores
continúan su torneo inverosímil,
si las claridades escondidas
siguen suministrando la raíz de la luz,
si los vecinos del hombre
se acuerdan aún del hombre,
si dios ha cedido
su espacio a un reemplazante,
si tu nombre es tu nombre
o es ya el mío,
si el hombre completó su aprendizaje
de verse desde afuera.

Y al pasar lista
es preciso evitar un engaño:
ninguna cosa puede nombrar a otra.

Nada debe reemplazar a lo ausente.

 

 

El autor de la nota: Ulises Naranjo es editor de MDZ.

 

Opiniones (13)
21 de septiembre de 2017 | 23:52
14
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21 de septiembre de 2017 | 23:52
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  1. Todos necesitamos terapia
    Ulises pregunta dos veces: ¿Todos necesitamos terapia? y poco más adelante, lo acorrala a Gustavo con "Entonces considerás que todos necesitamos terapia%u2026 " Las respuestas apenas crecen desde la ambigüedad total a la tímida exposición de una necesidad. A esta hora, después de un asado pantagruélico y con casi una botella de extra brut encima, previo generoso cabernet roble en damajuana, me animo a afirmar que TODOS NECESITAMOS TERAPIA. ¿Por qué? Porque, creo yo, la mayoría hemos estado mal educados. Nos han hecho creer en certezas, cuando el mundo es, esencialmente, incertidumbre. Nos han hecho suscribir dogmas, mientras la vida es repregunta y cuestionamiento. Nos han pasado recetas, en definitiva, cuando vivir no es seguir un mapa ni respetar un plano, sino crear nuestra cartografía a cada paso. Dice Gustavo que "...tus padres te abandonan, te arrojan a la existencia, te enfrentan con la angustia..." Tal cual. Pero lo que sufrimos como hijos no tenemos por qué reiterarlo como padres. Yo he tenido el dudoso don de haber sido padre por primera vez a los veintiseis años, y por última, a los cuarenta y ocho. Sería estúpido pretender formar a mis hijas de nueve y diez años con las mismas pautas con las que, con cierta soberbia, creí solventes para aconsejar a los mayores, que hoy tienen treinta o algo menos. Sería como no haber crecido, como adoptar parámetros cristalizados como si fueran eternamente válidos. En esta afirmación reconocida de que "todos necesitamos terapia" también todos podríamos asumir una responsabilidad tácita: sabido que la carga paterna (con las accesorias cultural, religiosa o ideológica) es tan capaz de crear "another brick in the wall", propogámonos la humilde misión de formar gente con menos "recetas" y con más "herramientas". Como para más insertar más actores en la vida y menos pacientes en el diván.
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  2. ENTENDAMOS DE UNA VEZ QUE ES IMPOSIBLE TRABAJAR EN LA CLINICA DESDE EL PSICOANALISIS. ÉSTE ES SIN DUDA UN PENSAMIENTO RICO, PERO NO PARA HACER TERAPIA, SINO PARA PENSAR DESDE LA FILOSOFIA.
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  3. ULISES, CON QUE AUTORIDAD ASEGURAS QUE NO HAY PLAN DIVINO??? ACASO UNA CUCARACHA COMO VOS TIENE ESA CAPACIDAD???
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  4. Si, pareciera que el absudo son las pistas de lo que te estas refiriendo, no? Porque cotidianamente vivimos compartiendo con esto. Como por ejemplo el absurdo de que la aquello que creamos para algo, para un fin constructivo termine con el fin de siempre lo igual. Por eso el cambio, las reformas permanentes extraordinarias en lo institucional, en lo cultural, en las prácticas para mejorarnos tienen un sentido de lo mismo, el absurdo del cambio para que todo siga igual. Si, esto tiene que ver con lo inconciente, porque lo inconciente expresa la miseria y lo mundano de lo humano.
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  5. Anoche me desvelé con un par de temas existenciales y esta mañana cuando leí tu artículo pensé ´como anillo al dedo´... De veras pienso otra vez, al leer tu nota, que realmente existe un plan divino.. FELICITACIONES!!
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  6. Ees verdad que el psicoanalisis revoluciono al mundo...pero para mi no es lo escencial en cuanto a la psicologia y su practica,se pueden discutir sus teorias ,tecnicas y terapias....debe ser que lo digo por que soy estudiante de psicologia y me identifico con la escuela existencialista(victor Frankl, alemania)....que a su vez nacio de los humanistas y neofreudianos,pero no todo es el inconsciente lo que maneja nuestras acciones o emociones...en el existencialismo: es el aislamiento,la perdida de sentido vital,etc; en la sistemica: la familia; en la conductual:la conducta y el aprendizaje y asi sucesivamente van pasando escuelas de psicologia que muchas derivaron de freud y otras de pensadores, filosofos y psiquiatras, grandes maestros de freud fueron charcot y breuer q pensaban distinto en algunas cosas por ejemplo.Todo hace de la psicologia una gran profesion y ayuda a los demas...todos necesitamos terapia,y probar con psicologos de diferentes escuelas, esto no significa que estemos lokos ni que tampoco hay que ir solamente cuando se este en una crisis o cerca de un colapso, una sesion o entrevista no es muy cara depende de los pergaminos del profesional, no hay que tener miedo de conocerse a si mismo. Una curiosidad que pocos saben y algunos tampoco kieren admitir,en 1979 en EEUU se ingreso la cocaina como medicamento para tratar la adiccion a la morfina...freud lo usaba para tratar su adiccion a la morfina.Esto no significa nada ni tampoco es para ensuciar a este genio. Sr Naranjo lo felicito! mauro.
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  7. Me gustan estas notas que por ahí le pueden despertar un interés o hasta abrirle la cabeza a alguien muy aferrado a ideas de antaño.
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  8. Si Ulises, creo que exageré...Mis 'errores' son tus 'deslices de tipeo'. Eran detalles nomás. Ahora quedó joya. Te imaginé tipeando tarde con sueño. Eso me pasa a mi y al otro día digo ¿Que??..jaja Bueno, igual flores a la nota en general! Saludos!
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  9. Te agradezco mucho tu comentario y te doy la derecha con la palabra inconsciente, porque las academias aún lo proponen así, más allá de que el uso difundido propone habitualmente inconciente (mi opinión es que es cuestión de tiempo, nada más). Me decís también que hay varios errores. Estuve viendo la nota y encontré un par de deslices de tipeo que ya corregí. Te agradeceré sinceramente que me detalles otros errores, porque yo no los encontré y odio los errores en la escritura... Ulises.
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  10. Me gustó tu nota Ulises, de hecho, ya vengo imprimiendo varios de tus artículos. A modo de crítica, deberías revisar más la corrección de la nota. Hay varias palabras mal escritas y tenés una error de ortografía en el título de la nota: Es inconsciente, no inconciente. Vos sabés que es una palabra que confunde bastante, porque 'conciencia' van si "sc". Bueno, igual toda la onda para vos! Saludos!
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