El incierto futuro de la prensa

"Los medios, condicionados por intereses superiores, con sesgos políticos totalmente reconocibles y filiaciones empresariales que convierten en irrespirables", sostiene el periodista español.

He ido posponiendo el momento de escribir acerca del futuro de la prensa. Un tema doloroso, pero apasionante también. La prensa conformó con su rol tutelar y la información suministrada al público el mundo que conocemos. Es evidente que hoy ha perdido completamente ese papel: no es el principal vehículo de noticias y no ha sabido, por el momento, reinventarse a sí misma para ocupar un nuevo puesto en la sociedad.

Ello es debido a varias razones; la principal, su propio éxito y tradición, que la han convertido en prepotente. Aún hoy les sorprendería saber la cantidad de periodistas que creen que el periódico en papel jamás desaparecerá, pese al hecho obvio de que los menores de 30 años compran diarios en un porcentaje ridículo, y que las ventas globales caen mes tras mes. No sólo por la crisis, sino por una cuestión estructural más obvia.

Los periódicos siguen nutriéndose, fundamentalmente, de las noticias del día anterior. Sí, esas mismas que ustedes ya saben porque las han conocido en internet, las han  escuchado en la radio y visto en la tele. De algunas de ellas, en efecto, se ofrece un análisis que justifica invertir un rato en la lectura. Del resto, se limita a repetir el enunciado conocido; el periódico se siente la obligación de contar la historia por si alguien no la conoce –seguramente los anacoretas mantengan suscripciones a diarios, aunque los pobres los reciban tres días después-, pero no tiene espacio disponible para nada más.

Una forma de visualizar esa obsolescencia del concepto de periódico actual es repasar los diarios deportivos de los lunes. No tienen, literalmente, nada para leer: son crónica tras crónica de los partidos del día anterior. Conozco a varios seguidores de las noticias deportivas que no compran el periódico el lunes, porque no lleva noticias ni reportajes, sólo resultados tras resultados que ya, en su condición de seguidores del fútbol, ya conocieron el día antes.

Si quitamos esas noticias ya sabidas, los compromisos publicitarios, las ruedas de prensa autobombescas y las inapelables chorradas –generalmente, también, copiadas de internet a estas alturas-, la verdad es que no queda mucho para leer en un periódico normal. Igual esa es la razón de que los nuevos lectores no lleguen, digo yo: que el producto no acaba de resultarles interesantes. Personalmente, lo comprendo.

La opinión dominante entre los autoproclamados expertos en los nuevos medios de comunicación es que, pura y simplemente, el modelo periodístico “vertical” está obsoleto, y llegamos a un modelo “horizontal” en el que el ciudadano se convierte en periodista, la comunicación fluye en todos los sentidos y ningún malvado grupo de una u otra ideología determina cuáles son las noticias importantes de la jornada.

Sí, pero no.

Convertirse en un ciudadano implicado en el modelo horizontal exige mucho, mucho tiempo. Las fuentes informativas son múltiples. El caudal de información que proporcionan las agencias es ingente. Herramientas como Google News entierran posibles noticias de interés en apenas unas horas. Para manejarse en ese maremágnum de datos, se necesita el tiempo que precisamente no nos sobra.

La solución ideal, por supuesto, es contar con especialistas en los cuales podamos confiar. Selectores de noticias a nuestro gusto, que preferiblemente nos aporten algo más que los hechos: interpretaciones de sus consecuencias, información adicional sobre el entorno en que se produjeron, incluso la vivencia personal de quien se encontraba en el lugar de los hechos.

Lo curioso del asunto es que se supone que eso era lo que hacíamos los periodistas. Nuestros lectores nos convertían en sus delegados presenciales allí donde no todos podían acudir. Éramos los testigos de la sociedad; como tales testigos, debíamos ser imparciales, aunque en ocasiones se nos permitía también dar nuestra opinión sobre los eventos de los que teníamos conocimiento de primera mano.

Sin embargo, hemos perdido la confianza de la sociedad. Los medios, condicionados por intereses superiores, con sesgos políticos totalmente reconocibles y filiaciones empresariales que convierten en irrespirables, por ejemplo, las secciones de cultura, se han convertido en una fuente nada fiable. Bailamos todos a un son simultáneo, y nos importa más lo que diga la competencia –para responderle, para no quedar atrás en sus propuestas, para superarla- que lo que requieran nuestros lectores. Convertimos temas en modas y los desechamos luego sin más. Enterramos noticias pertinentes y reales, mientras nos apasionamos por la última gripe A de turno.

La mejor solución para estar informado debiera ser la de contar con una selección de las noticias de nuestro interés. Eso es, en el fondo, un poco barulleramente pero de manera utilísima, lo que están haciendo colectivamente herramientas como Menéame. Pero en un mundo ideal, debería haber además una opinión experta, no fruto del consenso popular sino del conocimiento del medio. Ese sería el rol de los periódicos, sigan en papel o en la web: ser vehículos expertos de selección de contenidos y que amplíen las informaciones más relevantes.

No parece, en cambio, que vayamos por ese camino.

Fuente:  La nueva cultura, blog

Opiniones (0)
25 de septiembre de 2017 | 17:04
1
ERROR
25 de septiembre de 2017 | 17:04
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'
    20 de Septiembre de 2017
    Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'