Deportes

Grondona insiste en engrosar el poder de Carlos Bilardo

El Presidente de la AFA asegura que intentará convencer a Maradona para que escuche al experimentado entrenador que condujo a Argentina a ganar la Copa Mundial en México ´86 y el subtítulo en Italia ´90. ¿Pensás que es efectivo este tipo de intervención? ¿Es momento oportuno para pedir la renuncia de Maradona?. Participá de la encuesta.

Mucha tela para cortar ha dejado la última derrota del Seleccionado Nacional de fútbol ante Paraguay, primero, y Brasil después.

También no hay que olvidarse de la derrota sufrida a manos de Ecuador, la primera de las tres consecutivas, como tampoco la pobre, o mejor dicho la paupérrima presentación en La Paz ante Bolivia.

Por ese motivo la Selección Nacional es motivo de preocupación en la patria futbolera.

Todos hablan y opinan de la suerte que correrá Diego Maradona en la banca Albiceleste.

Son los mismo “eruditos” en la materia que hay cuestionaron al Coco Basile y que crucificaron a Marcelo Bielsa cuando el Loco volvió al país con la primera medalla dorada alcanzada en un Juego Olímpico.

Ahora la Selección vuelve a ser motivo de debate a falta de dos fechas para culminar con las clasificatorias a Sudáfrica 2010 y en la cual ocupa el quinto lugar en la tabla de posiciones, peldaño que solo le permite jugar por un repechaje para tratar de alcanzar el pasaje que lo deposite en la cita mundialista.

No serán Jesucristo ni la Virgen María, como dijo Bilardo, pero está claro que van a ser varios los llamados a colaborar en lo que a esta altura es una causa nacional.

Y varios nombres de acá (y sobre todo hombres, como quiere Diego), de los que juegan en el fútbol argentino. Ellos, todo indica, serán ahora la tropa fuerte que buscará la clasificación al Mundial en los partidos contra Perú y Uruguay.

Esa presunción en las horas posteriores al golpe de Asunción, ese pensamiento de Diego, se acerca a la realidad a medida que avanza el reloj, analiza una nota publicada por el Diaro Olé.

Y aún en caliente, ya hay nombres. Una especie de lista. O de varias. De jugadores observados de este lado del planeta y de jugadores tachados del Atlántico para allá. Parece señores que sí, que se viene el Maradonazo. Con premios y castigos.

Reafirmada, entonces, la frase de Maradona ("Me di cuenta de que hay opciones, que los de Argentina sirven") y como lo adelantó hace un par de días el citado diario porteño, los apuntados son los de Europa.

En esa columna, entre los que no serán llamados para la doble fecha final, el primero en caer sería Gago, cuestionado por algunas actitudes que no gustaron (incluso, en pleno partido con Paraguay). Maxi Rodríguez, de bajo rendimientos, es otro de los que entregaría su lugar.

También Diego Milito, ni en el banco en Asunción. ¿Y Licha López, apartado del primer juego y lesionado para el segundo? Aparece con un pie afuera.

¿Y Nico Burdisso, de posible titular a nada en Rosario y suplente después? Nombres que, por lo pronto, están en peligro de no convocatoria. Como un lateral de los que viene siempre.

No pasa lo mismo con Messi, Agüero y Tevez. A pesar de que son parte de la decepción general, no corren riesgos. Y algunos más de allá pueden llegar a venir, como Ezequiel Garay, del Real Madrid, o Federico Fazio, del Sevilla.

Sí, está claro, la frase que Diego dijo antes del partido con Brasil, de repente, se hizo polvo. Aquello de que "de acá saldrán los 23 que van al Mundial" parece haber quedado lejos. Sobre todo si esta movida se hace realidad el viernes 25 de septiembre, el día que debe dar la lista para Perú (10/10) y Uruguay (14/10).

Así, los nuevos abanderados del frente local ya no serán sólo Verón y Otamendi, dos de convocatoria firme. A ellos se le agregaron, aunque hayan jugado apenas unos minutos, Palermo y Schiavi (ayer salió con un problema muscular en el partido ante Argentinos).

Ellos fueron valorados por Diego por el compromiso mostrado y por ser de los más golpeados en este duro momento, como si estuvieran desde siempre.

Ese espacio que ganaron, el DT se los sacará a los de afuera. Y a su vez, Diego le abrirá la puerta para salir a jugar a varios más de este continente.

En este plan de emergencia, lo que se busca es un espíritu combativo, de entrega total, de oportunidad única. Y también fútbol, sí. En ese sentido, a la hora de volver a tener un conductor, D'Alessandro es una fija. Hasta se mencionó que lo acompañaría Guiñazú, otro del Inter brasileño, pero no será así.

En el plano local, en tanto, ya hay nombres para ser observados: por caso, Cellay y Clemente Rodríguez como defensores. Después, Bolatti (¿el reemplazante de Gago?), Braña y Salvio volverán a ser tenidos en cuenta como volantes. Ahí donde Blanco y Cubero también serían estudiados. Y adelante, ¿habrá lugar para otro además del Loco?

Lo que se busca es provocar un click, un impacto, que no se vuelvan a escuchar frases como las que dijo ayer Christian Riveros, volante paraguayo: "A los argentinos los vi un tanto desconcertados, apáticos, nadie hablaba en la cancha, nadie se echó el equipo al hombro, nadie intentó levantar a nadie, todo fue muy pasivo entre ellos".

Una imagen que se mostró para afuera y para adentro. Y que tendrá, indudablemente, premios y castigos. Más que nunca.

La repetición no es casualidad

La repetición nunca es casualidad. Las últimas imágenes del naufragio en Asunción se parecen asombrosamente a las de aquella derrota en Santiago de Chile el 15 de octubre de 2008.

La derrota ante los chilenos:

Hay muchas coincidencias. El resultado (0-1), el paupérrimo nivel del equipo, un entrenador argentino que le da identidad futbolística al rival (Bielsa y Martino), la inadmisible indolencia de las mismas jóvenes estrellas (Messi, Agüero), la repetida improductividad de los mismos veteranos (Zanetti, Heinze) y los manotazos de ahogado del seleccionador de turno acudiendo a futbolistas que nunca habían jugado en su respectivo ciclo (Bergessio y Sand en Chile; Palermo y Schiavi en Paraguay).

La goleada sufrida ante los bolivianos:

Con apenas once meses de diferencia, Maradona acaba de ver la misma película que Basile. Consciente de que su vínculo con el plantel se había roto y de que esa falta de compromiso se notaba dentro de la cancha, Coco dimitió. "Los motivos me los llevo a la tumba. Tengo códigos", dijo hace poco.

La derrota a manos de Ecuador:


La única diferencia entre Asunción y Santiago es que Diego no renunciará. Además de esa absurda alusión a sus hijas (a cualquier otro entrenador le hubiera costado el puesto), sus declaraciones posteriores se llenaron de resentimiento hacia los periodistas: "desde los 15 años, me vengo peleando con ustedes". No es cierto. El periodismo deportivo ha sido muy indulgente con él. 

Con la excusa de separar al jugador de la persona, le hemos perdonado actitudes, amenazas, agresiones y contradicciones. No quiero ensayar una defensa corporativa, ni mucho menos personal pero criticar a Maradona supone el difícil ejercicio de despojarse del sentimiento.

No siempre se puede. Además de los recuerdos maravillosos como futbolista, casi todos los periodistas deportivos atesoramos una anécdota o una experiencia inolvidable con él.

Derrota de Argentina ante Paraguay:



Me saqué mi primera foto con Diego hace 30 años. Estaba en tercer grado y vino de visita a la escuela primaria. Le regalé un dibujo (horrible) de su gol a Escocia, su primero en la selección mayor. Pasó el tiempo y tuve el privilegio de compartir con él transmisiones de Mundial y de Copa Libertadores.

Es casi imposible no caer rendido ante su hechizo. Todos los personajes invitados a su programa de TV "La Noche del Díez" terminaron fascinados ante su figura y su carisma. Recuerdo especialmente a Manu Ginóbili, más nervioso que nunca en aquel lunes de agosto de 2005. Todo esto influye a la hora de una opinión. 

Además, dentro de la cancha era perfecto y no daba lugar a ninguna crítica. Sin embargo, su tarea profesional de hoy sí genera cuestionamientos.

Básicamente, Maradona es responsable de que el equipo no tenga una idea de juego. Como líder de grupo, mandó mensajes contradictorios ("Carrizo es mi arquero") e imprudentes ("Mascherano y diez más").

Convocó futbolistas compulsivamente y formó un cuerpo técnico incompetente. Alejandro Mancuso y Miguel Lemme no cuentan ni con la capacidad ni con la autoridad para ejercer de ayudantes de campo.

Tiene el válido atenuante de que Grondona le negó el acceso a Ruggeri, su elegido para tal cargo. Pero rechazó a Checho Batista y a Tata Brown porque los consideraba conspiradores.

Carlos Bilardo no interviene en las decisiones importantes. Apenas decora el numerosísimo equipo de colaboradores. Maradona necesita ayuda porque así no puede. Ojalá tenga la grandeza de aceptar un límite.

Se impone con urgencia la creación de un equipo interdisciplinario, integrado por entrenadores y profesionales con experiencia en manejo grupal y trabajo de campo. 

"No me quiebro, sigo hasta mi última gota de sangre", aseguró Diego, como si aún fuera futbolista y pudiera alterar el curso de un partido. Los que hoy sí juegan, no lo ayudan a cambiar la historia.

Lionel Messi sale muy desacreditado de Asunción. No se involucró en el partido, no pidió la pelota, no se rebeló ante la adversidad. Nada de nada.

Exactamente igual que contra Chile en Santiago. Sigo creyendo que es el as de espadas y que, como solista indiscutido, necesita intérpretes complementarios para potenciar su rendimiento. Pero Leo deberá cumplir con ese innegociable compromiso que el equipo le demanda. 

En este país de cuarenta millones de entrenadores, cada hincha propone su selección ideal. Como ningún equipo pierde en el pizarrón, seguramente ustedes han tenido ardorosas discusiones de café o de oficina.

Hay asuntos futboleros a debatir como la falta de laterales (Zanetti está desde hace 15 años), la insistencia con Heinze (un futbolista que, en lugar de esconder sus limitaciones, las expone), la repetición con los petisos (Messi, Tevez y Agüero no se entienden, se duplican), la necesidad de un delantero de área o la ausencia de Gonzalo Higuaín.

Pero ¿y si el problema es más profundo y no pasa solamente por el juego? La Argentina no gana un título oficial desde 1993. Los éxitos en los juveniles no llegaron a la selección mayor.
Decíamos el 20 de julio pasado: "desde 1994, el fútbol nacional ha celebrado cinco títulos en Sub 20 y dos medallas doradas en los Olímpicos.

La gran mayoría de los campeones juveniles ha sufrido el mal de la explosión prematura y ha llegado a su pico de rendimiento a los 21 o 22 años.

Hoy los recordamos con "saudade" aunque estén en la edad de la madurez. Una evidencia demoledora afecta a todos los futbolistas argentinos, los de acá y los de allá. Ninguno ha rendido en la selección tanto como en sus clubes. Ninguno. No tenemos un genuino sentimiento de pertenencia hacia el equipo nacional.

Hay una preocupante fractura con el resto de nuestro fútbol" Este fracaso argentino llamado selección no puede explicarse solamente desde el aspecto deportivo. ¿Y si existe un problema cultural? ¿Y si la falta de educación influye tanto o más que el déficit formativo que traen desde las divisiones menores? El debate es imprescindible. 

Mientras tanto, otros equipos nacionales como Los Pumas, Las Leonas o La Generación Dorada han sido exitosos desde el factor humano, con deportistas que completaron sus estudios básicos gracias a los recursos familiares.

El problema excede a Grondona, quien, a la hora de designar a Maradona, manejó la AFA como si fuera un juguete propio y cocinó todo en cinco minutos, influido por sus hijos Julito y Humbertito. Pero no tiene la culpa de todo. Esto es mucho más profundo. Más allá de las responsabilidades individuales, este fracaso colectivo no distingue nombres propios. 

Desde Alemania 2006 hasta hoy, Riquelme renunció dos veces. Ayala también dijo adiós. Se cargó a Basile y se devoró al mito Maradona. Juega horrible y pierde. Los futbolistas ganan todo en sus clubes pero en la selección aparecen sus fantasmas. Tevez solamente corre. Messi no la toca.

Agüero mira. Mascherano padece. Verón pega y protesta. Esto ya dejó de ser un problema de una sola persona o de una sola razón. Tuvieron que entrar Schiavi y Palermo para crear una oportunidad de gol frente a los paraguayos.

Gracias a su jerarquía y a su espíritu amateur, estos dos gladiadores estuvieron a diez centímetros de convertir ese manotazo de ahogado en el gol del empate. Pero sus ingresos olieron a claudicación. 

Ojalá sirva esta incertidumbre, este temor de quedar afuera del Mundial. No tienen sentido las invocaciones místicas a México ’86 y aquella angustiosa entrada para la brillante consagración.
Ahí había un plan, que hoy no existe. Y Diego ya no juega. Hace falta un drástico replanteo sobre la selección nacional. Asumir con amplio criterio, casi de sociedad, este fracaso colectivo que tiene múltiples causas y un efecto: la mala campaña en las eliminatorias.

Sólo así, aceptando esta realidad y con una renovación estructural, podrán crearse las condiciones para una nueva hazaña. La repetición nunca es casualidad. 

Opiniones (2)
11 de Diciembre de 2016|09:04
3
ERROR
11 de Diciembre de 2016|09:04
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. La primera parte de la nota está escrita en tercera persona ý desde el título de paraguay está en primera persona. Lo mejor es que no figura el autor, bueno si figura: sección deportes. Gente es cierto lo que dice la nota pero si piensan en cortar y pegar haganlo con cuidado. Por último, a todos los técnicos se los elige por trayectoria como técnico y no como jugador; si fuese así tipos como Zubledía de Lanús no dirigirían nunca y menos Carusso Lombardi; MAradona hasta donde sé dirigió a Mantiyú y a Racing, en ambos hizo desastres.
    2
  2. El mundial 86 lo gano maradona y 10 tipos mas, el tema es que fue en excelente jugador pero no es un buen tecnico, nada mas
    1
En Imágenes
15 fotos de la selección del año de National Geographic
8 de Diciembre de 2016
15 fotos de la selección del año de National Geographic