Facebook: Un fantasma recorre el mundo

¿Se imaginan lo que sería Facebook si los 6.000.000 de argentinos que la utilizan ejercieran civilidad a través de esta red? ¿Se imaginan lo que sería Facebook si tal cantidad de gente lo utilizara para ponerse de acuerdo en alguna cuestión ciudadana? Tal cosa, hasta nuevo aviso, ni por asomo sucederá. Igualmente, está aún en deuda en una Argentina en crisis el uso de Facebook como herramienta educativa.

Pues bien, como sabrán, resulta que más de seis millones de argentinos están en Facebook y que nuestro país está entre los diez que más adeptos tienen, compitiendo con algunos que nos triplican, cuadriplican o quintuplican en número de habitantes. Estamos, entonces, en el Primer Mundo de las redes sociales de Internet.

El asunto que me interesa plantear no tiene que ver con la validez de esta herramienta evidentemente esparcida por el mundo. Facebook está muy bien diseñada y yo mismo la uso diariamente, pero con fines muy determinados. Lo que en realidad me interesa esta vez es que nos planteemos para qué estamos en Facebook, cuál es el uso que le damos.

En una nota que escribí hace unos días sobre mi visión de Facebook, ya me ocupé de esto y la intención es profundizar valoraciones. El escrito generó muchos comentarios al respecto, algunos de los cuales, debo confesar, me llamaron particularmente la atención por la dificultad con que algunos foristas ejercen su comprensión lectora, tanto que ni siquiera me animé a contestarlos.

El mismo artículo motivó a Ricardo Montacuto, director de MDZ, a escribir una columna, que tituló “Facebook nos puede”, cuya visión, en principio, no asumo. En una parte de ella, dice: “Soy de los que piensan que la gente ha migrado a esta red donde encuentra prácticamente todo”.

Yo digo, a propósito, como usuario de Facebook que, en general, encuentra poco y poco se parece a nada.


Esperando a Facebook


Uno de los escritores más perturbadores que he recorrido en mi vida es, sin dudas, el irlandés Samuel Beckett (1906-1989). Su obra es un ejemplo maravilloso del despojo, de la desnudez, de la pregunta por el sentido de la existencia y el absurdo contenido en las acciones humanas. Leer a Beckett es una afirmación de que el universo es, básicamente, un suceso inexplicable desplegándose inexplicablemente.

Para quienes no la conozcan, la obra del dublinés bien se sintetiza en una trilogía de novelas esenciales para cualquier amante de la literatura: “Molloy”, “Malone muere” y “El innombrable”. No obstante, la obra que lo hizo famoso, aquella que lo pinta de cuerpo entero es la obra de teatro “Esperando a Godot”, representada en el mundo entero y que, entre varios, en Mendoza hicieran magistralmente el director Walter Neira y las actrices Silvia del Castillo y Sara Torres, allá por 1993.

En esa obra, Beckett lleva al extremo la pregunta por el sentido de nuestras vidas, a través de dos personajes que están atrapados fuera del tiempo, acuciados por dar una significación a sus existencias y dominados constantemente por la contradicción, el tedio, la repetición y la ferocidad de una evidencia que los constituye: hacen de todo o intentan hacer de todo, pero en verdad nunca pasa nada.

¿Qué hacen los dos más allá incluso del tiempo? Esperar a Godot. Esperar que Godot llegue, se manifieste y, en definitiva, los salve, aunque no importe de qué. No obstante, Godot no llega, no se manifiesta, no salva. ¿Quién es Godot? Nadie lo sabe y algunos, de hecho, se preguntan si existe. Sin embargo, ahí están Vladimir y Estragón: decorando con guirnaldas y panderetas los costados de sus vidas para homenajear a quien nunca llegará.

Ahora mismo, extremando la situación nuclear que planteo (para qué sirve Facebook) me pregunto si no ocurre lo mismo con esta fantástica red social que yo mismo integro y donde todo el mundo se cuelga collares y hace sonar matracas, preparándose para una fiesta que nunca llegará.

¿Para qué sirve Facebook? En principio, y con tono pretendidamente desafiante, digo: sirve para que mucha gente no se encuentre a solas con sí misma.


Usos de Facebook


He preguntado a muchos amigos con años de estadía en Facebook para qué les sirve y, en general, me han respondido que lo utilizan para cuestiones profesionales (los menos) y para cuestiones afectivas relacionadas con la amistad (los más, definitivamente).

Entonces, en principio, y más allá del menú de posibilidades que a disposición puede poner Facebook, a casi todos les sirve para encontrar amigos perdidos o descuidados y para estar en leve contacto con ellos, a través de mensajes cortos y compartiendo fotos. Algunos otros, muy pocos también, lo usan para promocionar sus eventos. “En general, te sirve para compartir fotos con amigos”, me dicen.

¿Esto es, me pregunto, el ejercicio de la amistad? ¿Exponer ciertas cosas, siempre glamorosas de la propia intimidad, dar a conocer estados de ánimo para que den la vuelta al mundo y mantener un contacto a la distancia, sin contacto? Dicho de otro modo, ¿dónde apoyamos nuestros afectos? Son preguntas que me hago, no respuestas que me doy. Tal vez, con el tiempo, Facebook de tanto callar, me las otorgue.

¿Se imaginan lo que sería Facebook si 6.000.000 de argentinos la utilizaran para hacer ejercicios de la civilidad? ¿Se imaginan lo que sería Facebook si tal cantidad de gente la usara para ponerse de acuerdo en alguna cuestión ciudadana? Tal cosa, hasta nuevo aviso, ni por asomo sucederá. Igualmente, está aún en deuda en una Argentina en crisis el uso de Facebook como herramienta educativa. Es así: Facebook podría ser el templo del poder ciudadano, pero sus usuarios decidieron instalar en el templo una ruidosa discoteca.

Vuelvo a Ricardo y su entusiasmo con esta red: “Soy de los que piensan que la gente ha migrado a esta red donde encuentra prácticamente todo”. Vuelvo y sigo sin encontrar mucho. Yo uso Facebook: subo a diario mis notas periodísticas para que quien quiera las lea y opine  y subo algunas fotos de mis paseos a la montaña, hasta ahora, la única de mis actividades que no me importa delatar. Hago eso hacia afuera y, hacia adentro, me muestro atento a lo que suben mis “amigos”. Eso es todo.

¿Es esto un ejercicio de la amistad? No para mí, lo cual no significa que para otros lo sea (digo esto adelantándome, atajándome y a propósito de ciertas dificultades en la comprensión lectora). Mis amigos, como ya lo he dicho, seguirán siendo aquellos con los que charlo en vivo, como asados, subo cerros, me presto plata, comparto secretos inconfesables y nos dispensamos afecto, a pesar de que nos conocemos.

Amigos: a mí no me funciona el buceo de superficie y tal vez por esto, y otra vez acepto mi limitación, porque me conozco y sé que jamás me funcionaron los amores a distancia, pues siempre terminé traicionándolos.


Entrá a Facebook


Y si algún amigo que aún no penetra en esta red social me pidiera opinión sobre entrar o no a Facebook, le diría que sí, pero no sería eso lo único que le diría.

Entrá, le diría. Y también: ¿Querés encontrar a un viejo amigo perdido, a un compañero de la primaria o conocer a una minita o a un vago? Entrá a Facebook. ¿Querés hacer márqueting profesional y afectivo de vos mismo? Entrá a Facebook. ¿Querés mostrarte en fotos como Humphrey Bogart en Casablanca, junto al nocturno piano parisino? Entrá a Facebook. ¿Querés acariciar a la distancia a una muchedumbre? Entrá a Facebook.

Y más aún. Le daría a mi amigo una serie de consejos saludables: compráte un teléfono, un megáfono, una notebook, un walkie talkie y un satélite; aprendé idiomas y dialectos, lenguaje de señas, braille, morse y a hacer señales de humo y aspirá, como Roberto Carlos, a tener un millón de amigos y a sacarte un millón de fotos.

Una vez alineadas las herramientas comunicativas, vendrá la parte más difícil: tener o no tener algo que decir, que es precisamente lo que estoy criticando en esta nota. Facebook se vuelve entonces un fantasma que recorre el mundo.

Y aquí es cuando se corre el riesgo de permanecer por el resto de los días esperando a Godot, mientras hojeamos álbumes de fotos de la eternidad ajena.

En definitiva, no estoy en contra de Facebook, sino de lo vacío que luce el mundo a veces a pesar de estar lleno de gente, vacío como un traje de payaso en la tintorería, vacío como una vela bajo el agua, vacío como un estadio en el que se suspendió el recital de tus sueños, vacío como un vaso dado vuelta o como las manos de un muerto.

 

Opiniones (6)
20 de agosto de 2017 | 21:02
7
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20 de agosto de 2017 | 21:02
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Por qué te empeñás como maestro ciruela a explicar que es el Face- No nos importa lo que digas. Tenemos la absoluta independencia de analizar este medio ,usarlo o dejarlo. Se dice cuadruplica, no cuatriplica Naranjo.
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  2. Al respecto de esta nota considero que el punto queda mas claro y se presenta mejor fundamentado. No se si estoy de acuerdo pero entiendo mejor lo que piensa el autor, en realidad entiendo mejor que lo PIENSA. Igualmente, si la nota anterior recibió tantos comentarios negativos es muy probable que mas que "dificultades en la comprensión lectora" puedan deberse a "dificultades en la capacidad escritora". No subestimes a los lectores... Saludos.
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  3. Qué buen artículo, llevo muchos años fuera de mi tierra y utilizo este red de vez en cuando. Pero tiene tanta razón Ulises, después de ver las fotos de alguna boda,o cumpleaños,o reunión de amigos q están tan lejos,los siento aún más lejos. Pero al menos estamos más al tanto de los acontecimientos. cosa que de otra manera,con este ritmo de vida actual,muchas veces no tenemos tiempo para comunicarnos. Luego para los temas personales...para eso están los correos.e ¿no?
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  4. Me resisto a utilizar Facebook. Creo que mis amigos los veo en persona... ademas no aconsejo publicar fotos familiares, debido a que son potencialmente comprometedoras, peligrosas y hasta violan la privacidad. Por otro lado, no hay que olvidar que todo lo que se suba a Facebook pasa a ser propiedad de ellos. Por todo eso, hoy, no me interesa el fantasma que recorre el mundo... creo que ese fantasma ayuda a que nos encerremos en nuestros mundos y hagamos de la pc una necesidad indispensable... cuando afuera de nuestras casas hay personas reales con necesidades y tambien con predisposicion a recibir y dar amistad, ayuda, etc... REAL no VIRTUAL...
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  5. La verdad que tenes razón%u2026 y aclaro que no lo había visto de este modo%u2026 es mas aun%u2026 talvez esto en vez de acercarnos%u2026 nos separa%u2026. Excelente nota
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  6. Brillante Ulises. Yo agregaria vacio con nuestro propio ser...aveces
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