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Rosario, la casa de Messi, escenario de la "batalla" Argentina-Brasil

Con la elección de Rosario, Maradona quiere recuperar el fuego entre los fanáticos, que en los últimos partidos se fue apagando. Y precisamente en la ciudad natal de Messi, el astro que aún debe explotar con la casaca "albiceleste" de la manera en la que lo hace en su club, el Barcelona.

Rosario, la ciudad natal del delantero Lionel Messi y la cuna de la "Iglesia Maradoniana", fue el lugar elegido por Argentina para el básico duelo de mañana con Brasil, y sus habitantes respondieron con fervor al llamado de la selección.

La "caldera", el estadio Gigante de Arroyito de Rosario, está ya a punto de estallar aún antes del primer silbato, producto de una intensa guerra psicológica que libraron Argentina y Brasil esta semana previa al partido por las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010.

Miles de personas acamparon durante días para conseguir una entrada y engalanaron la ciudad para la ocasión.

Las autoridades celebran además por anticipado un fin de semana con ocupación plena de hoteles y restaurantes que le dará una inyección de reactivación a la alicaída economía rosarina, que suele moverse al ritmo de la hoy golpeada actividad agropecuaria.

Rosario es una de las principales ciudades del país, con más de un millón de habitantes, y está cruzada por la pasión futbolera repartida entre Newell's Old Boy y Central, que tan bien supiera retratar el humorista y escritor Osvaldo Fontanarrosa.

Para darle el marco acorde al espíritu tribunero que tendrá el partido, el Ejecutivo ya puso en marcha la campaña de difusión "Rosario cuna de la Bandera, cuna de la pasión".

"Tenemos que ir al combate", "vamos a querer comerlos", "vamos a salir a ahogar a Brasil", fueron algunas de las frases de la estrategia argentina que calentaron el ambiente, mientras que los rivales intentaron bajar el tono, al menos en lo dialéctico.

"El ambiente de guerra es más favorable a ellos que a nosotros. Lo que tenemos que hacer es jugar nuestro mejor fútbol, ganar y salir clasificados al Mundial", respondió Robinho.

La maleta cargada de anécdotas, experiencias y una rivalidad casi eterna que trae consigo cada partido entre Argentina y Brasil alimentó además la pasión popular, que recibió con sorpresa pero también con picardía la actitud de desconfianza del equipo de Kaká de llevarse 220 botellas de agua mineral a Rosario.

Los brasileños no quieren que se vuelva a repetir el incidente del 24 de junio de 1990, durante el Mundial de Italia, cuando la comisión técnica argentina ofreció al jugador brasileño Branco un bidón de agua con sedantes, hecho que fue confirmado muchos años después por el propio Maradona.

El "Diez" agradece el apoyo popular, el mismo que nunca le soltó la mano, ni cuando estuvo en el cielo ni en el infierno. "Me parece que eso es increíble, porque lo despierta el fútbol, lo despiertan los muchachos, la selección, eso me pone muy bien", aseguró.
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