Padre del chico desaparecido en Luján: "Alguien lo tiene"

Así lo asegura Armando Cardoso, papá de Marcos (13), el adolescente que no regresa a su hogar desde el 19 de agosto. Las esperanzas se han renovado con el resultado negativo de la búsqueda en el agua. Ante la posibilidad de un secuestro, ya que el chico "estaba amenazado", la familia refuta una a una las otras versiones que se han dicho. Leé la historia completa desde el relato de quiénes la sufren.

“Marcos está vivo” dice al unísono la familia del adolescente desaparecido en Luján y con convicción su padre, Armando Cardoso, arriesga que “alguien lo tiene”, palabras que no serían tan descabelladas ya que la intensa búsqueda en las aguas de Mendoza porque se creía que el chico habría caído al canal siguen sin dar resultado positivo. El relato de un hombre que confía y espera. 

Tratando de sobreponerse al dolor que vive desde el 19 de agosto, día en que Marcos desapareció, Cardoso cuenta por qué su hijo no puede haber caído al agua y por qué es más posible que haya sido secuestrado. También echa por tierra las versiones que, en algún momento, se comentaron. Para cada hipótesis, él tiene una respuesta y para darle solidez a la misma cuenta con detalle cómo era y que hacía cotidianamente su hijo. Las imágenes de la galería, muestran cada lugar por el que el chico puede haber pasado y la realidad que vivía.

Miércoles de la desaparición

Como todos los días, Marcos salió a las 8.50 para estar antes de las 9 en la puerta de la escuela de educación especial Romelio Villalobos, que queda a tan sólo 300 metros de su casa, trayecto que lo hacía en pocos minutos con un religioso recorrido que “evitaba bordear al canal”, tal como expresa Cardoso,  y que se conocía muy bien. Aquel miércoles 19 de agosto, con su mochila roja y negra y su guardapolvo azul, el adolescente llegó al colegio pero no entró a clases.

Marcos, de pelo negro cortito y tez oscura con un lunar muy particular en el mentón y con una incipiente barbilla, estaba vestido con un joggin y zapatillas de color negro. Para protegerse del frío llevaba una campera de algodón, con corderito, a rayas de colores grises, tal como refleja la foto de la galería, pues explica el padre: “Siempre le compro abrigos parecidos a Reynaldo –hermano mayor- y a él”.

Marcos (a la izquierda), junto a su hermano mayor. Según la descripción de su padre, el adolescente de 13 años es "corpulento y mide poco más de 1,60".

Hace dos semanas, aquel miércoles parecía un día más hasta que se hicieron las 12.40 y Marcos no llegó. Su mamá, Claudia, fue a buscarlo hasta la escuela y la celadora le dijo que ya no había quedado nadie, por lo que la mujer supuso que su hijo había ido hasta la casa de su amigo, ubicada en las inmediaciones del Acceso Sur, no muy lejos de la lateral y el cruce de las vías, donde vive la familia Cardoso.

“Marquitos sabía que la escuela es importante porque quiero que estudien. No quiero que trabajen duro en la finca como yo. Por eso, cada vez que faltaba le enviamos una nota al profesor”, sostiene el padre, quien reprocha por qué no le avisaron a las 9 que su hijo no estaba en clases. A las 18, cuando terminó su jornada laboral, Cardoso se desesperó completamente: Marcos no volvió y con Claudia fueron a avisar a la Policía.

La búsqueda y las mil preguntas

El rastrillaje con personal de Defensa Civil, el Cuerpo de Canes y los buzos del Cuerpo de Bomberos se enfocó en el canal San Martín y sus derivados porque el cauce pasa por atrás de la escuela Villalobos. El sifón, sin protección alguna, estaba con el máximo nivel de agua y sólo un trastabillado hubiera bastado para que el chico fuera arrastrado por el agua.

Además, los perros olfatearon una prenda y repitieron el camino de Marcos por las vías para cruzar el Acceso Sur, pasaron por el descampado y llegaron hasta el paredón de la escuela. Desde allí se dirigieron hasta el borde del canal, donde la Policía señaló unas huellas en las paredes del zanjón que indicarían una patinada. Sin embargo, tras una intensa búsqueda, que incluyó toda la zona Este, el adolescente no fue hallado.

Un tomero de Irrigación encontró al viernes siguiente la mochila en Palmira de San Martín y, por un momento, parecía que se estaba ante un triste desenlace. “Me largué a llorar y a gritar en la comisaría. Cuando apenas entré, conocí la mochila”, recuerda Cardoso, pero asegura: “No estaba la carpeta ni la cartuchera. Aparecieron los marcadores y un CD con la película “Los Piratas del Caribe” que Marcos se la había prestado al profesor”.

Según Cardoso, las pisadas de su hijo llegan hasta este punto. Al costado izquierdo, a menos de 10 metros está el canal San Martín. Donde se ve el transporte escolar, está la puerta de entrada a la escuela.

“¿Cómo la mochila no va a tener los cuadernos con el trabajo?”, cuestiona Cardoso y afirma que “ha sido un secuestro”. Especialmente, porque él mismo “huelló” –tal como expresa- el camino que hacía Marcos y reconoció sus pisadas ya que éstas habían quedado marcadas en la tierra semi mojada ya que el martes había llovido. Los pasos, según el padre llegan hasta el descampado, no hay pasos hacia el canal. “¿Cómo no voy a conocer las huellas de mi hijo?”, grita desesperado el hombre.

Otro cuestionamiento que se hace Cardoso teniendo en cuenta la patinada que se ve marcada en el canal: “¿Tiene uñas de fierro? El canal iba con una corriente muy fuerte, si se cayó fue arrastrado por el agua, no pudo haberse sostenido”. Y, al ver la marca muy angosta en las paredes del cauce, la familia podría tener razón: parece ser un raspón hecho con un alambre que, una patinada de una zapatilla o un rasguño. Por último, las pisadas al borde del canal “son de una suela que no era la de Marcos”, afirma el padre.

La versión del celular: una pista que no cierra

Se dijo que Marcos sufrió el robo de su celular. También que lo cambió por un cable USB. Nada de eso. Simplemente, lo extravió cuando volvía de su casa. Aunque el martes antes de la desaparición el chico estaba jugando a las risas con su hermano y su tío a las cartas, “Marquitos estaba triste porque se le había caído el celular”, cuenta el padre. La tristeza fue tal que Reynaldo le prestó su celular para que se pusiera mejor.

"¿Cómo nadie lo va a ver?", se pregunta una y otra vez el padre del chico desaparecido.

El celular del hermano mayor fue el teléfono que Marcos tendría en su poder y el número ya fue dado a la fiscalía, donde el fiscal Fernando Giunta instruye el caso. El teléfono que se cayó fue levantado por unos compañeros de Marcos, quienes –por algún motivo- no se lo devolvieron en el momento y se pusieron a jugar. El alumno, que el jueves le entregó el celular al profesor, se sacó hasta fotos con su familia. El aparato volvió a Cardoso el mismo día que el docente lo recibió y cuando ya se estaba buscando a Marcos en el canal.

Confiado en que “la mochila fue tirada para despistar”, el padre espera que se pueda sacar utilidad del dato que proporcionó a los investigadores, cosa que no habían hecho antes, simplemente, porque no recordaban el número hasta que lo encontraron anotado en un papel. Sobre esta nueva información se investiga, mientras -para no descartar- el Cuerpo de Bomberos continúa la búsqueda.

“Me tienen amenazado”

Esto fue dicho por Marcos a su amigo -ése que se creía que había ido a visitar el día de la desaparición- y éste se lo contó a la familia del chico. Al parecer, el adolescente le habría confesado el miedo que tenía una semana antes del 19 de agosto. Sin embargo, no se sabe nada más hasta el momento y quedará en manos de la Justicia seguir por este nuevo ribete que ha presentado la investigación.

Pese a que otro alumno aseguró ver a Marcos cruzar el canal para caminar hacia las vías –por donde pasa el desdichado “tren del carbón”-, los canes no dieron ningún indicio de esta hipótesis y Cardoso no entiende cómo nadie más vio a su hijo. Si Marcos hubiera tomado las vías en sentido contrario a su casa, unas personas que cargan leña –todos los días a esa hora de la mañana- lo hubieran visto. Pero no fue así.

No obstante, estas personas que cargaban leña en la zona de la villa del Bajo Luján son conocidos de la familia del chico y aseguraron algo que también relató el alumno: un hombre corpulento con anteojos negros y con una campera oscura estaba parado en las vías, por donde Marcos tendría que haber regresado hacia su hogar.

“Puede ser que alguien haya llevado al chico, que le han llenado la cabeza, porque él nunca se demoraba salir de casa. Sólo un par de veces fue a lo de su amigo, pero avisaba”, cuenta el padre y la tía de Marcos asevera con la mirada. Como afirma esto, Cardoso desmiente todas las hipótesis que él sabe que han circulado en los medios y no entiende por qué se ha distorsionado todo.

La tía de Marcos y el padre, con la foto de su hijo desaparecido en las manos. Él confía, que con la ayuda de los medios, Marcos será encontrado.

Marcos no se habría ido ni a Jujuy, donde tiene parientes, ni a Bolivia, país natal del padre. Cardoso lo explica: “No sabe cómo ir. No tenemos plata. ¿De dónde va a sacar?”, dice hasta con humor e ironía el hombre, quien agrega: “Su tío, hermano de la madre, sabe desde el primer día de la desaparición. Están al tanto desde el miércoles porque están muy preocupados y quieren mucho a Marcos”.

La estrecha relación con el tío se consolidó cuando él estuvo viviendo siete meses en Luján, en la casa de los Cardoso. Ya que los familiares del Norte del país están atravesando el mismo dolor, el padre desmiente otra versión: “No viajo a Bolivia desde hace 17 años. ¿Cómo él va a conocer allá, si nunca ha ido”. Por último, “no se fue de la casa” porque “faltaría ropa y algunas de sus cosas”, dice el progenitor con la certeza de que ya había procesado, junto a sus tres hijos y su esposa, cualquier posibilidad.

Todos estos razonamientos sólo dan respiros de esperanza a los Cardoso: “Marcos está vivo. Alguien lo tiene”, repite el padre, al tiempo que exige: “¡Qué se muevan! Es lo único que pido. La madre está muy mal... es la madre. Pero, con la búsqueda del canal, hemos dado un paso adelante”, expresa con ánimo y con una voz mucho más firme que la del viernes, cuando apareció la mochila en las aguas de San Martín, cuando se creía que ya se estaba buscando un cadáver.

Las palabras de Cardoso desgarran porque su sentimiento encierra una incertidumbre constante, un sentimiento que une a los padres de chicos que no regresaron a su hogar: “Estamos desesperados. No puedo ir a trabajar. Me siento mal. Siento la ausencia de él. Pienso en cosas buenas, como que está con vida, pero también pienso en cosas malas… Me duele mucho esto”, concluye tras una extensa entrevista, la cual fue concedida para que su hijo aparezca. Porque él confía en eso y espera que Marcos aparezca... con vida.

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