Jornada de homenajes, a un año del fallecimiento del padre Contreras

Este mediodía está previsto un acto en la Penitenciaría, que incluirá el descubrimiento de una placa recordatoria en memoria del popular sacerdote, y por la tarde se realizará una misa en la parroquia del barrio La Gloria, oficiada por el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia.

Al cumplirse un año del fallecimiento del padre Jorge Juan Augusto Contreras,  habrá hoy una serie de actos en su memoria. El primero de ellos, lo llevará adelante el Ministerio de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos de la Provincia, en la Penitenciaría provincial.

Al frente de la capilla del centro de reclusión, lugar donde el sacerdote cumplió labores como capellán desde 1995, el ministro Mario Adaro descubrirá una placa que recordará su labor.

El acto se iniciará con las palabras de un interno de la cárcel que conoció al sacerdote, luego hablará el reconocido periodista Ulises Naranjo, quien durante años fue profesor de teatro en ese establecimiento, y el padre Roberto Juárez bendecirá la placa recordatoria.

La placa dice: “Cuando un luchador derrama su sangre, no solamente hace eso, sino que por sobre todo derrama espíritu sobre el universo. Queda el espíritu que es vivo, y queda como flotando y busca corazones donde aterrizar, busca corazones a quienes ungir. Nuestros corazones se hacen pistas de aterrizaje de un espíritu y no pista por fuera, sino por dentro. Se dejan ungir y entonces nos convertimos en responsables de la bandera de esos luchadores; es presencia viva de ellos. El luchador está presente, vivo entre nosotros, nos convoca y nos hace responsable de su vida”.

Además, a las 20, el propio arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia oficiará una misa en su honor en la parroquia Virgen Peregrina del barrio La Gloria, en Godoy Cruz.

Su vida

El padre Contreras nació en San José, Guaymallén, Mendoza, el 27 de abril de 1925 y falleció el 24 de agosto del 2008 por una afección respiratoria. Creció en Campo Los Andes, donde su padre, Juan Ramón, se desempeñaba como docente y su madre, Felipa Augusta, era ama de casa. Cursó los niveles primario y secundario en el Colegio Normal, donde se recibió de maestro.

Durante un muy breve período trabajó como director-maestro de la escuela de Polvaredas. Luego estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, en Capital, donde recibió el título de profesor de geografía e historia'''.

En 1954 decidió ordenarse como sacerdote y lo hizo en el seminario mayor de la ciudad de Córdoba en 1962.

Actividad pastoral y social

Durante la década de 1970, el padre Contreras estuvo en la humilde Vicaría San Pablo de Guaymallén y, posteriormente, en 1981 fue designado cura párroco de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de la ciudad de Lavalle, desde donde también realizó una importante labor social no sólo en el pueblo, sino a lo largo del desierto lavallino, donde habitan grupos importantes de huarpes en la zona conocida como “de las lagunas”.

En 1991 fue destinado a una de las zonas más humildes y con mayores necesidades sociales del Gran Mendoza, el barrio La Gloria, de Godoy Cruz, donde además de hacerse cargo de la parroquia Virgen Peregrina debió apoyar y luchar para conseguir mejoras y la promoción social de sus habitantes. Entre sus aportes en esta parroquia deben incluirse también trabajos de cultura popular, como la formación de la murga Los Gloriosos Intocables.

En 1995 fue asignado por el arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia, como capellán de la Penitenciaría provincial y, además de darles su apoyo pastoral a los detenidos, debió participar en numerosas gestiones para mejorar las condiciones de éstos. También fue requerida su intervención como mediador en el suceso conocido como el “motín vendimial”, del 3 de marzo del 2000, dado que tanto el Gobierno como los presos amotinados lo consideraban confiable y de palabra.

Sus últimos años

En los últimos años, el padre Contreras fue galardonado por diversas entidades públicas y privadas que valoraron su importante labor social en Mendoza. Uno de estos reconocimientos se produjo en el 2007, cuando la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo lo nombró “doctor honoris causa”, resaltando así “su trayectoria y su íntimo compromiso con los sectores más desprotegidos de la sociedad, trabajando junto a los que más lo necesitan”.

Posteriormente, desde comienzos del 2008, el sacerdote padeció varios males, incluyendo una insuficiencia respiratoria y un cáncer de próstata que le valieron pasar buena parte del año internado, hasta que finalmente debió ser trasladado nuevamente al Hospital del Carmen, de Godoy Cruz, por una nueva insuficiencia respiratoria que causó su deceso.

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