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Usain Bolt, el sorprendente atleta de otra galaxia

Los gestos, morisquetas y sonrisitas que ensayó durante toda la tarde llegaron a hacer pensar que Usain Bolt había perdido el foco, pero cuando a las 21:46 de Berlín el cronometro se paró en 9,58 segundos, un escalofrío recorrió la espina dorsal del deporte mundial: Bolt es de otra galaxia.

¿El juego sigue? Habrá que creerle, porque Bolt es el hombre que hace exactamente un año, el 17 de agosto de 2008, revolucionó los Juegos Olímpicos de Pekín con unos 9,69 que pocos esperaban. Y después logró los 19,30 en los 200, y otro récord mundial en los 4x100... Bolt, está claro, logra todo lo que se propone.

"Es el mejor, no hay forma de pararlo", dijo Asafa Powell en aquellos Juegos. Hoy Powell tampoco pudo pararlo, aunque con sus 9,84 se llevó el bronce y su mejor marca de la temporada. Lo festejaron juntos, ensayando un nuevo paso de baile (¿cuántos van?) y cubiertos por la bandera de Jamaica, esa isla de los milagros.

A unos pocos metros Tyson Gay daba puñetazos en el aire. Claro, cómo no estar frustrado. Sus 9,71 segundos de hoy son la tercera marca de todos los tiempos, a menos de un suspiro del récord de Pekín. Ahí, a tiro de Bolt.

Pobre Gay. Casi lo logra, pero cuando acaricia la gloria, cuando se convierte en uno de los dos hombres más rápidos de la historia, Bolt, que en ningún momento dejó de exhibir confianza, casi desprecio por sus rivales, le asesta un 9,58. Cómo no va a estar frustrado Gay, un tricampeón mundial de 27 años que ve esfumarse la posibilidad del cuarto título cuando en cualquier otra circunstancia se hubiera convertido en uno de los héroes deportivos del año.

Un héroe galante, como se vio hoy tras la carrera.

"Él puede llevar el cuerpo humano a otro nivel", dijo Gay sobre Bolt. "Creo que algún día podré hacer eso también. No estoy quejándome, estoy realmente feliz. Corrió la mejor carrera que haya visto nunca. Yo seguiré corriendo".

Bolt hizo hoy los deberes desde el principio hasta el final. Su tiempo de reacción en la salida (0,146 segundos) fue casi idéntico al de Gay (0,144) y no mucho peor que el de Powell (0,134). Solventado ese déficit del larguirucho de 193 centímetros, devorarse el brillante hectómetro azul del estadio que se abría ante sus ojos era más un placer que una presión.

Cuando restaban diez metros el movimiento fue leve, levísimo, sus ojos girando hacia la derecha buscando al gran rival. Pero Gay no estaba allí, estaba detrás, y esta vez, a diferencia de aquel 17 de agosto de 2008 en Pekín, el 17 de agosto de 2009 vio a Bolt cruzar la meta estirando la cabeza y arañando centésimas para seguir reescribiendo la historia del atletismo.

John Einmahl, un profesor de matemáticas de la Universidad de Tilburg, Holanda, calculó en 2006 los límites humanos en las 14 disciplinas del atletismo, basándose en la Teoría del Valor Extremo. Según Einmahl, 9,29 segundos es el límite. Ya no suena tan a fábula, porque Bolt está a sólo 29 centésimas tras devorarse en un año 11 de una tacada.

Por eso en la noche de hoy ya nadie se acordaba de la salida en falso de Bolt un par de horas antes en semifinales, ni tampoco de su exceso de morisquetas, que el público ama diga lo que diga Jacques Rogge, el presidente del COI. En la húmeda, calurosa e histórica noche berlinesa todos los ojos apuntaban a un prodigio nacido en Jamaica con una pregunta tan unánime como sin respuesta: ¿Hasta dónde vas a llegar, Usain?
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5 de Diciembre de 2016|16:06
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