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Schumacher, "triste y frustrado", dejó abierto su regreso a la F1

La decepción por no poder regresar a la Fórmula 1 se dibujó hoy en el rostro del heptacampeón del mundo. Pero pese a que pasa por el momento "más amargo" de su carrera, dejó abierto un posible regreso más adelante.

La leyenda eligió la puerta trasera. El alemán Michael Schumacher no tenía ganas de hacer una gran aparición el día después de descartar su regreso a la Fórmula 1. Poco después, mostró claramente la dimensión de su dolor por no cumplir con su sueño. Y lo hizo ante las cámaras y la prensa de todo el mundo.

Sonrisa forzada, oscuras ojeras y la mirada fija en el vacío: la decepción por no poder regresar a la Fórmula 1 se dibujó hoy en el rostro del heptacampeón del mundo. Pero pese a que pasa por el momento "más amargo" de su carrera, el alemán dejó hoy abierto un posible regreso más adelante.

"Simplemente no funciona", dijo el heptacampeón del mundo, muy afectado por tener que renunciar a su ilusión y a la de millones de fans que le siguen. Hasta el último momento había intentado poder sentarse de nuevo detrás del volante de un Ferrari el 23 de agosto en Valencia, seis meses después de su accidente de moto en febrero, el que le hizo renunciar al reto emprendido con 40 años y tras casi tres de retiro.

Bronceado, con el cuerpo entrenado y camisa blanca, Schumacher se sentó, derrotado, en la tribuna y tuvo que explicar y explicar por qué las leyes de la medicina y su dolor continuo en el cuello tras caerse de la moto le habían jugado una mala pasada.

"Es quizás el momento más duro de mi carrera", señaló Schumacher, que calificó de "momento triste" su decisión de renunciar a regresar a la Fórmula 1 por los problemas físicos que sufre en el cuello.

"Es comprensible que esté decepcionado", dijo antes de explicar por qué no pudo culminar su regreso para suplir al accidentado Felipe Massa en Ferrari.

"Con 40 años el tiempo corroe a uno", dijo el ganador de 91 Grandes Premios. "El tiempo del que disponía para prepararme era limitado", agregó.

Su manager, Willi Weber, se lo tomó con más humor. "Ha sido el destino. No se puede dominar", dijo con una sonrisa que no le puede borrar ni el desvanecimiento del negocio que hubiera supuesto la venta de productos de merchandising del piloto.

Junto a Weber, su médico, Johannes Peil, y su portavoz de prensa, Sabine Kehm, lo apoyaron en Ginebra. Sólo su círculo cercano sabe lo duro que entrenó el multicampeón para regresar a la Fórmula 1 tras su accidente de moto en España, del que no recuerda nada.

"Por un lado se puede decir que fue un grave accidente, pero por otro, sobreviví. Hay que pensar en positivo", dijo.

Cuando Peil, su médico de confianza, fue narrando los daños en las vértebras y en la base del cráneo, Schumacher giró la cara y le corrigió en voz baja: de ningún modo quería que quedara la idea de que no puede hacer más deporte en su vida, de que será un inválido.

De hecho, tras varias preguntas sobre su futuro, no descartó un regreso más tarde. "Si he entendido bien a mi doctor, no hay razones médicas en contra", dijo y adelantó obstinado y orgulloso la mandíbula.

Su consejera más importante, su esposa Corinna, lo apoyó en todo. "Me conoce y confía en mí", dijo, y agregó por primera vez con la voz débil: "Es una mujer fantástica".

No dejó traslucir más emociones. Su cara lo decía todo. Tras 77 minutos de interrogatorio y de exposición del dolor, se acabó y el multicampeón se marchó directamente de la sala del lujoso hotel. Por la puerta lateral.
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11 de Diciembre de 2016|02:41
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