MDZ: El arte de incomodar a los demás

Cada día, decenas  de sitios en Internet dictan sus clases de periodismo online. Sus materias cambian a velocidades vertiginosas. Todo va tan rápido y es tan urgente que The New York Times, por ejemplo, creó un laboratorio para explorar funcionalidades y nuevos soportes para sus contenidos.

Los medios online viven en un permanente estado de desorientación, angustia, entusiasmo y éxito. Nunca en la historia los medios fueron tan consultados. Pero ¿Qué son las noticias hoy? Nadie lo sabe. Por ejemplo, millones de usuarios publican en Twitter sus noticias sin contexto alguno, en apenas 140 caracteres, sabiendo que el lector que es un seguidor sabrá decodificar de lo que se le está hablando. Esta metodología parece traicionar las leyes básicas del periodismo, sin embargo, funciona con enorme éxito.

No hay un manual -como había antes- para hacer las cosas. En todo caso lo hay y caduca cada media hora.

MDZ nació en este contexto mundial. Un ecosistema de medios burbujeante que aportó al mundo una nueva idea acerca de la libertad, el rol de los medios, y el rol de los usuarios. MDZ nació así en Mendoza.

No es un secreto que el poder empieza a entender lo que significan los medios online, y también a temer sus consecuencias. Días atrás, la Agencia Bolivariana de Noticias creyó encontrar una conspiración de la ultraderecha en la espontánea actividad viral que repudió los ataques a Globovisión.

Hoy MDZ cumple dos años. En ese período sus periodistas, fotógrafos, técnicos y administradores, y especialmente su directorio, hicieron cada uno a su escala su contribución diaria esperando que los lectores los eligieran. El resultado ha sido penosamente logrado e inmensamente exitoso. Diariamente, decenas de miles de lectores escriben www.mdzol.com para enterarse de lo que pasa en Mendoza, en el país y en el mundo. Pero su contribución es aún más profunda que el número de sus lectores. MDZ alteró en los últimos dos años la relación entre el poder y los medios, desequilibrando muchas veces a ambos. No hay duda que hay algo incómodo en la existencia de MDZ para los demás. Su presencia es molesta, perturbadora, fastidiosa. Tal cual como debe ser el buen periodismo.

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19 de agosto de 2017 | 20:40
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