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Beijing, un año después: entre el aire más puro y la censura de siempre

Aire algo más limpio, sedes en discusión, mayor tolerancia entre extranjeros y chinos pero censura del Gobierno igual de opresora: ésas son las señas de identidad de la capital china a un año de la inauguración de los Juegos Olímpicos.

Necesitada Beijing de un desarrollo urgente y el país de una nueva y refrescante imagen hacia el mundo, el gobierno chino gastó 42.840 millones de dólares para organizar los Juegos Olímpicos 2008, incluyendo la construcción de nuevas líneas de metro, carreteras y la limpieza del aire, además de la creación de las instalaciones olímpicas.

Doce meses después, el panorama es dispar. La administración de protección ambiental de la ciudad insiste en que el aire se ha mantenido limpio, en camino de alcanzar en 2009 su objetivo de tener 260 días de "cielo azul".

"El gobierno ha prestado mucha atención a la cuestión medioambiental y las medidas de control del tráfico han jugado un rol clave", señaló a dpa Chen Zhongming, de la Universidad de Ciencias e Ingeniería Medioambiental de Pekín.

Las restricciones en la circulación de los coches creadas para los Juegos se han mantenido desde entonces y, pese a que los pulmones de los pequineses siguen luchando contra la polución, el gobierno chino está utilizando el primer aniversario olímpico para promover la salud.

El 8 de agosto fue declarado "Día Nacional del Fitness", por lo que habrá numerosas actividades deportivas en el Parque Olímpico. La más importante, la final de la Supercopa italiana de fútbol que jugarán el Inter de Milán frente a la Lazio en el Nido de Pájaro.

Será la primera vez que se utilice el estadio desde la finalización de los Juegos Paralímpicos, en septiembre de 2008, hecho que reabrió el debate de cómo mantener las sedes olímpicas.

El Nido de Pájaro, con capacidad para 91.000 espectadores, atrajo 3,5 millones de visitantes en los primeros cinco meses del año, según el "Beijing Times". Los turistas generaron 44,1 millones de dólares. El mantenimiento del recinto cuesta al menos 30 millones al año.

La venta de los derechos del nombre aportaría 300 millones de dólares, pero supeditar un nuevo icono chino al mercantilismo podría ser una decisión polémica. Según Greg Groggel, un estadounidense que ha estudiado el legado de los Juegos en seis ciudades que fueron olímpicas, el estadio ocupa hoy un lugar de privilegio en la psiquis de los pequineses junto a la Ciudad Perdida y la Gran Muralla.

A nivel social, el olimpismo llevó más tolerancia a un país de trato difícil con los diferentes. "Los Juegos dieron la oportunidad a chinos y extranjeros de tener un contacto más cercano. Ambos estaban nerviosos, especialmente el chino promedio. Ahora la gente se siente más fuerte y tolerante", aseguró a dpa Luo Quing, de la Universidad de Comunicación de China.

A lo que no ayudaron los Juegos es a disminuir la presión sobre los disidentes. "El legado de los Juegos en los derechos humanos es una gran oportunidad perdida", se lamentó a dpa Phelim Kine, investigador de Human Rights Watch.

Kline sostiene que fue más una victoria de las formas que del fondo ya que no se ve una "disminución real de las duras medidas del gobierno chino sobre la sociedad civil y las libertades de asociación y expresión".

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