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A 25 años del último gran festejo del "Rey de Copas"

El 27 de julio de 1984, Independiente ganaba su séptima Copa Libertadores, la última de su historia. Su rival en la final fue Gremio, al que venció en Brasil. La vuelta la dio en Avellaneda.

Ni el más pesimista hincha de Independiente imaginaba hace 25 años que ese festejo tras ganar la séptima Copa Libertadores sería el último. Pero así fue: el Rojo, el "Rey de Copas", el "Orgullo Nacional" recuerda hoy con un dejo de nostalgia su último triunfo grande.

Ese equipo dirigido por el "Pato" Pastoriza salía de memoria. Goyén el arco; Clausen, Villaverde, Trossero y Enrique en la defensa; el increíble mediocampo que formaban Guisti, Marangoni, Burruchaga y Bochini; y arriba, Barberón y Bufarini o Percudani.

La campaña de Independiente en esa Libertadores fue contundente: cuatro victorias, un empate y una derrota en la fase inicial, donde compartió grupo con Estudiantes, Olimpia y Sportivo Luqueño.

En esa etapa, logró dos triunfos clave en Avellaneda: la goleada por 4 a 1 ante Estudiantes, y la agónica victoria ante Olimpia.

Tenía que vencer a los paraguayos para avanzar a semifinales, y faltando pocos minutos para el final del partido caía 2 a 1. Burruchaga puso el empate de penal, y Bufarini, tras una gran jugada entre Bochini y Barberón, le dio el gol que clasificó al Rojo a la próxima instancia.

En semis, Independiente consiguió dos grandes empates en sus visitas a Montevideo (1-1 frente a Nacional) y por Santiago de Chile (0-0 con Universidad Católica), y liquidó a ambos en la Doble Visera, por lo cual accedió nuevamente a una final de Copa Libertadores.

En la final esperaba el último campeón de la Copa, el Gremio de Porto Alegre. Independiente jugó la primera final en Brasil, y ese partido es recordado con la mejor actuación de un equipo argentino en el vecino país. El 1 a 0, con gol de Burruchaga, resultó amarrete. El equipo de Pastoriza "bailó" a los brasileños, y se fue aplaudido por todo el estadio.

La revancha se jugó el 27 de julio de 1984 en Avellaneda y fue un trámite. Ninguno arriesgó más de la cuenta, y el empate sin goles le dio otra Copa Libertadores a Independiente.

Hoy, lo que queda de la Libertadores en Independiente son recuerdos y el nombre de un estadio sin terminar. Muy lejos de aquella época gloriosa, el club de Avellaneda está más preocupado por las deudas y el promedio del descenso que por intentar volver a ocupar un lugar destacado en el plano internacional.

Desde aquel título de la mano de Pastoriza y Bochini, los hinchas del Rojo tuvieron pocos motivos para festejar. Tres títulos locales y otros tres a nivel sudamericano no alcanzan para satisfacer a los simpatizantes de Independiente, que ven cómo en los últimos años otros equipos, principalmente Boca, le disputan el mote de "Rey de Copas".

¿Cómo llegó un club modelo a este presente? Las causas se pueden explicar por malas decisiones dirigenciales, que contrataron caro y mal, y abandonaron la línea de austeridad que tenían las anteriores autoridades del club.

Las millonarias ventas de Forlán, Vuoso, Milito, Agüero, Ustari, Denis y ahora Montenegro no alcanzan para sanar las finanzas. Por eso, el presente es complicado: sin plata, sin un plantel competitivo, sin inferiores que nutran al equipo y sin un estadio terminado, a los hinchas del Rojo sólo les queda vivir de los recuerdos, y soñar con un futuro que se asemeje en algo a ese pasado de triunfos y glorias.

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4 de Diciembre de 2016|17:34
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