El frío más crudo, la otra cara de la nieve

En las viñas, o muy cerca de la Ruta 7, en Luján de Cuyo, los más desprotegidos quedaron lejos del glamour de la nieve y de los juegos en trineos improvisados. Dos caras de la misma Mendoza, a apenas unos minutos del centro, donde el gas en garrafa y la leña son el artículo más preciado.

Parece lejos, pero es acá nomás; apenas unos kilómetros por la Ruta 7, hasta una de las entradas en la zona de viñedos de Luján. Allí, a la vera del camino, se alinean una serie de casas muy humildes, abundantes en perros muertos de frío, alimentados como se puede. En la mayoría viven obreros de las viñas, que hoy la reman con unos 50 pesos por día, en plena época de poda.

Elegimos una al azar, o no tanto… Llevábamos algo de leña en el baúl, y vimos la columna de humo tímido que se metía, a esa hora del mediodía, en el cielo hinchado de nieve. Es el día más frío del año, después de la única mañana nevada en la Ciudad y en el Gran Mendoza en mucho tiempo. En la Ruta 7, hasta el cruce a Almafuerte, decenas de familias con chicos disfrutan de los juegos de la nieve. Sonrisas, mucho abrigo, y trineos improvisados completan el panorama. Lo mismo sucede en los caminos a Cacheuta y Villavicencio.

Pero… ¿Cómo la pasan los que tienen menos para defenderse no sólo del frío, sino de la vida? ¿Cómo hacen para atravesar estos días de frío tenaz, que en la zona rural aprieta hasta hacer llorar el alma?

“Acá tenemos una salamandra… todos los días me voy hasta la viña para traer algarrobo o eucalipto… por suerte lo consigo ahí… porque ahora estamos con la poda y con 50 pesos por día no nos alcanza…” cuenta Claudio (40) un obrero jornalizado que trabaja todo el año en las viñas, en la zona de Agrelo.

Vive con su madre, una anciana de 72 años que no habla, y apenas nos sonríe cuando nos invitan a pasar. En una pieza apretada pasan sus días madre e hijo. Una Siam Di Tella destartalada pero con el motor aun en funcionamiento adorna un rincón, al lado de una televisión que conoció tiempos mejores. En las paredes de ladrillo pelado, apenas una foto de la mujer, unos cuantos años atrás, con su marido, y un almanaque de 2007. Vaya uno a saber qué hace ahí. Él murió, y ahora el hijo cuida de su madre, virtualmente imposibilitada por un problema en una pierna". Aunque aun no son las 12:00 ya almorzaron, porque arrancan muy temprano. A las 7:00 hay que estar en funcionamiento. Los restos de un guiso carrero en un par de platos muy usados hablan de la humildad con la que viven, sin gas, sin agua corriente... La juntan en tachos y en una modestísima palangana. Afuera, los perros ladran que da gusto, poco acostumbrados a las visitas… se ve…

-¿Cómo se calefaccionan?
-Con leña, en la salamandra, y cocinamos con gas cuando conseguimos garrafa. Como ahora está por aumentar, no hay. Anduve por acá (señala hacia una estación de servicio que está a unos kilómetros…) y no hay caso... Dicen que es por la suba. Yo no se cómo vamos a hacer con 50 pesos por día.

-¿No gestionaron ninguna ayuda oficial, como el Plan Calor…?-

-No nos dan, porque mi mamá es jubilada…-

-¿Cuánto cobra?

-Cuatrocientos pesos. Y necesitamos plata porque estamos haciendo otra pieza acá, pero no podemos… nos cuesta mucho terminar…

Dejamos la vivienda de Claudio y su madre, plena de humedad y frío. Más adentro, en Agrelo, encontramos otro personaje en un caserío de adobe y algo de ladrillo. Afuera, unos caballos cansados y añejos mastican un poco de hierba. Está nevando de nuevo, pero a los matungos no les importa. Apenas si un zaino colorado más joven levanta la cabeza cuando nos siente golpear las manos. Hay que avisar así, por más que la tranquera esté abierta. Uno nunca sabe qué humor tienen los dueños de casa con los extraños.

Asombra el buen ánimo de Don Atilio (60), otro trabajador de las viñas con un siglo en la mirada y los años pidiendo pista sobre los hombros. Las manos renegridas de tierra y trabajo sostienen apenas un cigarrillo. Se asoma, saluda, y enseguida cuenta lo mal que la está pasando con el frío. También se queja de lo difícil que es conseguir el gas. Tiene una garrafa chica, con una pantalla que no alcanza para la habitación enorme y helada. Una cama desecha, con frazadas de mucho tiempo, se amontona contra una pared descascarada. Sobre el anafe no hay comida en marcha, ni mucho menos. Apenas un paquete de Criollitas por la mitad.

-No tengo salamandra. Y como el piso es de madera no puedo hacer fuego acá, ni siquiera en una latita…- se lamenta. Vive del trabajo en los campos, pero sólo cuando lo llama el contratista. Ahora hay poda, pero por el frío intenso y la nieve no pudo salir a trabajar. Atilio (derecha) hoy se quedó sin ganar un centavo. Recibe de buen grado la leña que transportamos, y cuenta que lo que necesita ahora es jubilarse porque su salud no le permite trabajar demasiado.

-Acá cerca hay una salita. Voy a ir a una doctora que me de un papel para jubilarme…- se ilusiona, y describe un farragoso trámite que le permitiría acceder al beneficio soñado. Ojalá le vaya bien, y no se lo fume algún atorrante. El pobre viejo vive al lado de los caballos con 250 pesos por mes, cuando trabaja. Otros, en las casas cercanas, se dedican también a enfardar y vender pasto, y contratar para las fincas. La diferencia es notable: Los vecinos de Atilio tienen auto, y TV satelital para pasar más entretenidos la crudeza del invierno.

Los casos de Claudio y su mamá y de Atilio son dos ejemplos de cómo el frío y la nieve atienden desparejo. Para unos es diversión, para otros; nada, ni mucho menos. Muñecos de nieve sonrientes, o largas caminatas para conseguir un poco de leña.

Son las dos caras de la misma Mendoza, a apenas 30 minutos del centro.

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19 de agosto de 2017 | 03:35
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