Quinceañeras en foco

Vestidas cual novias a punto de ingresar al altar, las quinceañeras hacen la previa de un casamiento. Fiestas de trescientos y más invitados, catering, videos, fotos, un clásico vals y la tradicional “hora del souvenir o las velitas” son parte de un rito que se impone y genera expectativas. Las fiestas de 15 son el lugar donde empiezan a socializar los adolescentes y el invierno es la época fuerte de estos mega eventos que cada vez cobran mayor protagonismo.


Cada época tuvo lo suyo, dicen las madres. Hay décadas en que “festejar los 15 no se usaba” y otras en que era todo un boom. Años atrás las chicas esperaban un viaje a Disney. Por estos días “tener un 15” es lo “más”, aseguran los adolescentes que se agolpan en la puerta de ingreso de La Casa del Fundador. Es que adentro Daniela Castro festeja su cumpleaños y todavía no son las 12 de la noche.

Es decir acaban de terminar de servir el catering para unas 150 personas y Daniela se dispone a hacer la típica entrega de sus velas. ¿En qué consiste esto? La quinceañera –micrófono mediante- regala una velita a modo de souvenir a sus íntimos amigos y parientes más queridos. Son quince y nada más. Los elegidos son privilegiados de la noche.

Después del rito las luces se apagan y un video repasa los años felices de la homenajeada para dar paso al vals que se baila con amigas, amigos y parientes. Afuera alrededor de cien chicos y chicas invitados después de 12 hacen el “riguroso aguante” y esperan con paciencia poder entrar. La puerta está custodiada y si no tienen la tarjeta de invitación no podrán pasar.

Los lugares para los festejos tienen tomadas las reservas con varios meses de anticipación, “hoy están celebrando algunas chicas que cumplen en abril y que no encontraron lugar para hacer su fiesta”, comenta el gerente de uno de los salones.

Para los adolescentes cada fiesta es una buena excusa para salir a bailar. La mejor parte empieza siempre después del vals, cuando se abren las puertas y los invitados después de 12 copan la pista. “Esto es lo que les gusta a ellos” dice un fotógrafo acostumbrado a seguirles el ritmo.

El Djay ajusta el sonido, levanta el clima y rondando las dos de la mañana empieza la verdadera fiesta. Afuera una cola de chicos inventan todo tipo de artimañas para convencer a los “patovicas” que están en la lista. Otros ensayan maniobras para trepar  las paredes y saltar adentro, todos saben que los “colados” también forman parte del staff en estas fiestas.
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