Mal pronóstico para Argentina por el Cambio Climático

La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable realizó convocatorias a distintos sectores políticos y sociales en los últimos meses para sumar voces de cara a la elaboración de un plan de adaptación al cambio climático. Ese documento está previsto que se difunda en enero. Sin embargo, el país está un paso atrás en la materia con respecto a Brasil, México y Uruguay, que ya tienen sus esbozos de buenas intenciones.

El 9 de julio de 2007 nevó en Buenos Aires y justo un año después hizo casi 30 grados centígrados, en medio de la sequía más grave del último medio siglo en la Argentina.
  
Si bien estas alteraciones climáticas no pueden ser atribuidas directamente al calentamiento global, son muestras de que ese fenómeno comienza a sentirse también en el cono sur con un pronóstico de preocupante a apocalíptico hacia fin de siglo.
  
Desde la irrupción del huracán Katrina en Estados Unidos, aquel que devastó Nueva Orleans en 2005 y parte de la popularidad de George W. Bush, el cambio climático fue ganando espacio en la agenda mundial y ahora pasó a estar en el centro de las discusiones de las potencias junto con la necesidad de  encontrarle un escape a la crisis financiera internacional.
  
La cuestión fue abordada esta semana en la reunión del Grupo de los Ocho países más industrializados (G-8) y la de ese foro con la de los principales países emergentes (G 6), de cara a la XV Conferencia sobre Cambio Climático que reunirá en diciembre a las Naciones Unidas en Copenhague, Dinamarca.
  
Pero la cumbre celebrada esta semana en L’Aquila, en el centro  de Italia, arrojó resultados dispares: si bien hubo acuerdo sobre el objetivo de limitar el calentamiento global a 2 grados hacia 2050, no se fijaron las metas de reducción de emisiones que permitirían alcanzarlo ni tampoco hubo objetivos intermedios.
  
Lo más alentador resulta el cambio de posición de Estados  Unidos que con Bush se negaba a ratificar el Protocolo de Kyoto,  pese a haberlo suscrito en 1997 para contener o reducir las emisiones de gases que provocan el denominado efecto invernadero y el posterior calentamiento global.
  
"Obama y Bush son el día y la noche", comparó el periodista  danés Lars Dahlager, del diario Politiken y autor de dos libros  sobre la variabilidad climática, en un seminario reciente dictado en la embajada del Reino Unido en la Argentina.

  
Temperatura
  
Desde el período pre-industrial, cuando comenzó la quema masiva de combustibles fósiles, la temperatura global aumentó 0,8 grados centígrados. Ahora, el proceso se aceleró y las proyecciones incluyen escenarios de subas de hasta 6 grados para el final del siglo, lo cual pintaría un panorama de catástrofe.
  
De acuerdo con un informe elaborado por la BBC, con un aumento de 2 grados desaparecerá la capa ártica, se alterará el equilibrio de energía del planeta, habrá sequías en regiones subtropicales y se multiplicarán los incendios forestales. 
  
Además, los daños económicos del cambio climático pueden afectar el 20 por ciento del PBI mundial, el equivalente a unaguerra mundial o una gran depresión, según el informe Stern (Stern Review on the Economics of Climate Change) en 2006.
  
En la capital danesa, países desarrollados y emergentes fijarán metas para la reducción de gases y redefinirán el esquema de transferencia de fondos del centro a la periferia para abordar el problema, aunque la Argentina pretende una tajada de la torta.
  
"Los países en desarrollo están de acuerdo en hacer una  política de mitigación y adaptación (al cambio climático) pero no a cualquier costo. El protagonismo debe ser de los desarrollados y las discusiones están centradas en quién financia la transferencia de tecnología", situó Nazareno Castillo Marín, director de la División Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente.
  
Hasta el momento todos los proyectos de desarrollo destinados a las naciones subdesarrolladas fueron a parar a China e India, que entre ambas concentran un tercio de la población mundial.

  
¿Hay un plan?

  
La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable realizó  convocatorias a distintos sectores políticos y sociales en los últimos meses para sumar voces de cara a la elaboración de un plan de adaptación al cambio climático.
  
"Ese documento está previsto que se difunda en enero", precisó  Castillo Marín. Sin embargo, el país está un paso atrás en la  materia con respecto a Brasil, México y Uruguay, que ya tienen  esos esbozos de buenas intenciones.
  
De cara a la Conferencia de Copenhague la Argentina trata de  conciliar una posición común con el Grupo de los 77 (G-77) de naciones en desarrollo. Pero a diferencia de otros tópicos, no hay una tarea mancomunada de América latina.
 
"El cambio climático no va a tener un impacto homogéneo en  todas las regiones, sino que por el contrario va a ensanchar la  brecha entre ricos y pobres", alertó el director de Medio  Ambiente de la Fundación Bariloche, Osvaldo Girardín. Habló así de la necesidad de abordar el problema pese a que la prioridad pase por rescatar de la pobreza a 14 millones de personas.
  
El 85 por ciento de las emisiones de la Argentina se concentra  en dióxido de carbono por generación de electricidad con combustibles fósiles y por uso de transporte; la liberación de óxido nitroso por utilización de fertilizantes en los suelos; y de metano liberado por el ganado tras su proceso digestivo.
  
La Argentina debería reducir sus emisiones, pero tiene relativamente poco para hacer per se en pos del mejoramiento global. Los dos países con más deberes pendientes son Estados Unidos y China, el más industrializado y nuevo dínamo mundial.
  
En cambio, en este rincón del globo se va a sentir el impacto de las variaciones. Según un informe del Foreign Office británico, la temperatura variará aumentará en la región sur de Sudamérica entre 1,7 y 3,9 grados centígrados y las precipitaciones pueden ir desde un descenso del 12 por ciento a un aumento del 7 por ciento.
  
El documento habla de mayor frecuencia de tormentas de granizo e inundaciones repentinas, además de riesgo de inundaciones para ciudades costeras (como Buenos Aires), entre otras consecuencias indirectas como las migraciones.
  
También, la mayor concentración de carbono, responsable del efecto invernadero, puede aumentar en la Pampa Húmeda hasta un 67 por ciento la productividad del cultivo de soja, que a su vez es uno de los más contaminantes y promotores de la deforestación, otra causa del cambio climático.
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19 de septiembre de 2017 | 14:46
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