Diez perlitas históricas de Mendoza en la década de la independencia

En esta fecha patria y al borde del Bicentenario del surgimiento de la institucionalidad en nuestro país, ofrecemos la visión de prestigiosos historiadores e investigadores mendocinos sobre cómo se vivía en Mendoza en la década de la independencia. El vino, la Alameda, la música, las letras, la educación.

El imperio de lo urgente y la dictadura de las imágenes nos hacen perder profundidad casi a diario. Cada cosa que hoy sucede tiene un antecedente. Según como se movieron las piezas en determinado momento de la historia, se fue conformando la realidad actual de nuestra provincia.

Sin embargo, hay pocas oportunidades –más allá y más acá de las efemérides- para chapucear un poco en la historia, en la búsqueda de indicios que, aunque no estén presentes en la cotidianeidad, nadie podrá moverlos de su rol fundacional.

Repasamos aquí algunas “perlitas”, momentos, extractos de la historia de Mendoza en la década de la independencia.

La idea es que sirvan de resorte para que muchos vuelvan sobre los libros de historia que por suerte, en nuestra provincia son muchos y poseen una gran diversidad de enfoques y autores.

Aun de las polémicas sobe puntos contrapuestos de la historia surgen datos fundamentales.

Aquí, recurrimos a una gran compilación realizada en 2004 por Arturo Roig, Pablo lacoste y María Cristina Satlari. Se trata de dos volúmenes, “Mendoza, cultura y economía” y “Mendoza a través de su historia”. Fueron editados por la editorial local Caviar Bleu a instancias del empuje que la gestión de Emma Cunietti al frente de la Dirección General de Escuelas le dio a la iniciativa.

Cada escuela de Mendoza, hoy, tiene los dos volúmenes entre cuyos autores se cuentan –además de los compiladores- Alberto Gago, jorge Chambouleyrón, Luis Treviño, Cristina Segheso de López Aragón, Beatriz Bragoni, Fernanda Beigel, Carmen Arrojo, Gastón Bustelo, Alejandra Rossignoli, Gustavo Marón, Guido Guiretti, Garcés Delgado, Dardo Pérez Ghilou, Juan Schobinger, María del Rosario prieto, Patricia Dussel, Orlando Palagatti, Alejandro Paredes, Adriana Micale, Ana María Mateu.

Los libros sirvieron de base para la puesta en marcha del proyecto Mendoza TV Educa, con 27 programas de televisión que fueron emitidos por todos los canales de TV de la provincia, abiertos y por cable, como parte de un plan de capacitación conjunta de docentes, padres y alumnos.

En el día de la independencia, este disparador con “perlitas” para que profundicemos en nuestra historia.

La gente

“No era la sociedad mendocina –dice la historiadora María Cristina Satlari en “Mendoza a través de su historia”- aquélla donde hubiese sólo dos clases, la de los señores y la de la gente esclavizada o semiesclavizada constituida por mestizos, indios, mulatos y zambos, como afirman algunos historiadores. Existía –sostiene Satlari- una cantidad de grupos intermedios, que no poseían tierras pero que producían algún tipo de bienes que podían comerciar con las clases acomodadas”.

La ciudad

Satlari también da cuenta en su trabajo histórico que “después de creada la Alameda, y especialmente con la importancia que San Martín le dio a ese espacio público, proliferaron los cafés y tiendas de helados a su vera. Allí –dice- concurrían oficiales y sus señoras o novias por las tardes”.

La economía

Dos años antes de que se declarara la independencia en Tucumán, José de San Martín, gobernador intendente de Cuyo, “impuso la `economía de guerra`. El historiador Alberto Gago relata que lo hizo “creando cuerpos regulares de milicias para llevar a cabo la causa revolucionaria´”. El autor indica que esto “exigió la expansión y diversificación de la producción regional”. Por ello, “con San Martín en Cuyo, la oligarquía fue coactivamente impulsada a producir. Se la afectó con contribuciones forzosas, la entrega obligatoria de recursos (principalmente de esclavos) y la movilización productiva de sus bienes”.

El vino y la independencia

El historiador Pablo Lacoste es autor de un estudio que vincula a la producción vitivinícola de Mendoza con el cruce de los Andes por parte del Gral. San Martín. El prócer “lo eligió como alimento y como fuente de energía para los soldados que debían cruzar los Andes y librar batallas decisivas en Chile”, sostiene Lacoste. Agrega que “debió destinar 113 mulas para transportar el fruto de la vid, para  asegurarle a cada soldado una botella por día”.

El agua

Según Jorge Chambouleyrón, “hacia 1810 Mendoza ya gozaba de merecida fama por su intensa agricultura desarrollada merced al esfuerzo del hombre”. Al recopilar la historia del riego artificial en la provincia, el experto en estos temas señala, además, que “en esa època, los cultivos abarcaban grandes extensiones del Valle de Uco, Tunuyán y San Rafael, donde por propias exigencias del riego y de la intensidad de la mano de obra necesarias había agrupado población y, como consecuencia, también una incipiente actividad industrial”.

Las instituciones

Cristina Segheso de López Aragón, da cuenta en su trabajo denominado “El proceso constituyente” que “con la adhesión de Mendoza a la Revolución de Mayo se consolidaron presupuestos políticos transformadores de la sociedad, que habían sido enunciados desde los inicios de la gesta”. La investigadora, da cuenta que “en consecuencia, bajo el peso de la ideología en boga, se reconoció a la soberanía del pueblo como origen de la nueva legitimidad y se sentó el principio de legalidad; se optó por la forma representativa de gobierno con la incorporación de representantes que, en virtud de un mandato imperativo propio del Antiguo Régimen, integraron el órgano gubernamental sujetos al cumplimiento de precisas instrucciones”.

Los trabajadores

Entre la Revolución de mayo y la Constitución nacional de 1853-60 –sostiene Fernanda Beigel, historiadora especializada en asuntos sociales- no sólo mediaron cambios fundamentales para la estructura institucional de Mendoza, sino que también se produjo el arraigo del modo de producción capitalista basado en una forma de acumulación de bienes provenientes de la actividad agraria”. Agrega que “la industria sólo atravesó un pequeño período de auge durante las guerras de independencia, pero no habían llegado en este momento las condiciones para su despegue definitivo”. Más adelante, indica que “con la Revolución de Mayo la situación de la población negra y de su porción esclava no cambió. San Martín –escribió Beigel- debió indemnizar a los dueños de los esclavos que los habían entregado para que perecieran heroicamente en las batallas de liberación”. Y agrega que “mientras se mantenía el sistema de esclavitud, se consolidaba una forma de relación laboral `cuasi-libre` para los peones mendocinos: se trataba de `la papeleta de conchabo`”. Indica que “se llamaba conchabo a cualquier trabajo que se hacía bajo las órdenes de un patrón. La ´papeleta` era un documento que quedaba en poder del dueño de la estancia o finca donde se establecía el enrolamiento del peón”.

La educación y la filosofía

Auscultando lo que pasaba por los años de la independencia en Mendoza, el investigador Arturo Andrés Roig señala que “en 1809 el Virrey Cisneros, ante la demanda de estudios en Mendoza y seguramente teniendo en cuenta la decadencia de la Real Casa regida por los franciscanos, dictó el decreto de creación de una nueva institución educativa, el Colegio de la Santísima Trinidad, el que recién pudo abrir sus puertas en 1817, ya en plena època independiente. No cabe duda –escribe Roig- que entre este colegio y el anterior, la Real Casa de Estudios, se dio una continuidad, como asimismo es posible observar este mismo hecho entre el Colegio de la Santísima Trinidad que desapareció en 1861 y el Colegio Nacional, todavía existente, fundado en 1865”. Roig destaca que “quienes apoyaron el nuevo colegio y quienes lo pusieron en funcionamiento, entre ellos el General José de San Martín, invocaban los ideales de la ilustración, tal como la misma se expresó dentro del mundo hispánico”. “En particular –especifica el autor- los años iniciales del Colegio fueron conflictivos, como consecuencia de un enfrentamiento que enfrentaba toda la sociedad de la época, la de tradición y revolución”.

Las letras

Emma Cunietti recopiló la historia de la literatura mendocina y, en esa tarea. Logró destacar que “en el marco del neoclasicismo ilustrado, 1817 es clave para nuestras letras”. “Durante ese año –sostiene- se introduce la imprenta, cuyo uso está al servicio de la causa independiente y se inaugura el Colegio de la Santísima Trinidad”. En adelante, según la autora, se produce una explosión de relatos épicos, fundamentalmente a partir de 1820 en donde quien se destaca como autor es Juan Gualberto Godoy.

La música

Para Carmen Gutiérrez de Arrojo la época de la independencia “se inició un desplazamiento hacia lo público y maneras menos sectoriales en la actividad y consumo de la música”. En su estudio histórico sobre la música en la provincia, Gutiérrez de Arrojo explica que “la influencia del accionar revolucionario de San Martín y del Ejército Libertador en Mendoza se extendió a toda la comunidad, que sintió el impacto en sus conductas y costumbres sociales y culturales, las que produjeron modificaciones no sólo políticas y económicas”. En este sentido, dice que “el primer apoyo estatal que recibió la música en Mendoza fue en el orden castrense y se produjo, precisamente, con motivo de la organización del Ejército Libertador, por la necesidad de que cada batallón contara con su banda militar”.

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