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Federer se convierte en leyenda al ganar el decimoquinto "grande"

Federer necesitó 4:18 horas y una cifra récord de 77 juegos, la más alta en una final de un "grande", para cruzar el umbral de la gloria, para reescribir la historia del tenis con las leyendas vivas de ese deporte como testigos en Wimbledon: Pete Sampras, Rod Laver y Bjorn Borg.

El suizo Roger Federer es desde hoy leyenda del tenis al convertirse en el único jugador con 15 títulos de Grand Slam.

Federer necesitó 4:18 horas y una cifra récord de 77 juegos, la más alta en una final de un "grande", para cruzar el umbral de la gloria, para reescribir la historia del tenis con las leyendas vivas de ese deporte como testigos en Wimbledon: Pete Sampras, Rod Laver y Bjorn Borg.

El suizo derrotó al estadounidense Andy Roddick por 5-7, 7-6 (8-6), 7-6 (7-5), 3-6 y 16-14 en una dramática final en el césped del mítico torneo.

Federer rompió así el empate a 14 que mantenía con el estadounidense Sampras, heptacampeón en la hierba de Londres y presente hoy en tan histórica cita del 5 de julio de 2009.

A las 18:27 horas, Federer, de 27 años, se convirtió en el tenista más exitoso en los cuatro grandes al ganar su sexto Wimbledon, y además recuperó el número uno del ranking mundial sucediendo al español Rafael Nadal, campeón el año pasado y que, lesionado, no pudo defender el título.

"Me sorprende el jugador que he llegado a ser. Es surrrealista pensar en llegar tan lejos, es increíble llegar hasta esto hoy", dijo Federer ya con su chaqueta con el número 15 bordado.

"Es asombroso que haya jugado tan bien tantos años sin lesiones, estoy feliz por lo que estoy haciendo. Es de locos haber sido capaz de ganar tanto en tan corto periodo de tiempo".

"Juega sin esfuerzo, tan fácilmente. Tiene un gran servicio, la derecha, el revés, es un gran atleta, se mueve bien. Lo tiene todo y tiene la fe. Es una leyenda", fue el juicio de Sampras, de 38 años.

Roddick le exigió al máximo a Federer durante 4:18 horas que pasarán a la historia del tenis. "Tuve que hacer mi mejor juego", admitió el suizo, que superó una marca personal de 50 aces.

"Sirvió genial", concedió Roddick, cabizbajo y que afirmó haber perdido con el mejor tenista de la historia.

Roddick no fue a un mero invitado a la cita con la historia de Federer. Con un 70 por ciento de primeros servicios, su saque fue una tortura para el suizo durante más de cuatro horas.

Con 5-5 en el primer set, Federer dispuso de los primeros puntos de quiebre, hasta cuatro, todos salvados por Roddick con ayuda de servicios a 220 kilómetros por hora.

Roddick sobrevivió con su saque y con 6-5 aprovechó su oportunidad de quiebre para llevarse la manga. La fiesta de Federer, amenazada. En el palco real, Sampras, con síntomas visible de jet-lag por su viaje desde Los Angeles, se preguntaba quizás: "¿Para qué hice tantas horas de vuelo?"

A su lado, el español Manolo Santana, el mítico australiano Rod Laver -ganador dos veces del Grand Slam- y el sueco Bjorn Borg. Cuarenta Grand Slams juntos en una fila. La historia viva del tenis no se quería perder un acontecimiento que, de momento, no era tal.

Roddick, inabordable en el saque, llevó la segunda manga, tensa, equilibrada hasta el tie-break. Con 6-2 y cuatro puntos de quiebre, tuvo a Federer caído, entre las cuerdas, sangrando. Pero con una mala volea alta de revés desperdició el último set point y Federer se levantó para ganar el set.

"Fue clave", reconoció Federer

En cinco minutos, el suizo había pasado de estar al borde del precipicio a respirar, a estar vivo. Por eso lo festejó con un grito de ánimo, un "come on!" (¡vamos!) mirando a su mujer, embarazada, sufriente, atenuado por la ovación de las 15.000 personas de la central, que querían indisimuladamente el triunfo de Federer para poder decir: "Yo estuve allí el 5 de julio de 2009".

El tercer set discurrió igual: una sucesión de juegos hasta el tie-break decisivo. Federer, el rey del desempate, lo volvió a ganar.

Federer estaba a un set de la gloria. Pero el renovado Roddick no estaba dispuesto a ponerse a aplaudir, y quebró al suizo para ponerse 3-1 arriba en el cuarto. La final no iba a ser quizás tan dramática como la de Nadal y Federer hace un año, pero iba a estar cerca.

Ni el viento ni el sol querían perderse el momento: el triunfo de Federer o el gran golpe de Roddick, que también podía pasar a la historia si vencía así su segundo "grande".

Con un saque ganador y el puño en alto, Roddick, de 26 años y sexto jugador mundial, llevó la final al quinto set.

Ya no iba a haber tie-break en el quinto. Federer había sido incapaz de quebrar el saque de Roddick en todo el partido. Debería hacerlo al menos una vez si quería ganar el número 15.

El partido era ya una disimulada guerra de nervios entre ambos, firmes con el saque.

Con 8-8 Federer cedió dos puntos de quiebre. Se asomó a la cornisa, pero el estadounidense no lo empujó. El actor Russell Crowe y el director de cine Woody Allen, presentes en la "catedral" del tenis, hacía tiempo que no veían tanto suspense.

Los aces mantuvieron al suizo en el partido. Y con 15-14 llegó su oportunidad de quiebre, de partido, de título, de ganar el número 15. Un error no forzado de Roddick le dio la gloria a Federer.
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