Bahia Bakari: Un milagro en el océano absurdo de la vida

Seguimos comportándonos como si fuéramos el centro de todo. Nuestra minúscula existencia se da el lujo de parir dioses, sistemas y jerarquías. Aquí, un testimonio inusitado de la maravilla de vivir y unos videos realmente imperdibles acerca el sentido mismo de la vida.

Cantamos a la vida como método, porque es la evidencia más contundente de la realidad. Da la impresión de que todo el universo existe sólo por el hecho de que estamos vivos y que si desapareciéramos, también el universo se extinguiría como una luciérnaga bajo una tormenta. Cantamos a la vida, porque, aunque la ciencia demuestre lo contrario, seguimos creyendo profundamente en la antigua teoría geocéntrica, aquella que dictaba que la Tierra era el centro del Universo y que el sol se desplegaba alrededor nuestro como una gitana andaluza por bulería.

Sin embargo, no son así las cosas. El universo es tan grande e inquieto que ni siquiera nos conoce y, por lo tanto, ni siquiera se preocupa en darnos la espalda, porque no tiene. En él, nuestra existencia es tan minúscula e infundada que recurre al absurdo, cuando busca explicarse a sí misma. Para darle sentido, parimos dioses, sistemas y jerarquías y hay quienes aún creen, por ejemplo, que hay personas de carne y hueso como el carnicero de la esquina, que representan al poder divino que decidió que latiéramos y diéramos gracias, a través de salmos y mantras, con las palmas abiertas hacia el cielo.

Bien es sabido que hay mucha gente que se confía a su fe y a su religión. De eso, no trata este intento. Aquellos que son devotos son los que han escrito la historia del hombre y, en este caso, no vamos a hablar de historia, sino, más bien, a cantar.

Cantamos a la vida, en eso estamos, porque la vida nos ha hecho creer que es potente y duradera. Sin embargo, la verdad es otra: somos leves, cortos y frágiles y nuestro destino, el de uno o el de muchos, puede ser cambiado con la misma velocidad que un colibrí aplaude con sus alas la llegada de otra primavera.

Si uno analiza la tremenda ausencia que es el material más difundido del universo, se da cuenta de que la vida es un hecho fortuito. Y que la vida de cada uno de nosotros es tan breve como una gota en mar. Hoy estamos, mañana no estamos. Y, después de que cumplís los cuarenta, la evidencia se reafirma en el hecho de que, si tenés la suerte de conservarte con vida, puñados de gentes alrededor tuyo comienzan a pirar, hasta el punto de que a muchos conocidos los ves más en velorios que en cumpleaños. Y así, hasta que te toca.

En un imperdible video que les dejaré al final de esta columna, un joven cubano mira a la cámara y dice: “La vida es una enfermedad de transmisión sexual”. Tal vez de eso se trate.

Lo interesante del caso es que, a pesar de todo lo dicho, también existe como evidencia la maravilla. Hablo de ciertos instantes en que la vida parece ser todopoderosa y omnipotente, como los dioses en sus fábulas. Hablo de fotografías del milagro, de testimonios inauditos, de extraordinarias excepciones a la regla. Vamos a un caso concreto.

- Escucho voces, pero no veo a nadie. Está todo negro a mi alrededor. ¿Dónde estás, mami...? Tengo que flotar. Me arde el brazo: me he quemado el brazo. Me duele un hombro también. Creo que el avión se ha caído al mar. Creo que estoy flotando en el mar. Tengo que mantenerme despierta… ¿Mamí...? ¿Mamí...?

Bahia Bakari, de doce años, flotó durante horas bajo la noche del Océano Indico. Tan oscuro estaba el vinoso, homérico mar, que la niña no notó que, en realidad, estaba rodeada de 150 cadáveres, entre ellos, el de su madre.  Finalmente, con las primeras luces, trece horas después de caer al agua y ya en cualquier lugar, escuchó un ruido e hizo señales con su brazo sano a un barco que la rescató.

¿Qué fue lo primero que dijo Bahia Bakari?, pues una metáfora de la vida misma: “Caímos al agua y oía a gente hablando, pero no veía a nadie. Todo está negro a mi alrededor”. A veces, la vida es oscura, como en esas largas horas de la niña. Otras veces, la vida es luminosa como el faro del rescate. Y todo el tiempo, la vida es una pregunta a la que cada uno responde como puede y a la que todos cantamos con estrofas incomprensibles.

Aquí, le dejo tres videos maravillosos del Canal Encuentro, con la recomendación de que se tomen sus tiempos para verlos hasta el final. Son imperdibles.

El sentido de la vida


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