El vampirismo como símbolo de una época

La novela "Almuerzo de vampiros", del escritor chileno Carlos Franz, refleja a la manera de una parábola los cambios producidos en los últimos 40 años. Dice el autor: "No idealizo las circunstancias históricas que nos han tocado vivir, creo que eso es ingenuo porque a cada generación le toca perder una épica".

De la muerte de las utopías a la negación de la muerte, de los años 70 a estos días donde el culto al cuerpo y el temor a envejecer son una constante, la novela "Almuerzo de vampiros", del escritor chileno Carlos Franz refleja a la manera de una parábola los cambios producidos en los últimos 40 años.

La noticia de que un hombre que se creía muerto podría estar vivo dispara una historia contada por un narrador anónimo que alterna el pasado de los años 70 con el presente, un tiempo nuevo que nos devuelve una imagen diferente en el espejo.

¿Que significa la pérdida de una épica? "Yo no idealizo las circunstancias históricas que nos han tocado vivir, creo que eso es ingenuo porque a cada generación le toca perder una épica. Todos nos hemos hecho en la juventud cierta ilusión del mundo, cierta idea que se ve desmentida con los años.

Dudo mucho que alguien tenga tanta suerte de decir, ’he visto cumplirse los ideales....’", afirmó el escritor en una entrevista con Télam. Para el autor de las novelas "Santiago Cero", "El lugar donde estuvo el Paraíso" y "El desierto", a cada generación le corresponde una experiencia histórica.

A mí me gusta insistir en esto porque creo es la medida en que trato que una historia sea universal y no la expresión de una época y un lugar determinado".

"Es cierto que lo que nos ha tocado a Chile, Argentina y otros países, es la muerte de las utopías, o su desdibujamiento hasta ser irreconocible, como en la novela -publicada por Alfaguara- le pasa al profesor convertido en maestrito.

La lengua de los nobles ideales, transformada en el mejor de los casos en una lengua práctica, pragmática, y en el peor, grosera y grotesca", ilustra. Y precisa: "Quien tenga entre 40 y 50 años alcanzó a vivir una época que parecía iba a durar para siempre. Esos ideales definían el mundo de un modo categórico.

A finales de los 80 todo se desdibujó. Se vivieron dos experiencias ideológicas muy fuertes y me interesaba expresarlo con un personaje doble". "Está el profesor que enseña un humanismo que cree en las virtudes y enseña la lengua a sus alumnos para hacerlos más humanos, pero luego al narrador esta enseñanza no le sirve frente a un mundo de feroces desafíos.

Y aparece el maestrito que lo educa para la vida, en los bajos fondos de la noche, en los reversos de esos ideales", compara.

Una de las "experiencias fascinantes de escribir literatura", describe Franz, es la posibilidad "de reflexionar a través de la ficción sobre la experiencia de vivir en el mundo. En el proceso de escribir me topé con el símbolo de los vampiros". "¿Como hemos vivido tanto y cambiado tanto y seguimos siendo los mismos? Qué símbolo hay en la literatura ...el vampiro.

Sigue siendo el mismo a través de los siglos pero no tiene alma, la ha perdido. El culto al cuerpo contemporáneo, a la juventud eterna, es un sacrificio del alma, mientras el cuerpo permanezca joven.

El vampiro transa la inmortalidad del alma por la del cuerpo y al final termina hecho de pura experiencia", apunta Franz. El autor del volumen de relatos "La prisionera" menciona también el culto a la adolescencia -la juventud es un concepto mucho más noble, el momento en que la experiencia se equilibra con la potencia-.

"Pero hoy, basta verlo en el cine, los galanes son adolescentes imberbes como Leonardo Di Caprio. Esto dice de un ideal social de permanecer inocente, de no saber, de no pasar por la experiencia".

La autocomplacencia que sobrevuela toda la novela, observa Franz, "tapa un profundo desencanto. Es inevitable que aquel que pretende permanecer siempre joven, deba reconocer en la soledad del espejo que se ha desdibujado.

El espejo no le devuelve esa imagen. Hay un momento de honestidad, que si no es propia te la obligan los demás. El dolor del vampiro, como se ve en el Drácula clásico, al querer enamorarse de verdad y sentir que ya no puede".

Haciendo hincapié en el vampirismo de esta época, el autor chileno alude a la negación de la muerte: "Ninguna sociedad ha vivido como la nuestra esa negación, siempre las sociedades han tenido una relación con el más allá, una preparación para la muerte, y no hablo solamente del modelo cristiano".

El lenguaje es otro tema, advierte el escritor, "porque he vivido los últimos diez años de mi vida fuera de Chile, también mi infancia, y tengo una relación conflictiva con mi dialecto.

Cuando vivía aquí me decían el chileno y aprendí a hablar en argentino. Después fui a vivir a Chile y me decían el Che. Ahora lo vivo como una riqueza del idioma y sus infinitas posibilidades".

En la novela, comenta Franz, hay un lunfardo chileno y quise agregar un glosario pero no al final como la novela decimonónica. Interrumpo la novela para definir una palabra y en ese proceso no se da una definición de diccionario, se lo explica en función de su valor subconsciente". "¿Qué querrá decir ...?

No puede ser gratuito que en Chile la talla o la medida -como la de la ropa- sea sinónimo de broma, quiere decir que en este país cada vez que decimos una broma, una talla, estamos echando a la broma las medidas, las proporciones de las cosas. Me gusta encontrar esas lecturas del subconsciente colectivo", reflexiona.





Mora Cordeu

De la muerte de las utopías a la negación de la muerte, de los años 70 a estos días donde el culto al cuerpo y el temor a envejecer son una constante, la novela "Almuerzo de vampiros", del escritor chileno Carlos Franz refleja a la manera de una parábola los cambios producidos en los últimos 40 años.

La noticia de que un hombre que se creía muerto podría estar vivo dispara una historia contada por un narrador anónimo que alterna el pasado de los años 70 con el presente, un tiempo nuevo que nos devuelve una imagen diferente en el espejo.

¿Que significa la pérdida de una épica? "Yo no idealizo las circunstancias históricas que nos han tocado vivir, creo que eso es ingenuo porque a cada generación le toca perder una épica. Todos nos hemos hecho en la juventud cierta ilusión del mundo, cierta idea que se ve desmentida con los años.

Dudo mucho que alguien tenga tanta suerte de decir, ’he visto cumplirse los ideales....’", afirmó el escritor en una entrevista con Télam. Para el autor de las novelas "Santiago Cero", "El lugar donde estuvo el Paraíso" y "El desierto", a cada generación le corresponde una experiencia histórica.

A mí me gusta insistir en esto porque creo es la medida en que trato que una historia sea universal y no la expresión de una época y un lugar determinado".

"Es cierto que lo que nos ha tocado a Chile, Argentina y otros países, es la muerte de las utopías, o su desdibujamiento hasta ser irreconocible, como en la novela -publicada por Alfaguara- le pasa al profesor convertido en maestrito.

La lengua de los nobles ideales, transformada en el mejor de los casos en una lengua práctica, pragmática, y en el peor, grosera y grotesca", ilustra. Y precisa: "Quien tenga entre 40 y 50 años alcanzó a vivir una época que parecía iba a durar para siempre. Esos ideales definían el mundo de un modo categórico.

A finales de los 80 todo se desdibujó. Se vivieron dos experiencias ideológicas muy fuertes y me interesaba expresarlo con un personaje doble". "Está el profesor que enseña un humanismo que cree en las virtudes y enseña la lengua a sus alumnos para hacerlos más humanos, pero luego al narrador esta enseñanza no le sirve frente a un mundo de feroces desafíos.

Y aparece el maestrito que lo educa para la vida, en los bajos fondos de la noche, en los reversos de esos ideales", compara.

Una de las "experiencias fascinantes de escribir literatura", describe Franz, es la posibilidad "de reflexionar a través de la ficción sobre la experiencia de vivir en el mundo. En el proceso de escribir me topé con el símbolo de los vampiros". "¿Como hemos vivido tanto y cambiado tanto y seguimos siendo los mismos? Qué símbolo hay en la literatura ...el vampiro.

Sigue siendo el mismo a través de los siglos pero no tiene alma, la ha perdido. El culto al cuerpo contemporáneo, a la juventud eterna, es un sacrificio del alma, mientras el cuerpo permanezca joven.

El vampiro transa la inmortalidad del alma por la del cuerpo y al final termina hecho de pura experiencia", apunta Franz. El autor del volumen de relatos "La prisionera" menciona también el culto a la adolescencia -la juventud es un concepto mucho más noble, el momento en que la experiencia se equilibra con la potencia-.

"Pero hoy, basta verlo en el cine, los galanes son adolescentes imberbes como Leonardo Di Caprio. Esto dice de un ideal social de permanecer inocente, de no saber, de no pasar por la experiencia".

La autocomplacencia que sobrevuela toda la novela, observa Franz, "tapa un profundo desencanto. Es inevitable que aquel que pretende permanecer siempre joven, deba reconocer en la soledad del espejo que se ha desdibujado.

El espejo no le devuelve esa imagen. Hay un momento de honestidad, que si no es propia te la obligan los demás. El dolor del vampiro, como se ve en el Drácula clásico, al querer enamorarse de verdad y sentir que ya no puede".

Haciendo hincapié en el vampirismo de esta época, el autor chileno alude a la negación de la muerte: "Ninguna sociedad ha vivido como la nuestra esa negación, siempre las sociedades han tenido una relación con el más allá, una preparación para la muerte, y no hablo solamente del modelo cristiano".

El lenguaje es otro tema, advierte el escritor, "porque he vivido los últimos diez años de mi vida fuera de Chile, también mi infancia, y tengo una relación conflictiva con mi dialecto.

Cuando vivía aquí me decían el chileno y aprendí a hablar en argentino. Después fui a vivir a Chile y me decían el Che. Ahora lo vivo como una riqueza del idioma y sus infinitas posibilidades".

En la novela, comenta Franz, hay un lunfardo chileno y quise agregar un glosario pero no al final como la novela decimonónica. Interrumpo la novela para definir una palabra y en ese proceso no se da una definición de diccionario, se lo explica en función de su valor subconsciente". "¿Qué querrá decir ...?

No puede ser gratuito que en Chile la talla o la medida -como la de la ropa- sea sinónimo de broma, quiere decir que en este país cada vez que decimos una broma, una talla, estamos echando a la broma las medidas, las proporciones de las cosas. Me gusta encontrar esas lecturas del subconsciente colectivo", reflexiona.Final del formulario
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