El primer rayo de sol da la bienvenida al año 5517 del calendario aimara

Cientos de personas asisten hoy, 21 de junio de 2009, a la ruinas de Tiahuanaco (Bolivia) para recibir el año 5517 según el calendario del pueblo indígena.

Miles de personas se dieron cita en la ciudad preincaica de Tiahuanaco (Bolivia) en la madrugada de hoy para dar la bienvenida al año nuevo aimara, el 5517 según su calendario, con el primer rayo de sol.

Unas 25.000 personas, entre ellas numerosos turistas, esperaron hasta las siete en punto de la mañana para ver la aparición del astro rey por el horizonte y "absorber" su energía para el año que empieza, coincidiendo con el solsticio de invierno austral.

La ceremonia de recibimiento al sol o "wilkakuti" ("retorno del sol", en aimara) estuvo dirigida por un grupo de "amautas" (sacerdotes aimaras) que presentaron diversas ofrendas al altar mayor del templo de Kalasasaya, que se alzaba majestuoso con un gran fuego en su centro.

Según la tradición aimara, los primeros rayos del sol del 21 de junio fecundan la tierra, coincidiendo con el solsticio de invierno, el día más corto del año y la noche más larga.

Con ritos y ofrendas al "Inti" (Sol) y a la "Pachamama" (Madre Tierra), la ceremonia de año nuevo se desarrolló ante una gran expectación en Tiahuanaco, a 72 kilómetros de La Paz y a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Los asistentes, a la orden del "amauta" que dirigía el rito, alzaron sus manos a la búsqueda del Sol, para empezar el año con las fuerzas y los deseos suficientes.

David Quispe, un aimara argentino que llegó a Tiahuanaco sólo para celebrar el nuevo año, aseguró a Efe que, tras siete viajes a Bolivia para recibir el primer rayo solar, "hasta en el tema de salud" se ha sentido reconfortado, y todo gracias a esa "energía recibida" el primer día del año.

La alcaldesa de la población de Tiahuanaco, Eulogia Quispe, dijo a Efe que este evento "significa muchísimo" para el mundo andino, y que la energía recibida del dios Sol permitirá seguir trabajando para el bien de los pueblos latinoamericanos.

La joven alcaldesa aimara, además, dijo que el componente turístico, cada año más presente en el "wilkakuti", no afecta en nada a la celebración, porque los que asisten a recibir la energía solar "lo hacen de corazón".

Este año varias novedades planearon sobre el rito del nuevo año aimara, ya que, pese a todo, la actualidad no queda al margen de las tradiciones.

Muchos de los asistentes al "wilkakuti" portaban, además de numerosas mantas y ropa de abrigo para combatir el duro frío altiplánico, mascarillas que cubrían su boca, como prevención para evitar el contagio de la gripe A, que está empezando a extenderse por Bolivia, donde ya afecta a 27 personas.

Además, la declaración del 21 de junio como festivo nacional, en cumplimiento de la nueva Constitución de Bolivia, que demanda la regularización de las tradiciones de los pueblos indígenas, estuvo entre las conversaciones de las autoridades, por la controversia que ha generado en las comunidades indias del oriente boliviano.

El ministro de Culturas, Pablo Groux, dijo a los medios que el solsticio de invierno representa "un hecho científico" que significa un nuevo ciclo agrícola, por lo que todos los bolivianos pueden sentirlo como suyo y así obviar la controversia.

La declaración del año nuevo aimara como festivo nacional "ha sido un reconocimiento a un hecho cultural que existe en Bolivia. Queremos que sea un día de energía y de buenos augurios para el próximo año, y hasta el momento sólo he escuchado rechazo de algunos dirigentes políticos", aseguró.

Pese a que la principal celebración de esta fecha tiene lugar cada año en Tiahuanaco, ceremonias similares se han repetido en otros lugares del altiplano boliviano, así como en sitios arqueológicos de Cochabamba y en el fuerte de Samaipata, en Santa Cruz.

El presidente boliviano, Evo Morales, de etnia aimara, no asistió como el año anterior a la bienvenida del Sol en Tiahuanaco, enclave arqueológico donde recibió hace tres años el bastón de mando de los pueblos indígenas.

La fiesta en la ciudad preincaica terminó con el Sol en alto, ya alejado el frío de la madrugada, con bailes alrededor de hogueras y ofrendas y con unos fuegos artificiales que quedaron deslucidos por la claridad de la luz del nuevo año aimara.

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