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Las responsabilidades compartidas de la derrota de Godoy Cruz

Cuando los futbolistas se equivocan, el entrenador es el primero en salir a cuestionarlos. "Necesito jugadores con jerarquía" y "Si tuviésemos a Luna o Fuertes no estaríamos así", son algunas de las frases que tiró el adiestrador a lo largo del año. Cuando él falla, alguien tiene que decirlo.

La derrota contra Estudiantes de La Plata no admite excusas. Godoy Cruz fue la antítesis de lo que supo ser y el conjunto de Sabella con un jugador diferente al resto, Verón, le perdonó la vida hasta que decidió no hacerlo más y venció a Nelson Ibáñez.

Cuando uno mira el fixture antes del inicio de la competencia entiende que visitar al Pincha en La Plata, en Quilmes o en Florencio Varela es un escollo difícil y lo supone como un match perdible. Lo que no se supone es que el equipo pierda dos partidos seguidos de local y no sea capaz de sumar un punto de nueve en juego.

La conclusión es tan cruel como lógica: si el Tomba pierde la categoría por qué a su equipo se le hace imposible  sumar 2 puntos de 15 en juego es justo y no se pude hablar nada más.

De igual manera volvamos al juego del sábado, donde lejos de  cuestionar el resultado hay cosas que no quedaron claras desde el punto de vista táctico.

Hasta la expulsión de Salomón el planteo era defensivo y casi apostando a las salidas rápidas, con la roja del Cato fue más evidente aún. Aquí el cuatro del Tomba tiene su parte de equivocación, donde salió a cruzar al hombre de Estudiantes y se llevó una roja innecesaria; dejando a su equipo con uno menos en una situación donde eso no se hace.

Lejos del cuestionamiento, si está bien o no el planteo conservador, el Tomba tuvo dos situaciones claritas para abrir el score y por esas cosas el balón no entró. Pero la pregunta es: ¿por qué se cambió el estilo de juego a dos fechas del final? Alguien le mostró su malestar o el entrenador se dio cuenta que a veces no hace falta morir con el manual bajo el brazo. Si esta decisión se hubieses tomado dos fechas antes, probablemente el Expreso tuviera algunas unidades de más. El tema es que nada es previsible en este hermoso juego.


Con diez hombres en la cancha decidió rearmar la línea defensiva, algo que  no ocurrió en Mendoza ante Colón con la expulsión de Vallés. Supongamos que por la dificultad de la parada decidió aferrarse al punto y comenzar con la escuela de entrenadores anteriores.

La pregunta es ahora: ¿por qué no lo puso a Guillermo Franco en lugar de Cristian Cuevas? Será que alguien le dijo que le diera más importancia a los pibes del club o el entrenador simplemente le vio pasta a un pibe al que nunca antes había citado, ni para el banco de relevos.

Tengo la suerte de verlo jugar a Cuevas desde que tiene diez años y puedo afirmar que será un gran jugador, pero en este tipo de partidos se corre el riesgo de exponer demasiado a un pibe y como se dice en la jerga “prenderlo fuego”. Aun no entiendo porque no ingresó Franco, que conoce el puesto, la categoría y que nunca desentonó cuando le tocó jugar.

Minutos antes del gol, se olvido el técnico del juego bonito y copó la mitad de cancha. Sacó al más corredor de los delanteros, Iván Borghello, y mandó a la cancha a un volante aguerrido como Ariel Rojas.

Con el tanteador en contra y sólo con Caruso arriba todos imaginábamos que el chileno Pinto era una fija para amontonar gente cerca de Albil y lograr el empate a cualquier costo.

Perder por uno o dos goles en esta situación es lo mismo, pero el adiestrador volvió a sorprender y lejos de darle una chance al trasandino, al que puso en todos los partidos anteriores donde nunca hizo nada, pero siempre tuvo su posibilidad, se la jugó por un pibe de la cantera.

Garín, que es más volante que delantero, salió a poner el pecho pero no logró empatar el juego. De nuevo la pregunta que en el cambio de Cuevas. Si Cocca siempre le puso fichas a Pinto, porqué no le dio la chance en los últimos minutos en donde por peso y altura puede ser más desequilibrante que Garín.

El Expreso volvió a perder sin atenuantes ante un rival que lo superó en juego y entrega. Algunos jugadores del equipo mendocino no estuvieron a la altura de las circunstancias. En esta película cualquier hinchada del mundo pediría un poquito más de entrega. La camiseta debe ensuciarse y traspirarse para no mancharse.
 
El Tomba debe ganar un partido de los dos que le quedan para zafar de todo y no depender de nadie; el tema es que hace un mes que se está en la misma situación y no se logra festejar.

Acostumbrados a sufrir, los hinchas del Expreso piden que se ensamblen las partes para poder sacar ese grito contenido. Es sólo un partido y después que cada uno mire su quinta. Sólo 90 minutos para que la provincia futbolera pueda brindar por un año más en Primera.

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