El "adiós al cuerpo" y la búsqueda desesperada por suprimir la muerte

Las enfermedades, los celulares, internet, los barbijos, el cibersexo, el reino de las imágenes, los GPS, la televisación de todo deporte, la política escenificada en la pantalla, las cirugías, los chips cerebrales; en fin, la digitalización de la vida cotidiana, anuncian la despedida del cuerpo como medio y objeto de sensaciones. ¿La tecnología como herramienta de la inmortalidad?

“El otro es descartado a favor de los signos de su presencia. El puritanismo se conjuga con el mito de la salud perfecta. La sexualidad sin cuerpo elimina cualquier riesgo de contaminación o de encuentro y no aporta nada al confort de la vida cotidiana. Desaparece la necesidad de salir de uno mismo y de someterse a la seducción y al encuentro con el otro. El cuerpo del otro será un día un disquete, un fichero, un programa, un site. Eros electrónico. Para algunos defensores de la cibercultura americana, la sexualidad está superada y la perciben incluso como insípida”.
(David Le Breton.  Sociólogo francés)


La forma primigenia de experimentar nuestra relación con el mundo es a través de la piel. Vehículo motor, sociabilizador por excelencia, código bio-cultural. No obstante el mundo se empeña, desarrollo tecnológico mediante, en alejarnos del "cara a cara", del contacto corporal. Cada vez más coproducidos por maquinitas inteligentes. Tal vez sea el baile el componente de resistencia cultural que nos queda, mediador de sensaciones, termómetro corpóreo sin descanso, integrador pagano en rituales de descarga y excesos. Las enfermedades y la tecnología, el individualismo y las sospechas, la ley y el aislamiento, todo atenta contra el contacto con la piel. Sida, Gripe A, Dengue. Nadie, por la dudas, querrá tocarse. Nadie osará respirar otros aires, malos aires.

Construimos el mundo en permanentes sesiones de aprendizaje visual. Ver es conocer, registrar y archivar, procesar y al fin, simbolizar. El mundo cada vez más se diseña para los ojos. La iconósfera contemporánea nos marea, pero más de uno pondría el grito en el cielo si se eliminaran los carteles y publicidades de la ciudad o la televisión dejara el comercial. Vaciar de sentido visual una ciudad sería una catástrofe económica y cultural para muchos, y con el tiempo un alivio, un descanso para todos. Una montaña es una montaña porque alguna vez vimos una montaña. La cultura condiciona la percepción del tamaño y el color. El rojo es sangre, revolución y sexo. También, pecado.

Formadora del gusto, la lengua nos incluye en el mundo de los sabores. Si comemos arroz durante los primeros diez años de vida, únicamente, vomitaremos el primer plato de pastas. El cuerpo en definitiva es un constructo cultural con base biológica sometido a contextos de sentidos, signos y significaciones producidas socialmente. Lo bello, rico y lindo, no son más que nominaciones culturales de época, relativas a su formación histórica.

Ya no bastan las religiones para redimir nuestros deseos de trascendencia. ¿Cómo escaparle a la muerte a través de la técnica? Esa es la pregunta de nuestra era post-humana. Anticipado ingeniosamente por Adolfo Bioy Casares en 1940 en “La invención de Morel”, el deseo de inmortalidad sigue vigente, al menos por ahora, proyectado en forma virtual. ¿Podremos ser eternos filmados en una isla durante una semana, junto a nuestros amigos, pasándola bien, en una reproducción incesante de imágenes a través de máquinas activadas por la marea? Suena atractivo Bioy…

Las enfermedades, los celulares, internet, los barbijos, el cibersexo, el reino de las imágenes, los GPS, la televisación de todo deporte, la política escenificada en la pantalla, las cirugías, los chips cerebrales; en fin, la digitalización de la vida cotidiana, anuncian la despedida del cuerpo como medio y objeto de sensaciones. ¿La tecnología como herramienta de la inmortalidad?

En su obra "El adiós al cuerpo" (Editions Métailié), David Le Breton, profesor de sociología y antropología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Estrasburgo, describe los excesos y derivas de lo que denomina "el extremo contemporáneo", que evoluciona entre la voluntad de control absoluto de la salud y el narcicismo.

Conocé al autor a partir de una conferencia:

Sociología del cuerpo: 7 de noviembre de 2008. El Colegio de México. David Le Breton. UNIVERSIDAD DE ESTRASBURGO. Individualización del sentido, individualización del cuerpo.

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20 de septiembre de 2017 | 10:38
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