Deportes

La selección argentina, pocos puntos y poco equipo

Una victoria jugando muy mal ante Colombia y una derrota jugando mejor ante Ecuador configuran una cosecha insuficiente para acercarse a Sudáfrica 2010, pero lo más brumoso que emana de la Selección Argentina es lo que atañe a eso que a grandes trazos da en llamarse "identidad".

Entre las diez formaciones que intervienen en la eliminatoria sudamericana la albiceleste se cuenta en el lote de las que vuelven dificultoso definirlas en dos o tres conceptos. Ni ofensiva, ni defensiva, ni contraofensiva, ni dúctil, ni...

Justamente: un equipo "ni", que esbozó algunos momentos de cohesión en el amistoso con Francia, algunos momentos fluidos contra Venezuela y otros de relativa solidez contra Ecuador, pero jamás ha dejado entrever hacia dónde va la idea madre de su mentor.

"Tenemos jugadores, plantel, nos llevamos bien con el director técnico y todos tiramos para el mismo lado, pero nos está faltando el equipo", admitió Carlitos Tevez.

Lo que no dijo Tevez, por prudencia, o porque no lo percibe así, es que la falta de un equipo es el problema menos grave en comparación con un problema anterior: la flagrante ausencia de un rumbo perfilado con nitidez.

Es cierto que una considerable parte de la incómoda posición en la tabla debe atribuirse a la gestión anterior, la conducida por Alfio Basile, pero en el mejor de los casos el dato deberá reponerse a modo de atenuante y nunca al modo de un salvoconducto.

Maradona se hizo cargo del plantel hacia finales de 2008.

Incluso debe de sumarse en el casillero de las virtudes del Maradona entrenador su gravitación en uno de los factores más inquietantes de la última etapa del ciclo de Basile: el grado de compromiso de los jugadores con la Selección y con la cruzada misma.

Hoy no son fácilmente detectables los jugadores que retacean una entrega solidaria, si bien Lionel Messi, por ejemplo, sigue cayendo en baches de sugestivo ensimismamiento.

Claro que siempre se supo, antes de Maradona y hoy con Maradona, que en un líder las dotes de motivador no representan la estación terminal de sus responsabilidades, sino más bien el punto de partida.

Los muchachos están contentos, los muchachos corren, los muchachos van y vienen, los muchachos dejan todo en la cancha, etcétera,etcétera, etcétera. ¿Y...?

De lo que se trata es de dotar a los muchachos de una orientación general que facilite el encastre de cada pieza en particular, en las fases de preparación, a la hora de empezar los partidos y a lo largo de las diferentes vicisitudes que operan a lo largo de los partidos mismos.

Y de eso, hasta aquí, ni noticias.

Disponemos de un Maradona de verba copiosa, ocurrente y en ocasiones lúcido para puntuar sucesos aislados, pero no disponemos de un Maradona claro en su norte estratégico, ni a la hora de ponerse frente a los micrófonos ni mediante lo que sus dirigidos expresan en el campo.

Por sensato que haya sido, y aún admitido que alcanzó ponderables picos de eficiencia, su planteo para jugar frente a Ecuador estuvo lejos de corresponderse con alarde alguno de agudeza: que se sepa, armar dos líneas de cuatro para jugar en la altura de Quito no requiere devanarse los sesos.

Así planteado el escenario, cabe recordar aquello de que si renunciamos a ocuparnos de las circunstancias, las circunstancias se ocuparán de nosotros.

En septiembre Maradona deberá ofrecer respuestas a sus cotizados futbolistas, sus cotizados futbolistas deberán ofrecer respuestas a Maradona, y la Selección Argentina se verá compelida a afrontar dos compromisos (Brasil y Paraguay) cuyo desenlace redundará en el esperado alivio o en las zozobras menos pensadas.
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10 de Diciembre de 2016|04:08
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