Obsesión, tozudez, pasión, mística... periodismo

En el Día del Periodista siempre escribimos sobre la profesión, sus valores, sus contradicciones, y su misión. Hoy, quiero hablar de nosotros, los periodistas… Y de los sueños y pasiones que nos desvelan. Bichos raros si los hay, nos debatimos entre fobias de distintos colores, y la excelencia en la manera de presentar una historia.

-No estudio más. Quiero ser periodista…-

La frase, pronunciada un mediodía de marzo o abril de 1988 en un barrio suburbano de Trelew, de esos tipo IPV; desató un escándalo familiar. Y a mí me marcó para siempre. Tenía avanzada, a desgano, la carrera de ingeniería civil, y había terminado en 1984 el colegio técnico. Claro, más que las herramientas, me gustaban las palabras. Prefería la Olivetti Lettera 22 (¿alguien la recuerda?) al cálculo de estructuras. Quería contar lo que pasaba, transmitir historias, y cambiar lo que nadie podía cambiar: visión utópica, justiciera e ingenua de cualquier veinteañero que quería ser periodista en la década del ´80, señalada por muchos como la época pop huérfana de ideologías, entre los convulsionados y combativos ‘70 y los ‘90 liberales y posmodernos.

Lector de diarios desde siempre, hacía en mi tiempo libre algunas prácticas de periodismo deportivo y críticas de recitales de rock en un diario del pueblo en el que me crié, plena Patagonia. Y admiraba a esos tipos de ceño fruncido, corbatas desarregladas y de mala calidad, y escritorios desordenados, que habían leído de todo. Y que eran capaces de sintetizar el mundo en pocas líneas, sobre cuartillas formato A4 atropelladas a martillazos con viejas Rémington. En aquel tiempo –unos 22 años atrás, poco más, poco menos- apenas si comenzaban a asomarse las computadoras y el Offset. En una de las paredes del diario, con trofeos, cuadros, fotos periodísticas, almanaques de gomería y viejos recortes, alguien había pegado la frase “No lo diga, escríbalo…”, que algunos atribuían allí a Jacobo Timernan, aunque después supe que se trataba de un dicho popular bastante más antiguo.

Y en verdad, quería eso.

Poco más de un año después, me tocó cubrir una gran inundación en Trelew, recorriendo la ciudad… en un bote a remo, casi un símbolo de lo que es el trabajo periodístico en las redacciones de todo el mundo. Acompaño una fotografía como testimonio, en blanco y negro, de aquella época sin celulares ni Internet.

Hoy es diferente, para ser periodista hay que ir a una universidad, capacitarse todo el tiempo, estar al tanto de los cambios del mundo y de la tecnología, hacer masters, y dominar todas las plataformas de información y publicación. Hasta hubo que aprender a ser gerente periodístico y administrar recursos humanos y financieros. Lo único que no cambió, ni lo hará, es el valor de la palabra, la tozudez por llegar a la verdad, la obsesión por una historia, la necesidad de hacer algún tipo de justicia y arrojar luz allí donde nadie mira, porque alguien está tratando, precisamente, de que nadie mire.

Manual para entender a los periodistas

A lo largo de mi carrera de editor, jefe de redacción o director en distintas redacciones de Chubut, Río Negro y Mendoza, me ha tocado ejercer una intensa militancia: lograr que el resto del mundo –especialmente dentro las empresas periodísticas- entienda realmente a los periodistas, seres en general poco comprensibles, un poco caprichosos, un poco inmaduros, muy obcecados, otro poco obsesivos, algo de ansiosos, especialmente desconfiados, un poco locos, muy… periodistas… en sus relaciones humanas, pero eficientes y profesionales en lo que saben hacer: transmitir una historia, de la índole que sea, lo más aproximado a la verdad que nos es posible.

Es casi una excepción hallar en las redacciones a lo largo y ancho del país, por ejemplo, periodistas que logren hacer lo que el resto podría llamar una “vida normal”. Esto es, tiempo para el trabajo, el descanso, la familia, la recreación, el deporte, el ocio, y la vida sana. Creo que en general, los periodistas somos lo que somos las 24 horas del día. Es difícil hallar especímenes de la profesión que puedan “colgar su saco” de periodista en su casa al llegar, y olvidarse de las noticias hasta el día siguiente; y ello, por no mencionar a muchos que arrastran formatos familiares no convencionales (una definición benévola, lo admito), producto de la profesión que nos ama y nos deja todos los días, que nos quema y nos consume. Y que nos hace vivir y vibrar con un acierto, o sufrir con una decepción. No somos únicos, claro. Imagino cientos de profesiones como la nuestra, que exigen un grado de compromiso a todo o nada. Y si no, pregúntenles a algún bombero voluntario, a un enfermero del Hospital Central, o a un médico residente. En el fondo, somos parecidos, vamos de aquí a allá con nuestra ambulancia de noticias todo el tiempo, buscando construir aquel castillo que nos proteja: Prestigio, credibilidad, excelencia, aprobación, sabiduría; casi los únicos legados que podremos dejar a miles de jóvenes que abrazarán la profesión. O aun, a nuestros propios hijos.

Claro que el periodismo tiene desengaños y frustraciones. Diría que son sensaciones casi permanentes. Muchas veces indagamos algo que jamás será publicado, porque no será totalmente cierto, o porque al editor no le gustó; porque hay presiones producto de las relaciones poco maduras de las empresas periodísticas con el poder, o por cualquier otro tipo de razón, que -según el grado de libertad y seriedad de la empresa en la que uno trabaje- pueden ir desde el simple capricho, hasta los intereses económicos y políticos más fuertes.

El inconformismo es también una parte importante de nuestro carácter. Desafío a cualquier periodista a que diga “me gusta” sobre  sus producciones de algún tiempo atrás. Muchos, la mayoría, sentiríamos vergüenza de lo escrito. El problema es cuando proyectamos esa sensación en nuestra vida de todos los días. Ello nos transforma, muchas veces, en personas conflictivas.

Por mi edad, 44 mal llevados; me tocó ser parte de una generación de periodistas que lucha por la supervivencia en un mundo complejo. Asumiendo que ninguno de nosotros ingresó a la profesión para hacer dinero; hoy la velocidad de la información, Internet y las tecnologías de comunicación nos obligan a desafíos mucho mayores que apenas un puñado de años atrás. En vez de morder la punta de un lápiz para anotar datos en un papel, grabamos un video, armamos un flash o presentamos una noticia multimedia. Pero el corazón del trabajo será el mismo: Aplicar el máximo de nuestros conocimientos, nuestra agenda, y el uso de las fuentes a nuestro alcance, para que el lector -en este caso- conozca de la manera más precisa posible qué pasó, y cuente con todo el valor agregado de análisis, contextualizaciones, y proyecciones, de manera que esa información le sea útil.

Alguno podrá acusarme de tener una visión romántica del periodismo. Pero les juro que prefiero creer en ello. Sabemos que, como en todos lados, la corrupción, la mentira, el tráfico de influencias, y el abuso de nuestra posición de comunicadores son moneda corriente, lamentablemente, muchas veces alentada por medios cuyo foco de atención no está precisamente en el periodismo. Pasa, claro… Pero quiero creer que ello forma parte de otra historia.

A los estudiantes
Para terminar, en este Día del Periodista, les pido a los cientos de chicos que estudian la carrera en las universidades mendocinas, en Córdoba, Buenos Aires, o el Comahue, que revisen su conciencia y verifiquen si en su mochila cargan la vocación, el espíritu rebelde, y las ganas de informarse e informar, de saber y de aprender, que son imprescindibles. Sin esas herramientas, la misión será un fracaso.

No sean periodistas por las luces del escenario o el estudio mágico de la TV. Sean periodistas para transmitirle a la gente lo que en verdad ocurre, y hagan su mayor esfuerzo por ello. El resultado final no va a depender exclusivamente de ustedes; sí, el corazón que pongan en cada esfuerzo de comunicación. Y eso no cambia con la tecnología, ni con las plataformas de noticias, ni con el formato periodístico que elegimos para trabajar. Tiene que ver con algo más íntimo: Esta es una profesión en la que se maneja mucha basura a diario, en la que se pisan callos, se patean intereses, se ganan muchísimos enemigos, se pulsea -de alguna manera- con el poder político y económico para darle un servicio a la población. Es un trabajo en el que las satisfacciones son efímeras. Antes, duraban lo que dura un diario, 24 horas. Hoy, ni siquiera eso. Apenas minutos. Con un agravante, gracias a la web 2.0 los lectores nos juzgan cara a cara todo el tiempo, y hasta nos insultan en colores. Pero les juro -por lo que más quieran- que aun así vale la pena. Es como sentir el viento en la cara durante todo el viaje.

Finalmente…
…hoy brindo por aquellos tipos de corbatas gastadas y mala presencia que me enseñaron la profesión, por todos y cada uno de los periodistas con los que he compartido esta pasión en todas partes, por aquellas personas, periodistas o no, de las que he aprendido algo de periodismo y del negocio, por todos aquellos a quienes pude transmitir mi experiencia... Y por las buenas historias para contar. Aquellas que nos permitan entender, y hacer entender, un mundo que cambia demasiado rápido.

Salud.

Opiniones (7)
20 de septiembre de 2017 | 05:17
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20 de septiembre de 2017 | 05:17
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  1. Con perdón de los foristas: Que manera de hablar pelotudeces!!! Realmente Montacuto es un santo, por responderte y sobre todo por leer las tonteras que se te da por garrapatear. Buscate otro medio chupa jaqueKK y ahi podrás revolcarte a gusto en la misma bosta. Perdón, para todos los periodistas (a pesar que disiento con algunos) Felicidades y no solo por este día ya que a diario nos acercan al mundo que nos rodea. Osvaldo P. Bustos
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  2. Ser periodista encierra la maravillosa ilusión de transitar por la vida expresando lo que se siente ante los hechos de la vida cotidiana. Ser periodista es firmar un compromiso con la verdad y la justicia, más allá de los vaivenes de la historia. No importa cuánto sea el avance de la tecnología y las restricciones, cuando la profesión se lleva en el corazón, no habrá nada ni nadie que apague la llama ardiente de una pluma. En este día el recuerdo para quienes dieron su vida por la verdad y un abrazo para los que hoy ejercen con honor y dignidad este quehacer nuestro de cada día. Gracias MDZ por la calidad y la eficiencia.
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  3. Feliz día y gracias por conseguir y mostrarnos la realidad.
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  4. ...sinceramente, leer tus comentarios es un placer enorme. A veces me cansan, a veces me harta la miopía en algunos pensamientos y acusaciones (¿No leiste las notas en las que criticamos a Cobos? ¿No leiste la investigación sobre los Vale Más). A veces me divierten, pero nunca voy a dejar de publicártelos. Le dan colorido a MDZ y le ponen temperatura a los foros más aburridos. Salud para vos también. Ricardo Montacuto - Director de MDZ PD: Tenés a tu disposición en todo el país una amplia gama de prensa complaciente y genuflexa para leer informaciones más acordes a tus expectativas. Pero no dejes de estar con nosotros.
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  5. Y SI LE HACE HONOR AL PERIODISMO Y SE DEJA DE HACER POLITICA EN FAVOR DE COBOS?
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  6. EN EL DIA DEL PERIODISTA ME GUSTARIA QUE SE PUSIERA LA MANO EN EL CORAZON Y EMPRENDA UNA VERDADERA TAREA DE INFORMAR. DIGO DEJEN DE HACER POLITICA EN DESMEDRO DEL GOBIERNO Y A FAVOR DEL INEPTO DEL CLETO. MUCHAS GRACIAS, INFORMAR ES DECIR LA VERDAD, NO DECIR LO QUE LE CONVIENE A MI AMIGO. INFORMAR ES DECIR TODO SIN VER QUE INTENCIONALIDAD SE LE PUEDE DAR.
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  7. Por atreverse a ser PERIODISTA, en un país como el nuestro, que según mi opinión, es una máquina de "picar carne ilusionada". Y por trasuntar, desde su óptica vivencial, la significación de lo que es SER PERIODISTA.- Salud!!!!!!!!!!!
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