El desafío de no traicionarse a sí mismo

Hoy es el día de los trabajadores de la comunicación. Se trata de un oficio que ejerce su crisis puertas hacia adentro. En especial, sus vinculaciones con el poder político han terminado por determinar un modo de ser periodísitico en el que el público ha sido condenado a leer entrelíneas. Aún así, quedan motivos para el brindis y nosotros, desde MDZ, levantamos por ello nuestras copas.

Un nuevo Día del Periodista llega y la excusa del festejo siempre está a mano para reflexionar acerca de los rumbos y los límites de esta profesión, tan noble como expuesta a la consideración de la evaluación popular, respecto de sus responsabilidades, sus límites y sus excesos.

Más allá de que la falta de participación social en los temas candentes es una evidencia, cierto es que hay oficios que no dejan de estar en el centro de los análisis y las críticas y el de los periodistas, especialmente por sus habituales vinculaciones indebidas con el poder, no deja de dar que hablar.

Es verdad que el periodismo está en crisis, pero es posible que siempre lo haya estado. También es verdad que los periodistas solemos hablar mucho de esta crisis nuestra en los cafés, pero que no publicamos prácticamente nada de la “cocina de la crisis”, que tiene mucho que ver con qué publicamos y qué no, pues, en los medios masivos sobre todo, la profesión está atravesada por un eje que le es constitutivo: su relación con el gobierno de turno, manifestada en los distintos niveles de sujeción o, incluso, hasta de devoción, compradas a través de los pautados tarifarios. Así, en algunos casos, resulta eficaz la sentencia: “Dime cuánto recibes por mes y te diré cómo estás informando, desinformando, mintiendo u opinando”.

Por ello, resulta complicado para la gente saber en profundidad qué está pasando en un país cuando los medios de comunicación son juez y parte de lo que, precisamente, está pasando. Esto no es nuevo ni exclusivo de Argentina, pero, afortunadamente, no todos los medios ni todos los periodistas son iguales.

¿Qué se puede rescatar como ingrediente saludable en el grado de enfermedad que tiene esa construcción social que llamamos “realidad” en los medios de comunicación? Pues la labor de los periodistas: la de aquellos que se esfuerzan por decir lo que es necesario decir, sin importar a quién se esté afectando o beneficiando por la difusión de información de interés social.

No deja de ser esto un reconocimiento aislado, pero una parte importante de los medios son sus periodistas y si ellos ejercen su trabajo con dignidad y responsabilidad, los lectores (que jamás deben ser subestimados con información falaz y ocultamientos) terminan más temprano que tarde por darse cuenta qué es paja y qué trigo, en este escenario de los medios.

Toda vez que esto está en claro, es posible hablar del rol de cada medio y de los límites en el ejercicio de la información, aún sabiendo que poner en debate la situación no evitará que medios y periodistas sigan “metiendo la pata” en ocasiones, pero una cosa es “meter la pata” (en nuestro diario lo hacemos con frecuencia) y otra muy distinta es construir realidad a través de la manipulación informativa.

Otro asunto a considerar es que nosotros, los periodistas, solemos argumentar que hacemos lo que hacemos en función del “interés público”, pero ¿quién determina lo que es de interés para el público?

De hecho hay quienes ponen al derecho a la información por encima de los derechos humanos y hay mucho que ni siquiera comprenden de qué hablamos cuando hablamos de derechos humanos. Estos límites aún están sin resolver en nuestro oficio.

Otro punto determinante en la generación y el manejo de la información es que aún no gozamos de un esquema eficiente de socialización de la información.

En nuestro país y en nuestra provincia, no se informa el que quiere, sino el que puede y como puede. Y el que puede informarse debe muchas veces convertirse en experto de lectura entrelíneas o peor aún, comprobar que las cosas que realmente le interesan y le ocurren en el día a día, no son reflejadas en los medios de comunicación. 

Un párrafo final, en este “Día del periodista”, para un hombre que fue un verdadero ejemplo de periodista para muchos de nosotros y una referencia ineludible en esta celebración.

Me refiero a Alejandro Gómez, el querido “Flaco”, recientemente fallecido. Él, como pocos, encarnó la figura del periodista íntegro, plural, culto e independiente de criterio más allá de los pareceres de los poderosos de turno. Alejandro, en este día, merece un largo brindis, con un buen whisky, en lo posible, de parte de quienes siempre lo consideraremos un maestro.

Cuentan que alguna vez el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski dijo: “Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”.

Alejandro fue un excelente periodista; saquen ustedes sus conclusiones. Por tipos como él, esta profesión merece seguir siendo disfrutada.

Opiniones (1)
17 de diciembre de 2017 | 17:50
2
ERROR
17 de diciembre de 2017 | 17:50
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. PARECE QUE NO ESTA DEDICADO A COBOS
    1
En Imágenes
Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho