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Del Potro y la satisfacción de lo que pudo ser

El argentino luchó hasta el final ante el número dos del mundo, que ganó la semifinal en Roland Garros en cinco sets. Delpo dominó gran parte del partido y con un nivel superlativo, demostró que está cada vez más cerca de los cuatro mejores.

La desazón va a durar unas semanas porque en ninguno de los anteriores cinco enfrentamientos Juan Martín Del Potro había logrado desplegar el juego que se vio hoy en el estadio principal parisino Philippe Chatrier.

Del Potro jugó tres sets y medio perfectos, tal como venía haciéndolo durante los diez días anteriores y que lo había llevado apenas a perder un set -por tie break- en los cinco partidos previos.

Manteniendo la combinación perfecta de efectividad entre primeros saques y puntos ganados desde ese primer servicio, el tandilense fue mucho más que Federer.

Se le escapó en el tie break del segundo set con cuatro pelotas que golpearon la faja de la red y picaron del lado equivocado, pero él no se cayó y con contundencia se impuso en el tercero.

Federer no salía de su asombro. Del Potro jugaba profundo y con mucha potencia desde los dos golpes madre del tenis, con una estrategia prolija, sin falencias y haciendo lo que sabe hacer.

La confianza, según los deportistas individuales una de las principales armas, estaba en alza y potenciaba el dominio del argentino.

Juan Martín sabía que cuando pisara el polvo de ladrillo del estadio Philippe Chatrier no sólo lucharía con Federer, sino también contra la historia del tenis mundial y contra su propia historia adversa ante el suizo.

Esa madurez anímica que demostró en los primeros tres sets y  medio es la que tiene que guardar en su cofre, porque después Federer dejó en claro la razón por la que es número 2 del mundo.

El cuarto game del cuarto set fue el clic del partido. Roger consiguió el primero de cuatro quiebres y bajó del pedestal al tandilense.

Fue el despegue definitivo, que trajo además una modificación en la estrategia de juego del suizo, que terminó por dar vuelta a Del Potro.

Roger se dio cuenta que la mejor forma de desestabilizar los 198 centímetros del bonaerense era cambiar constantemente las velocidades y las alturas de la pelota.

Eso volvió el juego de Federer indescifrable y mareó al número cinco del mundo, quien sólo mantuvo su luz de esperanza desde su servicio, que en el final lo abandonó.

Todas las derrotas duelen, pero Del Potro le demostró -y lo más importante, se demostró- al mundo-tenis que tiene un gran camino por recorrer.

El aplauso de un público al que le contuvo el aliento durante poco más de dos horas y media en las que destronaba al signado como el próximo tenista en hacer historia en París, reafirma esa idea.
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10 de Diciembre de 2016|07:56
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