La ausencia de educación sexual predispone a sufrir abusos

Una educación sexual deficiente aumenta el riesgo de que niños y adolescentes sean víctimas de abusos, ya que este desconocimiento les impide discernir si están siendo objeto de este tipo de agresiones.

María José Giménez, coordinadora de la Fundación española Vicki Bernadet, que desde 1997 trabaja en este ámbito, ha manifestado en una entrevista a Efe que el abuso sexual es un fenómeno social que, según los informes más recientes, se mantiene, y que muchos casos no se denuncian pese a la obligación social y legal de hacerlo.

Un reciente estudio realizado entre universitarios reflejaba que el 19% de las estudiantes y el 15,5% de los estudiantes habían sufrido abusos antes de los 18 años y un 14,9% antes de los 13 años.

"Dos de cada diez niños pueden estar sufriéndolos, en la mayoría de los casos (más del 60%) por parte de un familiar o una persona cercana", afirma esta experta, que defiende los programas de educación afectivo-sexual para que los niños sepan qué situaciones son las que pueden o no permitir.

Por su parte, la especialista mendocina Alejandrina Ramón de Giro, del Centro de Educación para Parejas y Asistencia Sexual (CEPAS) advierte  que "la falta de educación sexual o la educación negativa y represiva, con conceptos erróneos, no le permite al niño tener recursos para defenderse. Generalmente, se ve confundido al desconcoer de qué se trata".

"El abusador, quien siempre es alguien conocido por el niño, utiliza herramientas de seducción confusas para un menor con ausencia de este tipo de información. Cuando lo entiende, el agresor lo intenta convertir en un secreto, para que el menor no se lo cuente a nadie, y éste se ve atrapado en una relación que no puede explicar", señala Ramón de Giro.

En este sentido, lo más importante es que los profesionales que trabajan con menores -educadores o médicos- estén también formados en percatarse de cuándo un niño tiene comportamientos anómalos y si están relacionados con abusos.

A veces no se trata de casos muy evidentes, como violaciones o relaciones sexuales completas, sino de otros contactos en las que el adulto utiliza igualmente al menor para sus prácticas sexuales.

En los niños de hasta cuatro años, los abusos se detectan muchas veces de forma casual, por una conversación o por dibujos, lo que hace pensar que las agresiones podrían ser más, ya que muchos casos no llegan a conocerse nunca, puesto que el menor lo puede olvidar.

En edades superiores, sólo será consciente cuando llegan a la preadolescencia. De hecho, ha aumentado el número de niños de esta edad que recuerda haber sido víctima de abusos unos años antes.

Otros, a pesar de haberlos identificado, no se atreven a contarlo, porque el agresor les ha dado la vuelta, y se sienten culpables, "como si ellos los hubieran provocado".

El 95% de los abusadores son hombres y, aunque por sexo es mayor el porcentaje de mujeres que afirma haber sido víctima de los mismos, los expertos creen que hay varones que ocultan haber sufrido abusos a manos de un hombre por vergüenza a que se dude de su inclinación sexual. De hecho, la gran mayoría de los adultos que acude a la fundación en búsqueda de ayuda son mujeres.

Muchos menores víctimas de abusos sufren baja autoestima, que arrastran en su etapa adulta. Algunos estudios apuntan que en el caso de las mujeres tienen el doble de riesgo de tener relaciones de pareja con violencia, ya que "asumen el rol de víctima".

Otros efectos a largo plazo son el aislamiento voluntario de las víctimas, el rechazo de las relaciones sexuales o, por el contrario, la tendencia a la promiscuidad.

"La información sexual previene seis veces más la posibilidad de abuso en menores", apunta Alejandrina Ramón de Giro.

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21 de agosto de 2017 | 17:05
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