Acusan a Chabán y a Callejeros por haber dejado entrar a casi 6.000 personas esa noche

Los abogados querellantes iniciaron su acusación que se prevé concluirá en las primeras horas de la noche con un pedido de condena para Chabán, los ocho miembros de Callejeros, Raúl Villarreal, brazo derecho del ex gerenciador, y para policías y ex funcionarios del Gobierno porteño que son juzgados en audiencia oral.

El empresario Omar Chabán y los miembros del grupo Callejeros fueron acusados hoy de haber organizado en forma conjunta los recitales en el local República Cromañón, en el último de los cuales habrían ingresado unas 6.000 personas, cuando se desató la tragedia en la que murieron 194 jóvenes y más de 1.000 sufrieron heridas de distinta consideración.

Los abogados querellantes –en representación de la mayoría de los familiares de las víctimas—, José Iglesias y Beatriz Campos, iniciaron poco antes de las 10 de hoy su acusación que se prevé concluirá en las primeras horas de la noche con un pedido de condena para Chabán, los ocho miembros de Callejeros, Raúl Villarreal, brazo derecho del ex gerenciador, y para policías y ex funcionarios del Gobierno porteño que son juzgados en audiencia oral.

En un extenso alegato acusatorio de tipo "técnico" y ante una sala colmada de familiares que portaban las fotografías de sus seres queridos fallecidos el 30 de diciembre de 2004 o en los días posteriores a la tragedia, los abogados Iglesias y Campos recalcaron que la organización del evento estuvo en manos de Chabán y Callejeros, mientras que los músicos y su entorno se encargaron de la impresión y la venta de las entradas en los locales de la cadena "Locuras".

Asimismo , señalaron que el remanente se vendió en Cromañón esa misma noche y que los testigos sostienen haber visto a Villarreal "rematando" localidades en la calle, cuando ya la capacidad estaba colmada. Campos explicó que sólo en los locales de "Locuras" se
vendieron en forma anticipada 2.700 entradas; que luego otras 315 se vendieron en la boletería de Cromañón más las que liquidó Villarreal.

Tras señalar que la capacidad del boliche de 1.031 personas al menos se triplicó esa noche, la abogada querellante reconoció que el número de invitados fue incalculable ya que había no sóloconocidos de los músicos, sino también de los encargados de seguridad y de otros vinculados con la organización.

En cambio, recordó los dichos de distintos testigos que citaron a Chabán asegurando que en el interior de Cromañón había 6.000 personas y el testimonio de un empleado suyo que ratificó que debía haber ingresado una cantidad similar "porque cuando había cuatro mil se circulaba con normalidad por el local". Además, Chabán habría asegurado que podría producirse una tragedia "como en Paraguay" porque "las puertas están cerradas".

Villarreal también fue acusado de haber dado la orden de cerrar los portones de la calle cuando ya había ingresado la mayor cantidad de público con entradas, para tratar de evitar que se "colaran" quienes pugnaban por ingresar cuando ya había comenzado el recital de Callejeros.  Por su parte, también ratificó que Chabán fue quien cortó el sonido cuando se desató el incendio, lo que da cuenta de que
"tenía el micrófono en la mano" pero no hizo nada en los minutos previos para impedir la tragedia.

Al describir detalles de lo sucedido el 30 de diciembre, Campos sostuvo que la seguridad y el control (palabras estas que definió como sinónimos) estuvieron a cargo de Callejeros que contrató a un grupo de unas 30 personas, y que a último momento Chabán contrató otras 4 para cuidar las instalaciones del local.

Al respecto, dijo que el control fue "de bastante intensidad" mediante el cacheo y la revisación de zapatillas y mochilas, pero que eso no impidió la "filtración de pirotecnia". Los querellantes ratificaron que el incendio fue provocado por el disparo de un artefacto de tipo "tres tiros o candela" que provocó un proceso de "combustión incompleta", por el cual en lugar de llamas los materiales comenzaron a emanar un humo tóxico y espeso.

Por otra parte, la querella reveló que el vallado delante del escenario no estaba colocado como figuraba en la maqueta que se usó durante todo el juicio; que era de mayor altura y que eso incidió a la hora de desatarse el incendio porque quienes vieron las luces de los camarines no pudieron atravesar la barrera. Campos apunto también a la ya tristemente famosa "salida alternativa" al reiterar que el grueso de la gente se amontonó  cerca de lo que se constituyó en una trampa mortal porque tenía un cartel luminoso de salida de emergencia pero estaba cerrada con candado y alambre.

Explicó que los bomberos y algunos músicos que ayudaron en el lugar desde el lado de afuera, coincidieron en señalar que se tardó entre veinte y treinta minutos en abrir esa puerta, y detrás había una pila humana de más de un metro de altura.
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